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| 6/7/2008 12:00:00 AM

La vida a 200 dólares por barril

SEMANA hizo el ejercicio de imaginar las nuevas tendencias que tendrían lugar en caso de que el precio del petróleo siga aumentando.

En 1973, el embargo de petróleo de los países árabes causó la primera gran crisis energética en el mundo. En aquel momento el salto de tres a 15 dólares por barril generó no sólo apagones y colas eternas en las bombas de gasolina, sino también una serie de tendencias que dejarían una marca en el mundo. Se empezó a investigar en motores de menor consumo y se estableció como límite la velocidad de 90 kilómetros por hora, por ser este punto el de mayor eficiencia del motor. También se pensó en energías alternativas, y países como Francia comenzaron a acoger la nuclear para no depender del crudo.

El mundo se encuentra ante una situación similar 35 años después. La semana pasada el petróleo llegó a 135 dólares el barril, con lo cual se batió un nuevo récord, y aunque volvió a bajar a mediados de la semana, el anuncio del grupo de inversión Goldman Sachs sobre la posibilidad de que en los próximos dos años el precio subiría a 200, generó una inquietud mundial pues prácticamente la vida de todos depende de este combustible fósil.

¿Cómo afectará esto a la gente? El primer sector que ha sentido las consecuencias es el del transporte, en especial la industria de la aviación que pierde con los precios actuales cerca de 60 dólares por pasajero en cada vuelo de ida y regreso. La semana pasada, en la reunión anual de la Iata, en Estambul, quedó claro que las aerolíneas van a hacerles sentir a los pasajeros esos sobrecostos, aumentando las tarifas de los pasajes y la capacidad de los vuelos. Esto significa que habrá menos rutas y aviones más llenos. Fabio Villegas, presidente de Avianca, dijo a SEMANA que si no se hacen ajustes con medidas gubernamentales, el mismo mercado impondrá las reglas. "Habría una disminución del servicio y de sillas disponibles", afirma. United Airlines ya anunció que dejará de volar sus aviones Jumbo para reducir el costo de gasolina. También se espera que viajes largos, como Nueva York-Los Ángeles, no sean directos pues en estos vuelos el 30 por ciento del peso del avión se ocupa en el combustible. Una estrategia será hacer escalas para reabastecerse de gasolina. Con la crisis vendrá el final de las tarifas baratas que lograron democratizar los viajes en avión y es muy probable que las aerolíneas se las ingenien para cobrar tarifas extras por servicios muy creativos, con el fin de hacer el negocio más rentable. Para algunos, como Robert Mann, consultor de la industria de aviación, no sería raro que se tratara a los pasajeros como carga y se cobrara el precio del tiquete según el peso "pues hay una gran diferencia entre transportar a un niño de 20 kilos y a un adulto de 70", le dijo el experto a la revista Business Week. No se descarta que se cobre además una tarifa por la silla de la ventana, otra por la del medio y otra por el pasillo. O por sacar más rápido la maleta o por chequearse más fácilmente. De hecho, American Airlines anunció que cobrará 15 dólares por cada maleta.

La industria automotriz también se está apretando el cinturón, presionada por el cambio de preferencias de los consumidores. Debido al costo de la gasolina, la demanda en el mundo se ha movilizado de los vehículos utilitarios deportivos a carros pequeños que economizan más combustible. Ante esto, General Motors anunció la semana pasada el cierre de cuatro plantas de camiones y SUV para ajustarse más a la demanda. Estos anuncios fueron hechos luego de que Chrysler y Ford comenzaran a cerrar plantas. Desde 2005 estos dos grandes productores de carros han clausurado 35 de ellas. En Colombia se prevé que "los consumidores preferirán los vehículos diesel", según Juan Carlos Salgado, periodista especializado en la industria automotriz. También optarán por la conversión de sus carros a gas y a buscar vehículos de menor cilindraje. Tomarán fuerza otros medios de transporte alternativo, como la moto y la bicicleta.

El transporte sin duda afectará toda la cadena de alimentos. "Se encarecería todo", dijo Roberto Angelini, presidente de la Compañía de Petróleos de Chile a la revista Qué pasa de ese país. "Esto es una cadena y si sube el petróleo sube todo lo demás", sentenció. Esto ya se está viendo en el mundo con el encarecimiento de ciertos productos, especialmente en los países desarrollados donde la gasolina no tiene subsidios. En Canadá, por ejemplo, se habla de un incremento de los fertilizantes y la comida. En Gran Bretaña, la compañía Npower, la más grande proveedora de luz eléctrica en ese país, anunció que aumentará sus tarifas en 12 por ciento.

Todos los productos que utilizan derivados de petróleo como materia prima y que son menos evidentes también sufrirán aumentos. Orlando Cabrales, presidente de la Sociedad de Polipropileno del Caribe (Propilco), le dijo a SEMANA que ha habido un incremento del ciento por ciento en la materia prima y ello afectará el precio de muchos artículos que utilizan plástico como su principal componente. Es el caso de las alfombras, los juguetes, las sillas, la ropa, los computadores y otros artículos de uso diario como el cepillo de dientes, los pañales y los lapiceros. Aunque volver a la pluma de antaño para escribir es un poco exagerado, hay quienes afirman que el tradicional lápiz de madera volverá a estar de moda. El maquillaje, las gafas, las tarjetas de crédito, los teléfonos, el champú, los inodoros, las botellas, las sombrillas y hasta las prótesis se encarecerán debido al alza.

Pero no todo el panorama es sombrío. Las crisis también traen consigo oportunidades y en esta coyuntura las empresas están trabajando con más ahínco para ofrecer alternativas. En el caso de los aviones, una medida ya adoptada ha sido disminuir la velocidad de estos aparatos pero se espera que la industria reaccione de manera drástica ofreciendo modelos más económicos. Boeing trabaja en el proyecto Blended Wing para diseñar un jet que usaría 25 por ciento menos combustible. Para Roberto Junguito, presidente de Aerorepública, la industria aeronáutica tendrá que ofrecer naves más pequeñas que consuman menos gasolina, lo que implicará que los trayectos serán más cortos. No sería descabellado pensar, incluso, en la reaparición de los dirigibles. En mayo pasado, se realizó el viaje inaugural del cuarto zepelín en Alemania. Otros están apuntándole al uso de los biocombustibles como Virgin, la aerolínea británica que en febrero pasado puso en el aire el primer avión operado con una mezcla de aceite de coco y babassu.

La industria automotriz también apretó el acelerador de sus proyectos alternativos. Chevrolet, por ejemplo, ya anuncia en su página web un carro eléctrico conocido como Volt que podrá andar 65 kilómetros sin necesidad de recargarse y que estará listo en 2012. Las energías alternativas como el hidrógeno, el aire, las olas de mar, tendrán un impulso mayor.

Cabrales, sin embargo, asegura que los mayores cambios serán en los hábitos de las personas que estarán llamadas a hacer un uso más conservador del transporte. Probablemente no se acabarán los trancones pero la gente optará más que nunca por hacer ciertas diligencias a pie o en bicicleta, algo que no sólo tiene contentos a los ambientalistas sino a los médicos. Mauricio Erazo, médico de la Fundación Santafe dice que "los estudios muestran que hay una correlación entre la obesidad de la gente y las horas que pasan en un carro". Por lo tanto, una disminución en el uso de estos como medio de transporte reducirá enfermedades como la obesidad y muchas otras relacionadas con ella como la diabetes, la osteoporosis y las del corazón. En palabras de Erazo, con la crisis que se avecina al menos "vamos a recuperar hábitos de vida saludable".
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