Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2003/06/09 00:00

La vida es bella

Investigaciones recientes confirman que, al contrario de lo que se dice, la suerte de la bonita la fea la desea.

Tal como enseña la logica de Pambelé, se podría afirmar que es mejor ser lindo que feo. Las investigaciones lo confirman. A los bellos les va mejor desde que nacen. Para comenzar, los padres y sus familiares se privan con los bebés bonitos. Luego se echan al bolsillo a profesores y amigos pues la gente con atributos físicos tiene más oportunidades de establecer contacto con los demás. Más tarde llega el cortejo, tienen más relaciones sexuales y, por lo general, con gente bonita. Los sicólogos Randy Thornhill y Steven Gangestad midieron la simetría de cientos de estudiantes de colegios de ambos sexos. Después pidieron que llenaran un cuestionario confidencial sobre personalidad y comportamiento sexual. Los científicos notaron que los hombres con mayor simetría facial y corporal habían empezado su actividad sexual tres o cuatro años antes que los menos dotados físicamente. También encontraron que las mujeres con parejas atractivas tenían dos veces más posibilidades de tener un orgasmo durante el acto sexual que quienes hacían el amor con hombres menos atractivos.

Pero no sólo tienen buen desempeño en la cama sino también en el trabajo. En la Universidad de London Guildhall un científico pudo concluir que los bien parados ganan más que los que, como suele decirse, llegaron tarde a la repartición de caras. Analizando la muestra, conformada por 11.000 británicos de 33 años, el investigador encontró que los feos ganaban 15 por ciento menos que los bonitos. Las mujeres poco agraciadas también reciben un sueldo 11 por ciento más bajo que el de las lindas y a las que tienen sobrepeso sus empleadores las castigan con una remuneración que es 5 por ciento más baja que quienes llevan bien puestos sus 90-60-90. Otro estudio con 289 firmas de publicidad holandesas encontró una relación directa entre ejecutivos atractivos, ingresos más altos y éxito en el trabajo.

Los bien plantados son mejores padres porque a los bebés los atrae más la gente bella. Judith Langlois, de la Universidad de Texas, ha mostrado que desde muy pequeños los humanos tienen un sentido de qué es atractivo y qué no. En la década de los 80 esta sicóloga puso a niños de 3 a 6 meses frente a una pantalla que les iba mostrando pares de fotos de caras. Cada par incluía una imagen de una persona considerada atractiva por un jurado de adultos y otra de alguien no tan agradable. En el primer estudio encontró que los pequeños miraban durante más tiempo a los llamativos. Langlois repitió el examen una y otra vez y el resultado fue el mismo. "Son niños que no leen la revista 'Vogue', que no han sido tocados por los medios y aún así juzgan igual que los adultos", señaló en su reporte.

Las investigaciones sobre belleza también han establecido que los chuscos gozan de mejor salud. Una de ellas, hecha en la Universidad de Michigan hace unos años, mostró que los feos tienen más problemas de salud, como insomnio, congestión nasal, problemas de espalda, gripas y reportan más episodios de rabia y celos.

Una cara bonita puede significar menos tiempo en la cárcel, así se trate de un asesino en serie. Un estudio de la Universidad de Oslo encontró que los estudiantes le daban sentencias 20 por ciento más blandas a criminales con una cara bonita que a los criminales feos.

La belleza además genera confianza y una mejor autoestima, como se observa en un trabajo que mostró que la gente atractiva se siente menos dispuesta a esperar y con más poder para exigir mejor trato. Las ventajas de las bonitas llegan a tal punto que si a una de ellas se le pincha una llanta de su carro tendrá más voluntarios que una fea para ayudarla a desvararse, como consta en un estudio realizado en Gran Bretaña.

En una sociedad que privilegia a la gente con atributos físicos no es de extrañarse que casi todo el mundo quiera mantenerse o volverse bello. La tendencia se ha intensificado en las últimas tres décadas. En 1987 la revista Psychology Today hizo un sondeo entre sus lectores para conocer qué opinión tenían sobre su aspecto físico. A la mayoría les inquietaba algún rasgo de su cara o su cuerpo y 12 por ciento mostraron poco interés en el tema. En 2002, un estudio similar realizado en Gran Bretaña entre hombres y mujeres mostró que 91 por ciento se sienten mal con su cuerpo y 60 por ciento están deprimidos con su imagen corporal. Esta vez sólo 3 por ciento manifestó estar a gusto consigo mismo. En 1996 se estimaba que en Estados Unidos cada año 400.000 personas iban al quirófano para corregirse algún defecto físico. Desde entonces el número de procedimientos quirúrgicos con finalidades cosméticas ha aumentado en 220 por ciento. Esta fiebre afecta a todas las edades. El número de adolescentes con implantes de seno en Estados Unidos aumentó 562 por ciento desde 1994 a 2001. Según la revista The Economist los seres humanos gastan al año la no despreciable suma de 160.000 millones de dólares en tratamientos de belleza, monto que incluye desde cremas, dietas, fragancias y cuidado del cabello hasta cirugía plástica. Se trata de una cifra muy superior a la que cada individuo invierte en temas sociales o en educación.

Los expertos en el tema consideran que el boom se debe a que estos procedimientos, que antes eran privilegios de los actores de Hollywood, ahora están al alcance de todos. Por el otro lado está la presión de los anunciantes de compañías cosméticas, una industria que lidera L'Oreal, especialista en tintes para cabello. Este sector, en el que participan marcas tan antiguas como Revlon, Elizabeth Arden y Estée Lauder, crece, según los analistas, a un ritmo de 7 por ciento anual. Este aumento se debe en parte a la apertura de nuevos mercados en la medida en que más mujeres de países orientales, como China, Rusia y Corea del Sur, se sumergen en la cultura de la belleza.

El hecho de que las prioridades se hayan invertido y que hoy sea más importante la apariencia que la esencia no deja de ser preocupante. Esta obsesión puede traer consigo, además de un golpe al bolsillo, un desgaste emocional tremendo: más matrimonios desechos y enfermedades como anorexia y bulimia. Y hasta la muerte, pues un estudio halló que quienes se hacen cirugía de seno tienen una predisposición al suicidio. Pero el dilema también es moral. Todo el mundo busca un ideal de perfección cada vez más estrecho y casi no tolera los defectos físicos propios ni de los semejantes.

Quienes buscan rescatar los valores interiores parecen tener la batalla perdida. Pero falta ver qué tan viable resulta en el largo plazo una sociedad hermosa por fuera pero podrida por dentro.

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