Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/09/13 00:00

La vida sin sexo

Aunque parezca impensable y contrario a la naturaleza, hay personas que aseguran no tener impulsos eróticos.

Los asexuales sostienen que no desprecian el sexo ni les da asco, simplemente no les interesa

Hace unos días Paul Cox, un joven británico de 24 años, escribió un artículo para el diario The Guardian, en el que contaba cómo era ser asexual. En él decía que nunca se había sentido atraído por otra persona en términos eróticos. “Cuando tenía 13 años, mi padre me regaló un libro de educación sexual. Me sentí como si estuviera leyendo acerca de una cultura extranjera. No sabía por qué había gente interesada en tomarse la molestia de tener relaciones sexuales”, escribió. Contaba que alguna vez intentó excitarse viendo pornografía, pero lo único que logró fue aburrirse tanto “como si estuviera viendo un papel tapiz”. Llegó a masturbarse en algunas ocasiones, pero dice que al hacerlo no pensaba en nada en especial ni fantaseaba, “sólo era algo mecánico que mi cuerpo decidía hacer”.

El caso de Paul no es único. De hecho, el joven se casó hace nueve meses con una mujer que también se considera asexual y todavía son vírgenes, pues su relación, según explica, se basa en la amistad. Tanto es así que en la noche de bodas invitaron a varios amigos a su habitación nupcial en donde pasaron horas jugando Scrabble.

La existencia de los asexuales es cada vez más conocida gracias a la Internet. El portal asexuality.org, de la organización Asexual Visibility and Education Network (Aven), es el más conocido sobre el tema y reúne a personas de todo el mundo que aseguran tener esta condición. También es visitada por quienes están confundidos y no saben si lo son o no. Allí, se trata la asexualidad como una inclinación más, al lado de la homosexualidad, la heterosexualidad o la bisexualidad, entre otras. “Es diferente al celibato, ya que este es una decisión personal. La asexualidad es una parte intrínseca de lo que somos, no hace que nuestra vida sea mejor o peor, simplemente afrontamos retos diferentes a los del resto de la gente”, se lee en la página.

Los asexuales sostienen que no desprecian el sexo ni les da asco, simplemente no les interesa. Dicen tener las mismas necesidades afectivas de cualquier ser humano, y aunque algunos se sienten mejor solos, también hay quienes encajan bien en grupos y tienen muchos amigos. Muchos se sienten atraídos hacia otras personas, pero no en términos sexuales sino más bien por afinidad intelectual o por la personalidad. Por eso, aunque suene contradictorio, los asexuales se definen como gays, lesbianas, bisexuales o heterosexuales, así no haya intenciones carnales de por medio.

Como en el caso de Cox, hay quienes se buscan entre sí para tener romances que por lo general son duraderos, así haya escasa o nula actividad sexual, ya que para ellos no hay un vínculo entre el sexo y el amor.

Desde del punto de vista estadístico, médico y siquiátrico, el asunto no ha sido muy tratado, entre otras cosas porque es poco común. El urólogo Alonso Acuña dice que de las aproximadamente 5.000 consultas que atiende al año, sólo una está relacionada con este tema. Además, prefiere hablar de hiposexuales y no de asexuales, ya que para él no existe alguien que no tenga alguna manifestación sexual.

Acuña explica que “los hiposexuales son personas que aunque tienen poco deseo sexual son felices. Solo vienen al consultorio porque le tienen miedo a la sociedad y porque se sienten fuera de lugar y piensan que son bichos raros”, dice. Otros acuden donde los sexólogos porque a pesar de no tener deseos eróticos deciden casarse con personas sexualmente activas. Estos matrimonios pueden marchar bien por pocos meses, pero con el tiempo la sexualidad va desapareciendo y eso hace que la pareja se sienta frustrada. Estos casos por lo general terminan en divorcios.

La sexóloga Marta Lucía Palacios dice que en 25 años de carrera no ha encontrado a ningún paciente asexual. “Hay una diferencia muy clara entre ser asexual y estar asexual. He tenido pacientes que no han tenido relaciones en los últimos siete años pero que antes sí las tenían”. Se refiere a que muchas personas bloquean sus impulsos. En ese grupo entrarían por ejemplo las personas viudas que pierden el interés por el sexo y no buscan una nueva pareja, ya sea por sus creencias religiosas o su educación. También los que por una creencia se privan de su sexualidad, como los anacoretas y los sacerdotes católicos que mantienen su celibato.

Para algunos expertos, detrás del rótulo de asexuales puede esconderse un problema. Según Carlos Pol Bravo, siquiatra y máster en sexología, “el asexuado es un ente patológico por antonomasia. No es motivo de orgullo, es una tragedia, porque estas personas están perdiendo uno de los instintos más bellos del ser humano”. Para él, la sexualidad es inherente al ser humano y muchas personas que no sufren ninguna patología pueden querer pasar por asexuales para ocultar un síndrome de Peter Pan, que se entiende como la negación a madurar y adquirir responsabilidades, o para ocultar una disfunción sexual y no sentirse estigmatizados. La anorexia sexual es otro factor. Bravo la define como “abandono” sexual. “Son hombres y mujeres que desprecian el sexo después de haberlo vivido por traumas o violaciones. Es gente que ha tenido malas experiencias”.

Otros pueden tener problemas para relacionarse, como en el caso de los apragmáticos, que son personas demasiado tímidas y ansiosas que le tienen miedo a expresar su sexualidad porque por su contexto familiar nunca aprendieron a relacionarse o tener contacto físico. Por otra parte, también puede tratarse de un desequilibrio hormonal.

Pero no todos presentan esta clase de problemas. Según Acuña, la mayoría de la gente que llega a consultarlo y que dice no tener impulsos sexuales tiene perfiles hormonales normales y no presenta ningún impedimento físico para tener relaciones placenteras. “Son personas normales y con buenas relaciones interpersonales. La mayoría son mejores trabajadores que la gente promedio, ya que se concentran más y no pierden el tiempo pensando en sexo como el resto”, dice.

La ciencia aún no tiene una explicación para el fenómeno, aunque hay quienes creen que posiblemente se trata de una variable biológica determinada por la genética, o de una señalada conexión cerebral. Probablemente, como en tantos otros temas, la respuesta no está a la vuelta de la esquina.
 

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