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| 10/28/2002 12:00:00 AM

Labores que rompen corazones

Trabajar bajo estrés, sentirse mal remunerado, el miedo a perder el trabajo y hacer lo que no se quiere pueden llegar a ser causas de infarto tan determinantes como el colesterol alto.

Cual de estas dos personas enfrenta un riesgo mayor de sufrir un infarto, ¿el que tiene muy alto su nivel de colesterol pero lleva una vida sosegada y feliz o el inconforme y estresado que tiene bajo control los lípidos en su sangre? Si esta pregunta se hubiera planteado hace una semana los que hubieran escogido la primera opción habrían pasado sobrados la prueba. Pero hoy no. Un grupo de científicos finlandeses reveló que las personas que trabajan mucho y no se sienten satisfechas con la labor que desempeñan enfrentan un doble riesgo de morir de cardiopatías así tengan en orden su colesterol, controlen la hipertensión, hagan ejercicio media hora al día, se encuentren en el peso ideal o no fumen.

Según la investigación el estrés laboral por sí sólo es un factor de riesgo como el colesterol alto, el sobrepeso, la hipertensión y el tabaquismo. Mika Kimivaki y sus colaboradores examinaron a 812 empleados sin antecedentes de enfermedades cardiovasculares que trabajaban en una fábrica metalúrgica. Después de estudiarlos durante más de 25 años detectaron que quienes sufrían de mayor presión laboral -una combinación entre una alta carga de trabajo y muy bajo control sobre esas labores- tenían el doble de riesgo de morir por problemas cardiovasculares que colegas suyos con menos responsabilidades, y detectaron el mismo riesgo en trabajadores que sufren el estrés que provoca un desequilibrio entre esfuerzo y recompensa.

Cualquiera podría decir que los finlandeses descubrieron que el agua moja pues el estrés ya hacía parte de esta lista de factores de riesgo. De hecho, los cardiólogos habían recomendado evitar a los individuos con personalidad tipo A, es decir, ejecutivos perfeccionistas que trabajan 24 horas al día, con muchos compromisos que atender y muy pocas herramientas para desahogarse. "Eso está revaluado hoy", dice Miguel Urina, presidente de la Sociedad Colombiana de Cardiología. Si una persona trabaja mucho pero vive contenta y goza de lo que hace está a salvo. El problema surge cuando está frustrada porque no le satisface la labor que desempeña o tiene ira reprimida porque en su ambiente laboral no existen canales de comunicación para expresar lo que siente, para ascender o para desarrollarse como profesional. Este nuevo concepto amplía el espectro de trabajadores en riesgo. La depresión asociada al estrés, dice Urina, altera una serie de condiciones fisiológicas, como la producción de células blancas indispensables en el sistema inmunológico. También se presenta un cambio en el funcionamiento hormonal y aumenta la presencia del colesterol en la sangre.

El estudio detectó que las fuentes de estrés nocivo para la salud también están en situaciones como baja recompensa por el trabajo realizado, poco reconocimiento, inestabilidad y falta de oportunidades, elementos muy comunes en el ambiente laboral colombiano. "Hoy no hay seguridad, afirma José Manuel Acosta, presidente de Human Capital Consulting. Ni siquiera es suficiente hacer la tarea bien sino que hay que generar valor y tener un alto estándar de productividad". Otros sufren del síndrome de estar en el lugar equivocado, como el arquitecto que debe contentarse con vender finca raíz. No faltan los que se estresan porque saben que no pueden cubrir sus obligaciones con el ingreso actual, sin hablar de la incertidumbre de perder el puesto, principal causa de estrés de los colombianos que no están desempleados.

El estrés era bien visto en muchos ambientes laborales porque se asociaba con excelencia. Durante la edad de oro de los yuppies trabajar el fin de semana, cambiar vacaciones por dinero y quedarse en la oficina hasta las 12 de la noche eran sinónimo de éxito. Pero desde que los directivos de las empresas se dieron cuenta que ese estrés bajaba la productividad, aumentaba el número de horas extras y generaba ausentismo por incapacidad a un costo muy alto, ese concepto ha cambiado. Según la sicóloga Claudia Londoño, hoy en las empresas se ataca y previene este mal mediante talleres de comunicación, autoestima, manejo del tiempo, de cómo fijar prioridades y cómo controlar las emociones. Otras han propuesto clases de yoga, aplicar conceptos de salud ocupacional en la oficina, prohíben trabajar los fines de semana y estimulan a que la gente se vaya de vacaciones.

A pesar del esfuerzo a muchos les preocupa el tema pues a veces los síntomas pasan inadvertidos y los médicos no tienen en cuenta este factor como un riesgo aislado. "Ninguno le pregunta al paciente si está contento con el trabajo", dice Urina.

La intervención debe ser conjunta porque es muy difícil que el tratamiento sea cambiar de trabajo o que el médico desde su consultorio obligue al jefe de su paciente a que sea más comunicativo con él. A lo sumo puede ayudar a detectar el riesgo y a dar unas pautas para manejar el estrés. Pero es la empresa la que debe fomentar hábitos sanos, como una buena comunicación, que se compartan fracasos y éxitos, se den oportunidades de enmendar errores, explicar por qué no se puede subir el sueldo, propiciar un ambiente relajado -requisito indispensable para darle libertad a la creatividad y la producción- y que haya un reconocimiento a la labor en la que no sólo se dé una palmadita en la espalda sino también un pago justo y coherente.

Trabajar, trabajar y trabajar es un lema de moda y una necesidad ineludible para la mayor parte de la gente. Pero más importante que cumplir con este requisito es poder trabajar con pasión y ganas.

Work stress and risk of cardiovascular mortality: prospective cohort study of industrial employees
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