Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/08/31 00:00

Larga vida

Un grupo de científicos encontró las enzimas que podrían llevar al desarrollo de drogas para desacelerar el proceso de envejecimiento.

Si se logra producir un medicamento que imite la acción de la enzima la expectativa de vida aumentaría 10 años.

Prolongar la vida ha sido una búsqueda permanente del ser humano. Y en ese campo la ciencia ha logrado dar grandes pasos. La expectativa de vida ha aumentado gracias a muchos medicamentos, como los antibióticos, y al desarrollo de técnicas quirúrgicas para tratar enfermedades que antes eran mortales. Ahora acaba de dar un paso más hacia esa meta. La semana pasada un grupo de científicos liderado por David A. Sinclair, de la Universidad de Harvard, y Konrad Howitz, del Biomol Research Laboratories, de Pennsylvania, anunciaron que por primera vez se había encontrado la manera de aprovechar unas enzimas para evitar el envejecimiento. Con ellas se podrían desarrollar medicamentos para extender la vida de las personas.

Las enzimas en cuestión son las sirtuinas, una especie de guardianes de la célula que le permiten sobrevivir o al menos demorar la muerte cuando se presentan situaciones difíciles. "Son parte de un sistema de retroalimentación que aumenta la supervivencia de la célula en momentos de estrés, especialmente si ese estrés es causado por falta de alimento", dice Sinclair. En el laboratorio el método de los científicos ha permitido prolongar la vida de moscas y lombrices de tierra. Si el modelo funciona en los seres humanos podría aumentar su expectativa de vida 30 por ciento. Por ejemplo, si en Colombia la mayoría de hombres viven un promedio de 72 años la futura droga les permitiría alcanzar los 82 aparentemente sin problemas. Según los expertos este efecto se lograría empezando a tomar la medicina a partir de los 50 años.

Pero esto por ahora es un sueño y tomará mucho tiempo llegar a producir un medicamento efectivo y seguro que brinde estos beneficios a partir de las enzimas. Sin embargo dentro de las sustancias estudiadas se encuentra una llamada resveratrol, presente en ciertos vinos tintos, particularmente en los que se producen en climas más frescos. Por esto los especialistas han pensando que una manera de obtener hoy los mismos efectos es incluir esta bebida dentro de la dieta diaria. "Una copa al día es una buena recomendación y es lo que yo hago ahora", dijo el propio Sinclair a los medios. Pero otros piensan que aún no hay suficiente evidencia como para recomendarle al público este hábito. "No hay pruebas de que traiga beneficios a la gente, más bien podría incrementar problemas de obesidad", dice David Finkelstein, del Instituto Nacional del Envejecimiento en Estados Unidos.

Más allá de la polémica, lo cierto es que esta investigación podría explicar un fenómeno que ha intrigado a médicos en todo el mundo y que algunos llaman la paradoja francesa: que la gente del Mediterráneo tenga dietas altas en grasas que son perjudiciales para el corazón y aún así goce de muy buena salud.

Pero el interés de los científicos no está centrado en tomar vino sino en un asunto con mucho más potencial comercial, como lo es producir estimuladores de la sirtuina o fabricar unos sintéticos basados en la enzima para probar cuál es su alcance, primero en el organismo de los ratones, luego en el de los micos y por último en el de los seres humanos. "He esperado toda mi vida para esto", dice Sinclair. Y aunque muchos entienden su optimismo no se atreven aún a cantar victoria. "Es muy prematuro para saber qué efectos va a tener en las personas. Hasta ahora los datos son preliminares", dijo a SEMANA el médico Felipe Sierra, quien hace parte del programa de biología del envejecimiento de los Institutos Nacionales de Salud en Bethesda, Maryland. Otros piensan que la manipulación de estas enzimas puede traer efectos secundarios y hay quienes aseguran que a pesar de la importancia del papel que desempeñan las sirtuinas el envejecimiento es un proceso mucho más complejo en el que deben estar involucrados otros elementos.

Restriccion calorica: la clave

Los descubrimientos de Sinclair y Howitz, publicados en la revista Nature, son un paso clave de la investigación sobre el envejecimiento que comenzó en 1991 cuando el científico Leonard Guarante trató de entender este misterioso proceso. Las sirtuinas son producidas por un gen descubierto por Guarante en 1997 en ciertas cepas de levadura que tienen la particularidad de vivir más que otras de su especie. También encontró que cuando hay hambrunas ese gen, al que llamó SIR2, (por silent information regulator 2), es el que media en la respuesta haciendo que la célula incremente la expectativa de vida. Este proceso se conoce como restricción calórica. Esta había sido hasta hace poco tiempo la única estrategia probada científicamente para prolongar la vida en los mamíferos. La restricción calórica implica un régimen que incluya todos los nutrientes necesarios pero con 30 por ciento menos de calorías de lo recomendado. Esta fue una estrategia esencial para el desarrollo de las especies pues les permitió vivir en momentos de escasez. Cuando las condiciones mejoraban el mecanismo activaba de nuevo todas las funciones que se habían reducido. "Es un proceso parecido al que viven los osos cuando hibernan, explica Sierra. Las funciones se reducen al mínimo para no gastar energía. Las personas que son capaces de adaptarse a ese estrés externo suelen vivir más", agrega. Recientes investigaciones han corroborado que en aquellos organismos que carecen de sirtuinas la restricción calórica no genera el beneficio de prolongación de la vida.

Aún si una restricción calórica lograra prolongar la vida, para algunos expertos norteamericanos la actual epidemia de obesidad de los países occidentales sugiere que sería muy difícil para la mayoría adaptarse a un régimen que tenga una reducción tan drástica de calorías. Por eso durante años el esfuerzo de los científicos se ha enfocado en lograr producir estas enzimas en forma sintética para que activen el mismo circuito genético de una dieta baja en calorías. De esta manera se obtendrían los mismos beneficios sin necesidad de pasar por el esfuerzo de una dieta estricta. Sinclair y Howitz lo han logrado hacer en la levadura y en la mosca de la fruta. No obstante hay un largo trecho entre el envejecimiento de una bacteria y las personas, aunque no hay duda de que este es un gran paso para llegar a vivir tanto como Matusalén.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.