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| 4/25/2012 12:00:00 AM

Las 10 peores cosas de ser practicante / pasante, lista final

Que lo ilusionen con el puesto; el sueldo bajo o inexistente; que subestimen sus capacidades; etc.

Se trata de esa bella etapa de la vida donde el joven universitario pasa de ser el muchacho ingenuo al ciudadano de verdad. Es la bienvenida al mundo real, que a muchos los recibe como una patada en la hombría (o en cualquier otro lugar doloroso para las mujeres).
 
La experiencia de la pasantía, que comienza en el infernal proceso de conseguirla, es para muchos la plataforma de éxito hacia la vida laboral, pero para otros, se trata de una auténtica cachetada contra los hermosos sueños del universitario y su profesión.
Estas son las 10 peores cosas de ser practicante / pasante:
 
1) La echada de perros a ‘la niña’
 
Es una realidad en la lógica instintiva de los hombres, que en una relación de superioridad jerárquica en un escenario laboral se crea que las posibilidades de conquistar a una mujer son mayores. De tal manera que si la practicante está buena, esa creencia, un tanto absurda pero natural, intentará materializarse. No sobra decir que la practicante está en el escalón más bajo de esa jerarquía y que por lo tanto es el blanco al cual todos apuntan.
 
Dice un lector que “en el caso de las mujeres, lo peor es que los de la empresa lleguen a ver cómo es y si está buena”, a lo que Manuel Rodríguez agrega que “lo peor de ser pasante son los jefes con pretensiones de ‘Clinton buscando a Mónica’, tratando levantársela para cogerla de amante”. Seguramente Manuel también lo ha hecho.
 
2) Que todo el tiempo lo llamen ‘chinazo’
 
Víctor Sánchez, dice que lo peor es “que le digan a uno todo el tiempo ‘chinazo’. ‘¿Chinazo ya tiene el informe?’ ‘Chinazo tráigase unas gaseosas’ ‘¿Si le ha gustado el trabajo chinazo?’ El problema es cuando uno crea tal estigma que aún llevando años en la empresa sigan diciéndole ‘chinazo’, lo que se extiende y hace que todos continúen apodándolo con total confianza ‘el chinazo’.
 
3) El sueldo bajo o inexistente
 
Algunos afortunados que decidieron estudiar carreras prácticas y mayormente técnicas como alguna administración o ingeniería, corren con la suerte de una remuneración considerablemente buena en su pasantía. Pero si usted cometió la locura (satisfactoria locura) de estudiar alguna humanidad, como Ciencia Política o Filosofía, y como no, Periodismo, desbarate de una vez la ilusión de recibir un sueldo ‘proporcional’ a sus conocimientos durante esta etapa.
 
Pero si decide irse por el sector público, ahí si considérese un desempleado más, pues un empleo debe corresponder a un ingreso, y ahí, no le pagarán nada.
 
Ante esto Caryni Negrete dice que “unas de las peores cosas de ser practicante es que no te paguen, pues te exigen como un empleado más, debes cumplir con un horario, y cargar con todos los costos que acarree la realización de la labor”.
 
4) Que crean que uno no tienen nada más que hacer
 
“Que crean que porque uno es practicante no tiene nada más que hacer. ‘¿Puede venir mañana sábado?’ y uno con esa voz temblorosa, y con ganas de hacer relaciones, ganarse el lugar para mas adelante aspirar a un cargo en ese sitio, a sabiendas que tiene mil cosas pendientes por hacer como presentar parciales o asistir a clases, responde ‘sí’”, dice un lector.
 
Como cualquier ser humano, el practicante también tiene otras responsabilidad, por lo general no de familia, pero para muchos se trata de una etapa donde justamente, a falta de una familia por la cual responder, puede estar metido en todo y ocupar su tiempo en algún proyecto de la vida real que le de alguna opción futura.
 
5) Que lo ilusionen con el puesto
 
Al lector que sugiere este punto, seguro le pasó. Pobre hombre, pues la tusa de las ilusiones laborales puede ser mucho peor que cualquier otra. Algunos jefes malditos utilizan ese argumento como estrategia de presión para que el joven rinda, otros son más sinceros y le hacen caer en cuenta de las posibilidades reales.
 
Sin embargo, sea donde sea y en cualquier circunstancia se debe dar el 100 por ciento y hacer el mejor esfuerzo. Eso si, no se confíe, pues las prácticas tienen un término definido, así que desde ese mismo momento busque otras posibilidades para que después de unos duros meses de sacrificio no le pase lo de este lector.
 
6) Que lo desvaloricen
 
“Cuando hice mi práctica profesional en un hospital público, había algunos empleados que nos miraban por encima del hombro, enfermeras que se creían con derecho a regañar y a montársela a uno, no había consultorio para atender a los pacientes, tocaba atenderlos en el corredor a la vista de todos”. Esta es la experiencia de Santiago Carmona, quien si buscaba comodidades, empezó de una vez con el pie izquierdo por dedicarse a la medicina.
 
Particularmente esa profesión, tan fundamental para la humanidad y bonita pero desagradecida con sus ejecutores, es especial (especialmente terrible) para sus practicantes.
Pero volviendo al punto, es cierto que en muchos espacios suele pasar eso, que desvaloricen al practicante por estar en el más bajo escalón de todos.
 
7) No tener las herramientas adecuadas de trabajo
 
Si hay dos computadores para asignarle al practicante y a un profesional, por un lado un PC con Windows 95 y por el otro un Mac de última generación, es seguro que al practicante le darán el primero.
 
Como su trabajo es ‘básico’, pues qué más da que las herramientas de trabajo también lo sean. Pero por otro lado se trata de una cuestión de ‘estatus por descarte’, batalla en la cual el practicante siempre saldrá perdiendo.
 
8) Que sobreestimen sus capacidades
 
La universidad provee conocimientos teóricos y conceptuales, y en casos privilegiados algunos prácticos. Pero el pobre universitario nunca se imagina que lo que va a hacer en el mundo laboral no es lo que pensaba y que probablemente no va a tener la más mínima idea de cómo hacer lo que le pongan a hacer.

Es así como el choque más fuerte se da cuando se sobreestiman las capacidades del practicante sin una inducción apropiada. Por supuesto, esta persona no tiene posibilidad de dar un no como respuesta frente a una orden, así no sepa. Situación bastante estresante.
 
9) Que subestimen sus capacidades
 
“A pesar de que el practicante universitario habla varios idiomas, tiene una excelente preparación y puede afrontar diferentes retos profesionales, muchas veces es relegado a sacar fotocopias, hacer las ayudas visuales de las presentaciones de los jefes y colaborar en los eventos que se inventa el área de recursos humanos: las novenas, las integraciones, el día de la secretaria y demás”, dice Oscar Panzutto.
 
Es una realidad. En ocasiones se subestiman esas capacidades, pero alguien tiene que hacer el ‘trabajo sucio’. Ahora bien, justamente ese tipo de tareas llegan a comprobar las aptitudes de la persona para ganarse con el tiempo la confianza del superior y poder entrarle a responsabilidades consecuentes con el conocimiento y la preparación.
 
10) La pinta característica
 
Un practicante puede reconocerse a distancia. En el caso de los hombres, es evidente cuando utiliza un vestido que le incomoda por falta de costumbre, o si no tiene las posibilidades para comprarse unos cuantos (que es lo común porque le pagan muy poco), no queda otra que el pantalón ‘formal’ con el saco ‘cuello V’ motoseado y la corbata gruesa por dentro. En este escenario las mujeres merecerían todo un ‘Los 10+’, así que es mejor no mencionarlas.
 
Sin embargo, todo esto se deja de lado si la empresa no exige un protocolo de vestimenta. Ahí no habrá problema, pues el practicante puede llegar a ser ‘el más play’ y resaltar por algo.
__________
 
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