Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/04/24 00:00

Las cenizas de Islandia

La crisis provocada por la erupción del volcán Eyjafjalla en Europa mostró hasta qué punto un evento de la naturaleza puede paralizar al mundo.

El hielo que cubre a Eyjafjalla congeló la lava que salía de su cráter y la fragmentó en micropartículas de vidrio y ceniza, que fueron disparadas en la fumarola hasta la atmósfera superior. Debido al clima, las cenizas llegaron a Europa.

Un insignificante volcán ubicado en Islandia, con un nombre impronunciable, logró lo que los atentados de septiembre 11 de 2001 no alcanzaron: cerrar 313 aeropuertos de Europa y crear un caos en el tráfico aéreo durante seis días que dejó muchos viajeros atrapados en ciudades o aeropuertos, y a las aerolíneas, que ya venían golpeadas por la crisis, con pérdidas enormes. La medida fue tomada por las autoridades europeas ante el temor de que las cenizas, compuestas por micropartículas de vidrio y polvo, causaran problemas en las turbinas de los aviones. Uno de los aeropuertos más afectados fue el congestionado Heathrow, de Londres, debido a que la nube cubrió gran parte del territorio británico.

La crisis llevó a cancelar, al menos en un momento, casi el 30 por ciento de los vuelos globales. Se calcula que cinco millones de pasajeros no pudieron llegar a su destino a tiempo. Los peores casos fueron los que estaban en tránsito y sin visa para estar en el país en el que quedaron atrapados, que vivieron durante días en un aeropuerto. Ni siquiera los colombianos fueron ajenos a esta situación. Natalia Gómez, quien el viernes pasado salió de regreso hacia Berlín, Alemania, donde reside, solo pudo llegar una semana después. En Nueva York le informaron que su vuelo había sido cancelado indefinidamente. "Fue muy angustiante. Debía reintegrarme al trabajo ese lunes. Como iba ya de regreso, no tenía plata, y al ser un caso fortuito, la aerolínea no se responsabilizó de nada. La única opción era sentarnos en una silla a esperar. Una amiga me alojó hasta el jueves siguiente, cuando me aseguraron un cupo en un vuelo", relata Natalia.

La situación afectó también muchos eventos programados y paralizó industrias. El funeral del Presidente polaco no contó con la presencia de la mitad de los 69 mandatarios invitados, incluidos Angela Merkel, Barack Obama y Nicolas Sarkozy. Los equipos de fútbol se tuvieron que transportar en bus para cumplir sus compromisos, y las compañías automotrices pararon su producción porque los componentes necesarios para los vehículos no llegaron.

Ante la magnitud del impacto económico, no fueron pocas las críticas que le llovieron a la Unión Europea por el manejo de la crisis. La más fuerte fue la del presidente de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (Iata, por su sigla en inglés), Giovanni Bisignani, quien dijo que "la situación era una vergüenza para Europa". Según el funcionario, la medida habría sido exagerada y dejaba ver que la integración del bloque europeo aún no se ha dado en el plano de la aviación, pues cada país interpreta a su manera las normas de la Organización Internacional de Aviación Civil (Oaci). Ante la falta de liderazgo, Bisignani resaltó la necesidad de un tratado para establecer controles unificados.

Las aerolíneas, presionadas por las pérdidas económicas, hicieron vuelos de prueba para ver la situación y no encontraron problemas por las cenizas. Pero los científicos no están de acuerdo con estas apreciaciones y señalan que muchas de estas nubes pasan inadvertidas y aun si los pilotos las divisaran y corrigieran su trayectoria para evitarlas, no hay garantía de solución, pues los vientos cambiantes pueden ponerlas de nuevo en la ruta. Según Chris Yates, experto en seguridad aérea, aunque las cenizas se encontraban estacionadas entre 2.400 y 6.700 metros, y aparentemente más arriba no había problema, los aviones habrían tenido que cruzar por esta nube para surcar esos cielos más limpios. Y si bien las pruebas de las aerolíneas mostraron suficiente aire limpio para navegar, "hubo indicios de que existían paquetes de altas concentraciones de ceniza a diferentes alturas, lo cual sería peligroso", afirma Yates.

La medida de cerrar el espacio aéreo está basada en hechos reales. En 1982 un Boeing 747 de British Airways que viajaba de Australia a Malasia encontró en su ruta una nube de cenizas volcánicas. Sus cuatro turbinas se apagaron y el avión cayó unos 6.000 metros de altura, hasta que los pilotos lograron encender de nuevo los motores. Algo similar sucedió con un Boeing 747 de Singapore Airlines ese mismo año, y en 1989 con otro de KLM, que por fortuna lograron aterrizar. "Nadie quiere estar volando en una nube de estas", dice Bob Graves, funcionario de Alaska Airlines. Con él coincide Curt Lewis, experto en seguridad aérea, quien le dijo a SEMANA que "la medida de precaución que se tomó era la indicada para proteger a los pasajeros".

En el mundo cada año hay actividad volcánica. Tom Murray, director del Centro de Ciencia de volcanes en Alaska, dice que no pasa un día sin que se forme una nube de cenizas en alguna parte del mundo que obliga a cerrar aeropuertos o a dirigir el tráfico por otra ruta. Sucedió con el volcán Pinatubo, en Filipinas; con el Soufriere, en la isla de Montserrat, y con el monte Redoubt, en Alaska. "Pero ninguna de estas regiones se acerca a la densidad de tráfico aéreo de Europa", dijo a SEMANA Robert Mann, experto en la industria de la aviación. Aunque considera que la amplitud de la prohibición en este caso fue muy amplia, enfatiza en que por haber afectado el Primer Mundo, es probable que la crisis ayude a que se le preste atención al tema. Según Mann, se necesitan más investigaciones e instrumentos de monitoreo para determinar la concentración máxima de ceniza y así permitir la actividad aérea segura. Sin estos datos, dicen, volar en dichas condiciones es como jugar a la ruleta rusa. "Hay que hacer en este campo las mismas inversiones que se han hecho durante décadas con otros eventos climáticos extremos como huracanes y tifones", explica Mann.

El volcán se calmó el miércoles de la semana pasada y los aeropuertos restablecieron sus funciones, pero se anticipa que la actividad aérea solo se normalizará en un par de semanas. Esto sin contar que Eyjafjalla vuelva a explotar o, peor aún, que lo haga su vecino mayor, Katla, que en tres oportunidades ha hecho erupciones luego de Eyjafjalla. Pero eso es algo que, según Rossanne D'Arrigo, científica de Columbia University, es muy difícil de prever. Como le dijo a esta publicación, "esto fue un recordatorio de que eventos naturales como las erupciones de volcanes pueden interferir en nuestras vidas".

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