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| 3/4/1985 12:00:00 AM

LAS COLOMBIANAS SE DESTAPAN

En Colombia parece estar llegando la hora de un tímido destape que tal vez no dure mucho.

La Iglesia Católica todavía no ha protestado. Ni siquiera Monseñor Castrillón, obispo de Pereira, ha tomado cartas en el asunto. Y esta pasividad eclesiástica en la ciudad de donde suelen partir todas las cruzadas moralizantes del país hace pensar a muchos observadores que la situación todavía no es inquietante. Pero lo cierto es que el destape femenino, y también masculino, está llegando a Colombia, paso a paso: un desnudo en el cine, una cuña de medias en la televisión, una explícita portada de revista. Hasta que una mañana las amas de casa se encuentran en el supermercado con que todas las revistas familiares se han poblado de mujeres desnudas. Y, ya no son esas rubias anónimas importadas de Perth, Australia, casi abstractas a fuerza de lejanía geográfica, que solían salir en los periódicos vespertinos. Ahora son caras conocidas, que empiezan a convertirse en cuerpos conocidos. Son las actrices del cine nacional, las estrellas y las presentadoras de la televisión. Es, para comenzar por la más linda, Amparito Grisales.
Amparo protesta: "Yo no soy la "primera dama del destape", como se han puesto a llamarme en la prensa. No soy striptisera. Soy una actriz polifacética, y entre mis facetas tengo ésa: la sensualidad a flor de piel. Pero la primera vez que he hecho un desnudo ha sido ahora, para la película "Los Elegidos"".
Son precisamente esos desnudos los que han lanzado el fenómeno. Los afiches publicitarios de la película, realizados con fotos de Dora Franco, con el cuerpo dorado de Amparo abrumando a un actor ruso; las escenas de Amparo desnuda en la película -por lo demás muy breves- que fueron reproducidas por la revista Al Día; el desprendible de Amparo que salió en esa misma revista y que, según se dice, hizo subir de un golpe sus cifras de circulación. Lo cual, por contragolpe, produjo el veto a Amparo como jurado del reinado de la Feria de Manizales. Y después de Amparo -y otra vez en Al Día, que parece haber encontrado ahí un filón- más Grisales. Sus hermanas Patricia y Luz Marina, en portada y en fotos interiores: la una cubriéndose púdicamente con un chal, la otra abrazándose a sí misma y arrojando con los labios una especie de promesa o de beso. Esta vez, sin embargo, el éxito fue considerablemente menor, y las críticas muy duras. La actríz Fanny Mikey, que fue la primera mujer que posó desnuda en Colombia (ante la cámara de Hernán Diaz, para ilustrar el libro "La Vida Pública" del poeta Arturo Camacho Ramírez), señala esto como un ejemplo de explotación indebida. "La portada de Al Día me parece asquerosa", dice. Y agrega: "Si el desnudo se da por sí solo, sin razón alguna y sin ninguna estética, es pornografía".
Algo parecido piensa la célebre modelo Marlene Henríquez, a pesar de que ella también se ha desnudado y sus fotos, publicadas, han causado revuelo. "Fue para un calendario patrocinado por una firma de máquinas de coser. Mes por mes yo me iba quitando una prenda, y al llegar a diciembre estaba completamente desnuda. La revista Cromos sacó algunas de esas fotos y fue un escándalo: en Pereira prohibieron la venta". Sin embargo, sobre la nueva ola del destape, Marlene es severa: "Yo no admito que ningún tipo de revista haga cosas tan de mal gusto. No hay derecho a sacar ese tipo de pornografía barata".
Todas las colombianas que se han desnudado para la prensa -y son más numerosas de lo que parece- están de acuerdo en eso: el desnudo sólo debe hacerse con buen gusto y por razones estéticas. "La diferencia entre un desnudo pornográfico y uno artístico es completa y es obvia: la foto habla" -dice Dora Franco, fotógrafo y modelo que fue, desde ambos lados de la cámara, una de las pioneras en este campo: una secuencia de fotos de Dora por Hernán Díaz fue publicada hace catorce años -también en medio de un escándalo- en la revista "Nadaísmo" que dirigía Gonzalo Arango. "Las fotos de Amparo son muy lindas; las de las hermanas, terribles: ésa es la diferencia", opina la joven actríz Matilde Suescún, protagonista el año pasado -cuando tenía dieciseis años- de otros desnudos escandalosos: los de la película "Ay hombe", de Daniel Bautista. Amparo Grisales también tercia: "Estoy a favor de la sensualidad y en contra de la pornografía. Lo que pasa es que lo que más se vende es lo más audaz de ahí que se tienda a explotar lo que originalmente no era más que una foto artística y sensual". La madre de Nelly Moreno, la jovencísima actríz de la película "Erotikón", de Ramiro Meléndez, opina: "Con mi hija creemos que el desnudo sin ningún objetivo, sólo por publicidad, no se debe hacer. Ahora: cuando se trata de un papel, quien se desnuda no es la persona sino la actríz".
Y todas, también, justifican sus propios desnudos con los argumentos del arte y la belleza. "Yo usaba mi cuerpo como un instrumento de comunicación artística con la gente", dice Dora Franco. Y Fanny Mikey: "La foto, que era el perfíl de mi torso desnudo, resultó muy hermosa, muy plástica". Marlene Henríquez: "Estaba convencida, y aún lo estoy, de que mi figura tenía las cualidades para volverse una obra de arte". La misma opinión tienen los fotógrafos. Hernán Díaz, pese a que hoy está interesado en otras cosas y no quiere hablar mucho del tema, hace quince años se dejaba arrebatar por el lirismo hablando de sus fotografías de Dora Franco: "El fotógrafo que necesita rodear un desnudo de accesorios está simplemente tapando la forma más perfecta del universo. Está enganándose. No ha VISTO. No puede ver". Nereo López, que en treinta años de fotografía ha hecho muchos desnudos, advierte sin embargo que en ese terreno "cualquier pequeño descuido lleva a la pornografía". Y en eso está de acuerdo Matilde Suescún, a quien los suyos propios en "Ay hombe" le parecen "baratos burdos y vulgares" aunque, en su opinion, no fue un descuido, sino un engaño del director.
El autor de la controvertida carátula de las hermanas Grisales, el fotógrafo Henry Molano, se defiende: "Para hacer algo estético hubiera necesitado un estudio, luces. Claro que no quedé satisfecho con la expresión gráfica, pero pienso que como noticia no es escandaloso". El editor de la revista, Oscar Castaño, arguye por su parte: "No estamos haciendo una explotación indebida de nada. Las mujeres que han aparecido en nuestras páginas no han sido obligadas en ningún momento. Es muy común que las revistas utilicen en su portada cuerpos femeninos, en todo el mundo. Esa es una costumbre normal que no tiene nada de censurable: me parece mucho más censurable sacar mafiosos en una revista que sacar algo tan estético como un bonito cuerpo de mujer. Además -agrega Castaño- siempre que sacamos un desnudo audaz, como el de Amparo Grisales, lo hacemos en afiche o separata, con el fin de que el padre de familia o el adulto qué compra la revista pueda guitar el desprendible si considera que hiere sus principios morales". Y finalmente doña Delia de Grisales defiende a sus hijas: "El desnudo es hoy en día parte normal en la vida de una artista. Todas mis hijas son artistas y mayores de edad, y en la casa respetamos sus decisiones profesionales".
Pero lo que se sigue discutiendo es el aspecto comercial del asunto. Se dice que las ventas de Al Día se duplicaron gracias al afiche de Amparo Grisales, aunque Castaño afirma que "no fueron ventas récord" y que "hubo además otros factores periodísticos". Henry Holguín, el director de la revista Antena, asegura por su parte que el problema del dinero es otro: que Al Día paga demasiado por los desnudos. "Ahora todas quieren cobrar más de doscientos mil pesos", se queja. Pero Castaño está seguro de que muy pronto otras revistas colombianas seguirán el ejemplo de la suya: "Lo único que necesitaban era que alguien se atreviera a empezar", afirma.
La verdad es que llevan años atreviéndose. En distintas publicaciones -Cromos, Al Día, Bárbara-Bárbara, e inclusive en la televisión, para no hablar del cine- se han mostrado desnudas la mayoría de las estrellas de la farándula nacional, total o parcialmente: algunas sin complejos, como Martha Stella Calle; otras, después de arreglar meticulosamente unos trapitos púdicos, como Rosalba Atehortúa. Y la lista es larga: Fanny Mikey, Dora Franco, Esther Farfán, Marlene Henríquez, Nydia Bahamón, Stella Riveros, María Cristina Caicedo. Fueron famosas las cuñas que hizo Virginia Vallejo para una marca de medias en la televisión, en las que mostraba casi toda la pierna. Casi, porque la parte faltante, que era visible en el anuncio original, fue vetada por Inravisión. La misma Virginia, por aparecer en una carátula de revista usando sólo sus manos para taparse las desnudeces, dio pie a que se dijera que "estaba despechada" por el abandono de un hombre. Y por lo general estos destapes han provocado escándalo -y no sólo en Pereira- como los ya mencionados desnudos de Marlene Henríquez. El más grande de todos fue probablemente el primero, como es natural: el que le hicieron a la candidata del Atlántico al reinado de belleza de 1933, Margot Manotas, que se atrevió a dejarse sacar en El Tiempo una borrosa foto que la mostraba con los hombros desnudos y una toallita en el pecho. Pero casi cuarenta años después, cuando se exhibieron y publicaron las fotografías de Dora Franco desnuda tomadas por Hernán Díaz y Abdú Eljaiek, las cosas no habían cambiado mucho. "Hubo un escándalo horrible -cuenta Dora-. Señoras que no me saludaban. Hombres que me llamaban a hacerme propuestas. Dentistas que me citaban para después de las tres de la tarde. Fue tal la presión del ambiente que tuve que irme a vivir a otro país".
Porque el problema es el ambiente. Matilde Suescún asegura que en Colombia "el público no está preparado para aceptar el destape: siempre hace malas interpretaciones, lo ve en forma morbosa". "Nuestro país es muy conservador", dice la madre de Nelly Moreno. Y Amparo Grisales confirma: "Aquí no hay respeto. Eso no pasa en otros países".


En otros países, en efecto, pasa exactamente lo contrario: lo anormal es que no salgan mujeres desnudas en todas las publicaciones, en el cine, en la televisión, en las vallas de anuncios callejeros. Hace diez años, hasta el ultraconservador Times de Londres le dedicó una página entera a la fotografía de una niña, limpia como una manzana de la cabeza a los pies. En Francia hace ya cerca de treinta años que dejaron de causar escándalo los primeros desnudos cinematográficos, como el muy célebre -y además parcial- de Brigitte Bardot en "Y Dios creó a la mujer", y hoy resulta prácticamente imposible encontrar una actríz que no se haya desnudado para el cine o para las revistas. En los Estados Unidos la revista Playboy, que fue la primera publicacion de gran circulación abierta que publicó desnudos integrales, está perdiendo la batalla de las ventas frente a las fotografias mucho más explícitas de Penthouse, que se especializa en imágenes de pubis femeninos perfectamente dignas de un tratado de anatomía. En España, que durante los cuarenta años del franquismo fue la "reserva espiritual del Occidente" y ponía a su Policía a perseguir a las turistas nórdicas por llevar blusas sin mangas, la muerte del generalísimo cambió todo: de la noche a la mañana surgieron como hongos las revistas de destape, y una por una se fueron destapando todas las actrices del país, encabezadas por la bella Marisol que en tiempos más pacatos había sido niña prodigio. Hasta la cantante gitana Lola Flores, que hace tiempo pasó los sesenta años y tiene una anatomía considerablemente trajinada, mostró sus desnudeces hace apenas seis meses en la revista Interviú, y sigue tan campante. Y a las que no se desnudan, las desnudan los teleobjetivos de los fotógrafos y las revistas de gran circulación las publican sin el menor recato. La fotografía de Jacqueline Onassis tomando el sol en su isla le dieron la vuelta al mundo. A las dos princesitas de Mónaco, Carolina y Estefanía, se les conoce ya de sobra hasta la última pulgada de la piel dorada por el sol del Mediterráneo. Lady Di, princesa de Gales, fue vista por medio mundo semidesnuda en las Antillas. Y el Osservatore Romano, diario del Vaticano, tuvo que protestar hace apenas un año porque ni siquiera el Papa había escapado al escrutinio de los teleobjetivos y ya media docena de grandes revistas europeas circulaban con su foto en vestido de baño en la piscina de Castelgandolfo.
Solo en Colombia -y tal vez en Bolivia, o en el Irán puritano del Ayatollah Jomeini- no sucede todavía eso, y las hermanas Grisales en carátula siguen causando cierto escándalo. La única revista que quiso especializarse en el desnudo, Bárbara-Bárbara, tuvo que cerrar en 1977 a los cuatro números de su aparición. Presentaba desnudos elegantes y de mujeres bellas -Nydia Bahamón, Dora Franco, Liza Gómez- y largas entrevistas serias, como las de Playboy, de Klim o de Dániel Samper. Pero era tal vez demasiado elegante, y el editor no quería eso. Cuenta Patricia Uribe, que hacía las fotografías, que la revista se acabó por eso: "Uno tiene que fotografiar a una mujer desnuda con respeto -explica Patricia Uribe- y el editor no quería eso: quería más y más porno".
Tal vez la tímida ola de destape que ha empezado últimamente sea una muestra de que ahora sí las cosas en Colombia están empezando a cambiar, como ya lo hicieron en el resto del mundo. La pionera Dora Franco piensa que "ha habido un progreso: la gente tiene hoy una actitud menos negativa". Pero también se corre el riesgo de que aquí empiece el destape cuando ya en todas partes se está acabando por hastío: una vez mas habremos llegado tarde, cuando ya se están levantando los manteles de la fiesta. Es un fenómeno que suele suceder cuando se vive en provincia.

SI EN COLOMBIA LLUEVE, EN FRANCIA NO ESCAMPA
Si en Colombia hay mucha gente sorprendida de que las revistas que compra en las esquinas, en las droguerías, en los supermercados, parecen ser cada día más atrevidas, porque se han lanzado a llevar en sus carátulas y en sus páginas interiores fotografías de mujeres que paulatinamente han pasado del semi-desnudo al desnudo total, en Francia, especialmente a fines del año, la polémica se centraba en torno a la forma como los desnudos vienen invadiendo la pantalla de televisión.
Fueron varios los programas que determinaron que a finales de 1984 toda Francia viviera una especie de "diciembre rojo". En TF1, una de las cadenas estatales de televisión, durante la emisión del programa "Carnaval", uno de los más populares animadores de televisión vestido como lacayo de la corte de Luis XV, empolvado y con peluca, presentó un strip-tease durante una hora de gran sintonía. Al día siguiente TF1 transmitió sin cuadro blanco (señal tradicional utilizada por la T.V. francesa para clasificar programas de mayores), "La isla de la joven azul", una película hecha especialmente para televisión por Pascal Villecourt, que trata de un "Víctor Mora" que alegremente pasa del deporte a los juegos eróticos, ante los ojos asombrados de la teleaudiencia. Cada sábado a las 19:40 en el programa "Cocoricoboy", un programa de variedades al estilo de la "Carabina de Ambrosio", en el que se presenta un sketch que tiene la intención de hacer reír a la audiencia por el sólo hecho de que una mujer no se da cuenta de que se encuentra completamente desnuda. A partir de marzo, también en TF1, se llevarán a la pantalla algunos de los escándalos que la famosa escritora francesa Colette protagonizó con sus "amistades particulares". Pero uno de los programas que más llamó la atención fue el que cerró el año en la cadena Anntene 2, que sorprendió a sus habituales espectadores con la presentación de las 17 "empelotactrices" del Crazy Horse, tan en cueros como siempre.
Que el desnudo se tomó la televisión francesa, es un hecho. Y que a los franceses no les choca, también lo es. Una encuesta realizada por "París Match-Ifres revela datos sorprendentes: el 43% de los encuestados no se escandaliza con las imágenes eróticas proyectadas por la pantalla de T.V. y el 58% se muestra indiferente frente a desnudos televisados masculinos, femeninos o de pareja. Pero eso sí, el 52% considera que en las emisiones no aptas para menores, es recomendable que vuelva a aparecer el cuadrito blanco que indica que es hora de que los niños vayan a hacerle compañía a sus animalitos de felpa.
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