Viernes, 20 de enero de 2017

| 2015/09/29 18:38

Las grasas no son tan malas como parecen

Aunque siempre han sido señaladas como las culpables de múltiples enfermedades, las grasas también son indispensables para la buena nutrición de los seres humanos.

Las grasas son necesarias para el buen funcionamiento del sistema nervioso, la piel, el sistema cardiovascular y endocrino. Foto: Archivo particular.

Durante los últimos años se ha avivado el debate sobre el consumo de grasas en la dieta diaria, pues hay muchas versiones encontradas acerca de cuáles alimentos son menos nocivos para evitar sufrir de altos niveles de colesterol, obesidad y enfermedades coronarias.

Desde hace varias décadas las autoridades sanitarias han establecido que el consumo de grasas saturadas, presentes en productos de origen animal como la carne, la mantequilla, el queso, la leche y los huevos, debe reducirse. Y que a cambio de estos deben buscarse otras opciones más saludables.

Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que el consumo de harinas procesadas, galletas, pasteles, papas fritas y gaseosas es mucho más perjudicial para la salud, pues tiene una alta concentración de carbohidratos y azúcares, lo cual dispara el nivel de los triglicéridos y puede llegar a hacer más daño que el colesterol.   

Además están las grasas trans o dietéticas, que se encuentran en alimentos procesados y se producen al inyectar hidrógeno a aceites vegetales. Aunque este tipo de grasas surgió como una alternativa para reemplazar las grasas animales, a mediados de 2015 fueron prohibidas por parte de la Agencia Alimentaria de Estados Unidos (FDA), al considerarlas poco seguras y unas de las principales causantes de aparición de enfermedades coronarias.

El último estudio publicado sobre el tema en la revista British Medical Journal, señaló que las grasas trans tienen de hecho un efecto negativo en la salud del consumidor y destaca dentro de los principales hallazgos que la evidencia no muestra que haya relación directa entre el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, entre otras.

Los autores del trabajo resaltaron que es importante tener en cuenta los nutrientes de reemplazo de las grasas saturadas. Sustituirlas por las grasas poliinsaturadas, que se encuentran en el salmón, los aceites vegetales, algunas nueces y semillas, podría ser una buena opción.

“En comparación con las grasas saturadas, las grasas trans pueden ser más dañinas para las células que recubren las arterias y también obstaculizar la capacidad de la insulina de transportar la glucosa a través del torrente sanguíneo. Además pueden provocar sobrepeso y obesidad”, señaló a Semana.com el nutricionista Russell de Souza, coautor del estudio.  

Cabe resaltar que las nuevas tecnologías han permitido elaborar algunos productos libres de grasas trans. La margarina y productos similares contienen menor cantidad de grasas saturadas que la manteca o la grasa vacuna sólida. Y muchos de ellos no incluyen este tipo de lípidos entre sus componentes.

“Es importante recalcar que el nivel de las grasas trans en toda la industria alimentaria colombiana se ha reducido considerablemente en los últimos 10 años. Principalmente en los productos esparcibles, las margarinas y los aceites, donde se puede observar en sus empaques y en las tablas de información nutricional que están libres de grasas trans”, afirma Claudia Sanabria López, nutricionista de Unilever Americas.

La mayoría de margarinas que se producen actualmente “están libres de grasas trans. Las que están hechas con aceite de oliva o de canola, y que no tienen aceites hidrogenados pueden usarse sin problema”, afirma De Souza.  

De hecho, desde 2003 el uso de grasas artificiales, utilizadas para mejorar el sabor, textura y aspecto de alimentos, se ha reducido hasta casi desaparecer de la industria alimentaria. Y la idea es que esta medida permanezca por el bien de la salud de los consumidores.

Para De Souza, decirle a la gente que coma menos de algo no es de mucha ayuda. “Debemos decirles con qué reemplazar ese producto. Hay una evidencia científica amplia que sugiere que las mejores opciones son las grasas vegetales como los aceites de oliva y nueces, granos y legumbres”, afirma el autor.

Lo más importante es que las personas tengan una alimentación balanceada. Para esto deben incluir proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales en su dieta diaria. En el caso específico de las grasas, son necesarias para el buen funcionamiento del sistema nervioso, la piel, el sistema cardiovascular y endocrino. Además, tiene una participación en alrededor del 30% del valor calórico total diario, o la cantidad de calorías necesarias para reponer el calor perdido por el organismo.

Este porcentaje debería estar compuesto por un 10% de grasas saturadas (de origen animal), un 5% de grasas insaturadas (aceite de oliva, soya, canola, aguacate, nueces) y un 5% de grasas poliinsaturadas (salmón, los aceites vegetales, algunas nueces, semillas).

Como señala Alicia Cleves, nutricionista dietista y directora del Centro de Nutrición y Medicina Integral, las grasas no deben evitarse porque cumplen funciones importantes en el organismo como transportar las vitaminas liposolubles como la A, D, E y K. “El organismo requiere todos estos nutrientes. La clave está en no excederse”, concluye Cleves.

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