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| 11/20/2010 12:00:00 AM

Las peores enemigas

La rivalidad entre mujeres vuelve a ser motivo de polémica. Un libro muestra cómo la amistad entre ellas con frecuencia está marcada por envidias y odios.

Es común escuchar entre las mujeres que prefieren tener amigos hombres porque con las de su género no se la llevan. La rivalidad, la envidia o la competencia son algunas de las razones por las cuales algunas prefieren entablar amistad con los del género opuesto. Este fenómeno motivó a Kelly Valen, una abogada de 43 años, a escribir Twisted Sisterhood: Unraveling the Dark Legacy of Female Friendships (algo así como Hermandad distorsionada: descubriendo el legado oscuro de las amistades femeninas), un libro publicado hace pocos días, que ha levantado ampolla.

Para su trabajo, Valen entrevistó a 3.020 mujeres entre 15 y 86 años, de distintos lugares de Estados Unidos, para que le contaran cómo habían sido sus relaciones con otras del mismo sexo. "Me sorprendí al encontrar que muchas hemos sido heridas innecesariamente por la competencia, la negatividad inútil y otros juegos de manipulación que solo socavan nuestra capacidad de creer realmente en un género", dijo Valen a SEMANA. La autora encontró que el 84 por ciento de las encuestadas dijeron haber sufrido por culpa de otras mujeres, el 88 habían sentido mezquindad y negatividad y cerca de 1.000 entrevistadas aceptaron haber padecido de depresión por problemas entre ellas. Así mismo, el 75 por ciento dijeron sentirse heridas por los celos o la rivalidad de una amiga.

El texto se basa en la experiencia de Kelly durante sus años en la universidad, cuando un grupo de compañeras le hizo la vida imposible al enterarse de que uno de los compañeros había abusado sexualmente de ella en medio de una fiesta. "Se rieron de mí, inventaron chismes y se distanciaron -relata-. Estaba sucia para ellas". El acoso que recibió por parte de sus compañeras fue tal que Valen tuvo que dejar la institución.

El libro ha desatado tanto elogios como críticas. La popular presentadora Oprah Winfrey destacó la valentía de Valen al poner sobre la mesa un tema tan candente y por llamar la atención a todas las mujeres. Por el contrario, las feministas han reprochado el libro de Valen por confesar su desconfianza y malestar cuando trataba con alguna mujer. En varios blogs la han tildado de ser desleal con el género, antifeminista y mala madre por ventilar sus intimidades.

Por eso Valen aclara que con su libro no pretende encasillar al sexo femenino sino llamar la atención sobre un fenómeno real. De hecho, varios expertos consideran que para las mujeres sí es difícil establecer lazos de amistad con sus congéneres. Según el psicólogo Gabriel Pineda, experto en recursos humanos, esto se debe a que las relaciones entre ellas son más emotivas y por esto son más vulnerables a cualquier desplante o decepción. "Cuando las emociones están a flor de piel, ellas entregan tanto que cuando son agredidas quedan desarmadas, y la herida es más difícil de sanar", explica Pineda. En los hombres, por el contrario, el vínculo es más superficial y por eso es más fácil que la amistad se recupere cuando existe una pelea, porque no hay tantos sentimientos en juego. Prueba de esto es que muchas de las mujeres le contaron a Valen que preferían amigos hombres porque la amistad "era más sencilla, más fácil de mantener y con menos drama".

Para Cristina Medina, recién graduada de Derecho, el tema de los sentimientos ha sido una de las razones de que en su vida haya pocas amigas. "Las mujeres necesitamos un extra de atención", dice. No llamar a la amiga el día del cumpleaños o no preguntarle cómo resultó la pelea con su novio pueden ser una razón suficiente para acabar con la amistad. Cristina confiesa que prefiere juntarse con hombres porque "son más frescos" y porque con ellos hay menos envidia. "En el colegio mis compañeras rumoraban que yo tenía algo con el profesor solo porque sacaba buenas notas", recuerda.

El de Valen no es el único libro que se ha escrito sobre este tema. En 2003, la escritora Carmen Alborch publicó Malas, un texto en el que la autora plantea que a pesar de las buenas intenciones que existen entre las mujeres, la complejidad propia de ellas las lleva a que no se acepten tal y como son y que se juzguen con más severidad a como lo harían los hombres.

Así mismo, las formas de agresión son distintas, pues las mujeres apelan más al daño psicológico que al físico. Según contó Valen a esta revista, las formas más habituales de presión entre mujeres son los chismes, la traición, la exclusión, los juicios de valor, las críticas anónimas difundidas por Internet o boca a boca. Esta forma de intimidar es el resultado, según Claudia Martínez, magíster en estudios de género, de un tipo de educación en el que se les enseña a las mujeres a actuar siempre con recato. "Culturalmente se le ha dicho a la mujer que debe resolver sus problemas de forma moderada e incluso soterrada. Mientras que a los hombres sí se les permite resolver los altercados con violencia para demostrar su hombría", explica Martínez. El problema es que aunque no hay ataque físico, en ocasiones la secuela es más difícil de sanar que una herida corporal. La experiencia de Valen habla por sí sola. "Sin duda, ese hombre se robó mi inocencia y fue el principal motivo de mi vergüenza. Pero su acción me duele menos que las sentencias y la traición de las mujeres", dice.

Así mismo, las razones de la rivalidad femenina pueden ir desde la envidia por cuestiones de belleza, así como la lucha por un hombre o por el éxito laboral. En cuanto al trabajo, en 2007 la empresa Workplace Bullying Institute reveló que el 40 por ciento de la intimidación en la oficina era ejercido por ellas y que el 71 por ciento era de mujer a mujer. Además, en las trabajadoras agresoras los comportamientos más frecuentes eran el sabotaje (53,7 por ciento comparado con el 39,9 por ciento de los hombres) y el abuso de autoridad (50,2 por ciento frente a un 44,7 por ciento). Grace Lau, psicóloga de la Universidad de Waterloo, en Canadá, examinó la intimidación de mujer contra mujer en el trabajo y encontró que algunas saboteaban a otras porque creían que al ayudarlas ponían en peligro sus propias carreras. "Es poco probable que en la oficina ellas se vean como miembros de un grupo, sino como individuos que son juzgados por su desempeño", dijo Lau a The New York Times.

En opinión de Diego Castrillón, del Colegio Colombiano de Psicólogos, esta competencia desmedida se debe al ingreso tardío de la mujer al mercado laboral, lo que hace que haya más rivalidad entre ellas para acceder a recursos y mejores condiciones. Y aunque no disculpa este tipo de comportamiento, Castrillón considera que los altercados entre mujeres son inofensivos comparados con los que se dan entre hombres. "Son peleas que pueden amenazar la amistad pero nunca la vida, como sí ocurre con los disputas masculinas".

De hecho, en el mismo estudio de Workplace Bullying Institute aparece que los hombres son los responsables del 60 por ciento de los casos de intimidación laboral y que ellos son los que más ejercen agresión verbal. Según él, la rivalidad entre ellas es necesaria porque permite un ascenso a nivel social, como por ejemplo, en la competencia por la belleza. "Se trata de un recurso instrumental para conseguir mejores parejas, lo cual es una característica netamente evolucionista". Y considera que este tipo de señalamientos contribuyen a satanizar al sexo débil. Para Martínez, no siempre las mujeres adoptan este tipo de actitudes perversas, y prueba de ello son los espacios comunitarios "en donde hay cooperación y solidaridad femenina de verdad". Valen es consciente de todo esto y por eso enfatiza en que no se puede generalizar. El problema que ella ve es que muchas veces las mujeres actúan de forma inconsciente sin saber que, como le sucedió a ella, estos comportamientos envidiosos pueden marcar a una persona por el resto de su vida.
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