Jueves, 19 de enero de 2017

| 2000/11/06 00:00

Las pepas de la felicidad

En el primer semestre de este año los colombianos gastaron más de medio millón de dólares en pastillas contra la impotencia y están consumiendo cada vez más antidepresivos y píldoras contra la obesidad. ¿Qué hay detrás del fenómeno de la ‘pepomanía’?

Las pepas de la felicidad

Jimena es una mujer de 32 años que había logrado todo en la vida, menos bajar de peso. Ejecutiva exitosa, casada y con dos hijos, sufría por tener 10 kilos de más y no poder usar los sastres de moda. Sin embargo hace unos meses entró en la onda de la ‘pepomanía’ y está resuelta a dar la pelea con tal de recuperar su figura. “En el medio en el que me muevo no hay tiempo para gimnasios. Trabajo 20 horas al día y tengo un ritmo bárbaro en la oficina. Los viajes y las reuniones apenas me dejan tiempo para estar con mi familia”. ¿Cómo explica Jimena que en tan sólo unos meses haya perdido cinco kilos? La respuesta está en el fondo de su cartera. Allí carga un pequeño estuche con varias píldoras de diferentes tamaños y colores. Además de tomar una pastilla de Sibutramina para controlar el apetito y mantenerse en el peso ideal, también toma hormonas tiroideas que le ayudan a regular el metabolismo.

Por su parte, Alberto es un hombre de 54 años, casado y dueño de una empresa exportadora. Desde hace dos años consume Finasterida para frenar la caída del cabello y además se declara “rendido” ante el milagro del Sildenafil, más conocido bajo el rótulo de Viagra. “No me da pena decir que hasta hace un año tenía problemas para lograr erecciones. Creo que eso es parte de la vida de cualquier hombre, en especial después de los 40. Hoy puedo decir que el Viagra prácticamente salvó mi vida sexual y desde que la estoy tomando las relaciones con mi esposa son más frecuentes y más duraderas. Me hice unos chequeos y mi médico me dijo que no había ningún problema, que podía tomarla sin ningún riesgo”.

Tanto Jimena como Alberto hacen parte de los más de 15 millones de colombianos que toman alguna ‘pepa’ contra la depresión, la ansiedad, la impotencia, la obesidad, la calvicie, el embarazo, el alcohol y el guayabo, según estadísticas del Ministerio de Salud. ¿Qué hay detrás de este fenómeno de consumo masivo? ¿Cuáles son la pastillas preferidas entre los colombianos y qué efectos tienen? ¿Qué dicen los especialistas sobre el uso y el abuso de estas píldoras?



País de alto voltaje

Vivir tranquilamente en Colombia no parece fácil. Por el contrario, la inseguridad, las crisis económicas y los problemas familiares han hecho de los colombianos personas con mayor tendencia a la depresión, la ansiedad y en casos extremos, al suicidio. Según el más reciente Informe de Salud Mental publicado por el Ministerio de Salud en 1997, casi el 10 por ciento de la población colombiana se define como deprimida o angustiada y uno de cada siete colombianos ha sentido la necesidad de consultar a un especialista debido a problemas relacionados con su salud mental. Las causas van desde los volúmenes de ruido en plena calle hasta los niveles de agresión que llevan a las personas a desarrollar rasgos paranoides. Según un médico sicofarmacéutico consultado por SEMANA y quien pidió reserva de su nombre, “cada vez son más los colombianos que caen víctimas de un choque emocional, una depresión o una crisis nerviosa. Y eso no es gratuito. Todos estamos expuestos a un secuestro, un atraco o tenemos algún momento de presión económica sobre nuestras espaldas. Y cuando una persona se ve encerrada tiende a buscar salidas equivocadas y cae en el alcoholismo o en el consumo irresponsable de tranquilizantes y antidepresivos”.

En el mismo contexto, la salud sexual de la población masculina en Colombia se ha visto afectada por los problemas de disfunción eréctil. Un estudio realizado por la Unidad de Epidemiología y Bioestadística de la Universidad Javeriana, reveló que el 52,8 por ciento de los colombianos mayores de 40 años padecen algún grado de disfunción eréctil. Y no es que haya más impotentes que antes. Lo que sí ha sucedido es que los que temían revelar o tratar su problema con un especialista lo están haciendo, en gran medida, impulsados por ‘la pastilla mágica’: el Sildenafil, que se vende con nombres como Viagra o Eroxin. A nivel mundial, las ventas de Viagra alcanzaron la friolera de 632 millones de dólares durante el primer semestre de este año. En Colombia, de acuerdo con las cifras de venta que maneja Laboratorios Pfizer, las ventas de Viagra sobrepasaron el millón de dólares durante el mismo período.



Del paraíso al infierno

Si bien es cierto que las fluoxetinas (comúnmente conocidas como antidepresivos) hacen parte de tratamientos siquiátricos y farmacológicos, y que son formuladas con frecuencia por los especialistas, no se puede desconocer el hecho de que un buen porcentaje de pacientes se convierten en adictos a estas sustancias, y lo que es más grave, a consumirlas sin control médico alguno. El caso de Jorge, economista de 42 años, separado y padre de una niña, es diciente: “Comencé a tomar Prozac y Xanax cuando mi esposa se fue de la casa y me dejó encargado de la niña, y lo hice porque un amigo me las recomendó. La cosa funcionó bien hasta que traté de dejarlas, pues tenía taquicardia, sudaba mucho y padecía mareos constantes. Ahora estoy en tratamiento con un siquiatra que me está ayudando a manejar gradualmente mi problema”. Según el doctor Daniel Castro, médico internista, “estos son efectos del llamado ‘síndrome de abstinencia’ que pueden provocar crisis de pánico, angustia y sudoración y que se produce por un corte abrupto en el suministro de una sustancia altamente adictiva”. Según el Ministerio de Salud, uno de cada 10 colombianos ha consumido tranquilizantes. Del mismo modo el estudio de salud mental concluye que “después de la dependencia a la nicotina, el trastorno siquiátrico más frecuente en la población colombiana es la depresión, seguido por el abuso o dependencia del alcohol”.

En el caso de los somníferos, tranquilizantes y las hormonas, la situación no es muy distinta. Según un sicólogo de la Unidad de Salud Mental del Hospital San Ignacio, “el gran peligro que se corre al tomar cierto tipo de pastillas es que llevan fácilmente a consumir otras. Esto es más notorio entre las mujeres, que a raíz de la ansiedad que les produce una pastilla para bloquear las grasas, toman benzodiacepinas o drogas hipnóticas para frenar la angustia o controlar la falta de sueño. De ahí a los tranquilizantes más fuertes y a las hormonas para equilibrar esos ‘bajones’ en el organismo hay un solo paso”. Otro siquiatra, consultado por SEMANA, asegura que este fenómeno se ve reflejado en las cifras, pues “al menos el 16 por ciento de las mujeres colombianas va a padecer algún tipo de depresión profunda durante su vida”. Frecuentemente se autoformulan píldoras anticonceptivas o recetan medicamentos en el hogar sin consultar a un especialista que les indiquen qué hacen y en qué dosis deben tomarse.



Espejito, espejito

Según la Asociación Colombiana de Obesidad y Metabolismo, el 25 por ciento de la población colombiana tiene problemas de sobrepeso y el 20 porciento de obesidad. Es por ello que paralelo al fenómeno de la ‘pepomanía’ está también el deseo de muchas personas de mejorar su imagen. Para mujeres como Jimena, que pasan todo el día en función de su trabajo, las píldoras que inhiben el deseo de comer son el invento perfecto, pues no solamente le han ayudado a perder peso sino a verse más esbelta sin necesidad de dietas o ejercicios. “La vida de hoy es cada vez más rápida y a eso nos hemos acostumbrado nosotras las mujeres. Nos gusta que si tomamos algo para adelgazar o dejar de comer, los efectos sean inmediatos. Por eso nos frustramos cuando los resultados son a largo plazo”, dice Jimena.

En el caso de los hombres, los problemas de calvicie, la disfunción eréctil y hasta el conocido guayabo, generan el mismo efecto. El éxito de una pastilla de Viagra no es solamente facilitar una relación sexual satisfactoria, es también mejorar la autoestima y la visión del hombre frente a su pareja. Tratándose de la calvicie, las cifras son contundentes: en Colombia más del 40 por ciento de la población masculina padece algún grado de alopesia. ¿Cómo no acudir a las píldoras y a los demás tratamientos para detenerla? Para los que se toman sus buenos tragos y no quieren lidiar con la resaca del día siguiente, se venden píldoras que disminuyen los efectos del alcohol en el organismo y ayudan a mejorar la función hepática encargada de ‘limpiar’ de las células los excesos de licor. Se trata de la famosa Ademetionina, una sustancia que ha causado revolución en el mercado. Aunque los expertos son enfáticos al señalar en que no ayuda a dejar de beber, la Ademetionina sí reduce el impacto del trago en el hígado y mejora la capacidad del cuerpo para asimilarlo. Si se tiene en cuenta que el 90 por ciento de la población mundial consume licor habitualmente y que entre el 40 y 50 por ciento de ésta tiene problemas transitorios con el alcohol, la píldora contra el guayabo tiene todo un mercado de clientes por conquistar.

Sea por vanidad o necesidad, la ‘pepomanía’ está pisando duro en Colombia. Y aunque los expertos se muestran preocupados por el hecho de que existan pepas para todo y se popularice su uso sin mayor control, nadie puede cuestionar el hecho de que bien administradas, las píldoras hacen más llevadera la tristeza y más manejables los ‘defectos de fabricación’.

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