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| 2/23/2008 12:00:00 AM

A latonería y pintura

Un libro enseña los más variados secretos para aparentar estar siempre joven.

"Envejecer es una mamera. Quienes han llegado a los 40, 50 ó 60 están empezando a descubrir cosas horribles que no notaban antes, como manchas en la cara, patas de gallina, canas, vello en la quijada, líneas de expresión que los hacen ver como una marioneta, senos caídos, várices, callos...¿necesito seguir enumerándolos?". Esa es la primera frase de uno de los libros de autoayuda más vendidos del momento. Y aunque no es propiamente un comienzo muy reconfortante, el texto, titulado How not to look old (Cómo no lucir viejo) se ha convertido en un manual útil y esperanzador para las mujeres que llegaron al cuarto y el quinto piso y quieren seguir vigentes para mantenerse en el mercado laboral.

La intención del texto, sin embargo, no es enseñarles a aceptar los años ni a cultivar el intelecto o la belleza interior. Charla Krupp, la autora del libro, señala claramente que sus consejos se centrarán más en el empaque que en el contenido. "No vamos a envejecer con gracia, no vamos a celebrar la salida de las arrugas, no vamos a lucir viejas como nuestras mamás", sentencia Krupp, una antigua editora de la revista Glamour que ofrece como único dato revelador de su edad pertenecer a la generación de los llamados baby boomers, es decir, los nacidos entre 1945 y 1960. El libro ha tenido un despliegue enorme en los más importantes periódicos de Estados Unidos y ha conquistado los primeros lugares en la lista de best sellers del New York Times.

La experta explica así el complejo fenómeno del envejecimiento: "Muchas áreas del cuerpo, desde los ojos hasta los senos y desde la boca hasta el estómago, empiezan a colgar y a dirigirse con rumbo sur. La idea es lucir más joven con técnicas que levanten de nuevo todo eso". Para ello hay que aceptar que, así como los carros, mientras más pasan los años, las mujeres deben hacerse más mantenimiento. De hecho, la diferencia entre una mujer de 40 que luce como una de 50 con otra de 40 que se ve como de 30 es el reparcheo diario, semanal y mensual para estar bien engalladas.

Krupp se embarcó en la aventura de escribir el manual cuando encontró que las mujeres de esta edad optaban por dos extremos: dejarse las canas, cortarse el pelo, peinárselo con mucha laca y vestirse como Bárbara Bush; o ponerse microminifaldas y parecer como Britney Spears. Los dos posiciones, en su opinión, están erradas. La primera, porque envejece más de la cuenta. La segunda, porque las hace ver "ridículas". Lo que ella pretende es mostrar, basada en su experiencia y su conocimiento, que una mujer de 40, 50 y 60 puede lucir vigente, moderna y vital sin necesidad de usar sandalias, minifaldas, descaderados o llevar un iPod. La idea no es aparentar ser de 20, sino que ellas logren reconocer cuándo un atuendo está en alguno de los extremos. El libro promete 10 años menos de los que muestra la cédula.

La guía va de la cabeza a los pies. En cada capítulo la autora describe los distintos problemas mientras propone soluciones. La trampa más común sucede en el departamento de maquillaje. Las mayores de 40 suelen aplicarse un color fuerte de lápiz labial o delineador oscuro en los labios. "Ambas son muy envejecedoras", sostiene. Otra falla recurrente es cubrir la cara de base como si fuera un panqueque, lo cual sólo ayudará a resaltar las imperfecciones de la piel.

En un momento en que la cirugía plástica está a la orden del día, Krupp no incluye ninguna práctica que requiera de anestesia, pues considera que el bisturí a veces no tiene buenos resultados. "Isaac Mizrahi, lo dijo mejor: 'si quiere parecer de 70 años hágase un estiramiento facial'". Según Krupp, hoy existen muchas soluciones que no apelan a la cirugía, como los peelings, la microdermoabrasión, el bótox, el restilane, y todos disponibles a un precio no muy alto. Una medida sencilla para lograr arreglos rápidos es, por ejemplo, depilarse las cejas. También recomienda no usar gafas sin marco. Y por ninguna razón se deben dejar los lentes colgados alrededor del cuello con una cadenita.

Aunque para muchos el libro suena muy superficial porque trata el envejecimiento como una enfermedad cuyos síntomas hay que acabar o al menos camuflar, ella explica que lucir joven se ha vuelto un asunto muy serio de supervivencia. "Sentirse orgulloso del pelo canoso y mostrar las arrugas es maravilloso... pero en un mundo ideal". La realidad, explica la autora, es que la mayoría de mujeres de esta generación son trabajadoras y deben seguir vigentes para mantener el puesto y competir con los más jóvenes. "Si uno tiene que entrar de nuevo al mercado laboral porque su cargo fue eliminado, no le va a ir bien con el pelo gris". Krupp cita estudios y libros para apoyar esta tesis. Uno de ellos, realizado por investigadores del MIT, encontró que las mujeres más jóvenes tenían 40 por ciento más probabilidad de tener una entrevista de trabajo que una mujer por arriba de los 50. Una mujer de 50 en Boston tiene que enviar 27 hojas de vida a diferentes partes para lograr una sola entrevista, mientras que una joven sólo debe mandar 19, concluye el trabajo.

"Sentirse bien con la apariencia es bueno mientras no sea algo impuesto por la sociedad", dice Juliana Londoño, una sicóloga de 55 años. Otras piensan que al aceptar estos consejos de alguna manera se está promoviendo aun más la discriminación por edad. Molly Andrews, una sicóloga de la Universidad de East London, Inglaterra, opina que tratar de encubrir la edad ya es en sí un acto de discriminación denigrante. Para las que no les molesta estar en el taller, perdón, en la peluquería, la recomendación es: hágase la mejor amiga de su dermatólogo, córtese la capul, píntese rayitos y no use uñas postizas porque podría interferir en el proceso de enviar mensajes por su Blackberry.
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