Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/04/24 00:00

Le tengo la pulserita...

Desde que fueron lanzadas por Lance Armstrong el año pasado, las manillas de silicona se han convertido en un fenómeno de la moda mundial.

Le tengo la pulserita...

Hace un año el ciclista Lance Armstrong y la firma Nike lanzaron las famosas pulseras amarillas de silicona con el eslogan "Livestrong" ("Vive con fuerza") con el fin de recaudar fondos para su fundación, la cual busca apoyar a enfermos de cáncer. La firma de artículos deportivos donaría un millón de dólares, mientras que los cinco millones adicionales de la campaña se recaudarían con la venta de las bandas, a un dólar cada una. De esta manera, el deportista quería cumplir con lo que él llama la obligación del curado. Cuando Armstrong fue diagnosticado con cáncer de testículo, el ciclista sintió que uno de los valores clave para afrontar la enfermedad era la fuerza interior. Con la pulsera el ciclista buscaba recaudar fondos para ayudar a enfermos de cáncer a tener la misma fortaleza.

Lo que nunca imaginó el seis veces campeón del tour de Francia era que sus pulseras tendrían tanta fuerza por sí solas como para convertirse en un fenómeno de la moda mundial y generar millones de dólares en ganancias. Desde que fue lanzada se dice que la fundación ha vendido 40 millones de brazaletes, una cifra mucho mayor que la esperada.

Ahora la popularidad de la banda de silicona ha sido aprovechada por otras entidades con el fin de recoger fondos para sus propias causas. Un ejemplo es la pulsera de la Fundación de Cáncer de Seno, que viene en color rosa y lleva impreso el mensaje "Share beauty, spread hope" ("Comparta la belleza y difunda la esperanza"). Hay pulseras de todos los colores y algunas tienen diseños. Una que busca solidaridad frente al tema del autismo tiene pintadas piezas de rompecabezas. "Diga no a las drogas", "salve la selva", "apoye a las tropas" ,"no más racismo", son algunas de las consignas que se observan en los brazaletes que ofrece Crazybands.com, uno de los muchos sitios en Internet que los vende.

En una joyería on line se promocionan entre 30 y 40 modelos diferentes. Dana Bates, dueña del sitio web, afirma que decidió no vender las de Armstrong porque considera que esa fundación no necesita ayuda para conseguir dinero. En entrevista con Daily Free Press, la comerciante dijo que las vendía dos o tres dólares más caras y que donaba el dinero extra a organizaciones como la Sociedad Americana de Cáncer: "Así la gente tiene la oportunidad de donar a varias instituciones".

En este tren también se han subido los equipos deportivos. Los Mets las venden con la frase "Let´s go kids" ("Vamos muchachos") para beneficiar a niños enfermos de Nueva Jersey, Connecticut y Nueva York. Otros equipos de fútbol, como Millonarios, han visto en estas pulseras una oportunidad para que sus hinchas les ayuden a salir de su crisis financiera.

No todas las pulseras están ligadas a una obra de beneficencia. También se han creado simplemente para despertar conciencia sobre un tema, como sucedió la semana pasada en Madrid (España), donde un diario deportivo distribuyó un millón de pulseras rojas de silicona para apoyar la candidatura olímpica de 2012. Otros buscan con este brazalete marcar su opinión. Las ofrecen con frases como "I did not vote 4 Bush" ("No voté por Bush") y "Thinkblue2008" ("Piense azul 2008") para animar a los votantes demócratas de Estados Unidos en las próximas elecciones.

Como alrededor de estas manillas se mueve tanto dinero, muchos las venden solamente con fines lucrativos. En la red mundial millones de estilos inundan los sitios web con colores y diseños propios y todo tipo de mensajes. Incluso algunos avivatos han aprovechado el furor y se hacen pasar por monjitas de la caridad para lucrarse con estas pulseras. En México, manillas que tenían impreso "Tsunami relief" utilizando el nombre de Unicef resultaron un fraude.

Los expertos en mercadeo se preguntan cómo logró este pedazo de plástico amarillo generar tanta fiebre sin necesidad de anuncios en los medios masivos. La respuesta está en los famosos que publicitaron en forma gratuita las de Armstrong. Se ha visto a personajes como el ex candidato John Kerry, Ronaldinho, Bono, Matt Damon o David Beckham usándolas. Que los íconos mundiales las llevaran a sus apariciones públicas hizo que se convirtieran en objeto de culto.

A algunos es la solidaridad la que los motiva a comprarlas. Pero para otros es la moda. "Yo no sabía que eran para una causa noble. A mí me gustaron por el diseño", dice Diego Gómez, un joven que tiene una de las originales. Un experto en moda dice que a veces son los detalles los que dan más estatus. "Así como un esfero Mont Blanc es sinónimo de elegancia, estas bandas son muestra de una posición económica e ideológica. La gente que las utiliza siente que hace parte de un clan".

Las más populares siguen siendo las de Armstrong. Como no es tan fácil conseguirlas, las venden en casi todos los sitios de subastas al doble y hasta el triple del precio. Esto ha generado un pronunciamiento de la fundación Lance Armstrong para que solo las adquiera en sitios autorizados. Pero el tema ya se les salió de las manos. "Lo curioso es que la gente está dispuesta a pagar más dinero", dice Alberto Pardo, de Deremate.com, compañía que las vende en Colombia a 12.000 pesos. Pardo cuenta que muchos jóvenes las compran en Estados Unidos y las venden aquí más caras para ganarse unos pesos.

La moda es caprichosa. Nadie entiende por qué de repente la gente quiere tener el pelo verde o llevar los pantalones debajo de la cadera o lucir en la muñeca una manilla amarilla. Pero la evidencia indica que estas últimas tendrán vigencia por un tiempo, ya sea para mostrar solidaridad o apoyar toda suerte de posturas: amo los osos panda, abajo el trabajo, vivan las cucarachas.

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