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| 3/10/2012 12:00:00 AM

Lectores distraídos

Quienes leen libros electrónicos en tabletas con conexión a internet se empiezan a quejar. Dicen que la tentación de tener a Twitter y a Facebook al alcance de la mano les impide concentrarse en su lectura.

Al hablar sobre la nueva resolución del iPad 3, lanzado el jueves pasado en San Francisco, Peter Schiller, de Apple, señaló que la nueva pantalla era tan nítida que “cuando usted lea un libro va a tener en frente un texto que rivaliza con todo lo que ha visto en libros impresos”. Eso sucedió un día después de que el diario The New York Times publicó un artículo en el que se refería precisamente a que leer libros electrónicos era difícil no solo en el iPad, sino en todas las tabletas.

Curiosamente, la razón no era la falta de resolución, sino las múltiples distracciones que impiden al lector sumergirse en el solitario placer de una buena lectura. El artículo menciona casos de personas que mientras leen deben luchar con la tentación de chequear el email, buscar una palabra en Google, seguir los trinos de alguien en Twitter, comentar algo en su perfil de Facebook, ninguna de las cuales existiría si estuviese frente a un libro impreso.

El artículo sentencia que millones de consumidores que han comprado estas tabletas de Amazon, Apple y Barnes and Noble han llegado a la conclusión de que con ellas “es cada vez más complicado sentarse a leer atentamente un texto”. Muchos han comprado libros electrónicos pero nunca los terminan, y otros tienen que esperar a estar en un avión en pleno vuelo, donde no hay conexión a internet, para poderse concentrar. Estas anécdotas vienen acompañadas de un sondeo entre editores de libros, quienes ya no se muestran tan entusiasmados con estos aparatos. Hace un año, 46 por ciento de ellos creía que las tabletas eran el medio ideal para leer libros electrónicos; este año esa cifra bajó a 31 por ciento.

James McQuivey, de Forrester Research, compañía que hizo el sondeo, le dijo al diario que las tabletas son una tentación y “a toda hora están diciéndole al usuario ‘podrías estar en YouTube ahora mismo’, o le está mandando con frecuencia mensajes de alerta de que recibió un email. La lectura tiene que competir contra eso”.

Hace un año, la firma Nielsen encontró mediante un estudio que las personas tardaban 20 minutos más en leer un libro en el Kindle o el iPad que en la versión impresa. Aunque no se estableció la razón, muchos citan este trabajo como prueba de que la gente pierde la capacidad de enfoque y de que estos aparatos digitales todavía no son capaces de replicar la experiencia del libro de papel. Precisamente uno de los motivos por los cuales en 2007 Amazon lanzó su Kindle sin más aplicaciones que la de leer fue que la gente pudiera dedicarse a leer sin perturbaciones.

Algunos expertos consideran esta critica exagerada y sin fundamento, pues se basa en anécdotas y no en estudios serios. Mario Jursich, director de la revista El Malpensante, considera que además de la tentación de navegar por internet hay otros obstáculos más importantes como el reflejo de la pantalla que cansa los ojos. “En el Kindle es gris y en el iPad es muy brillante”. Para él, la opción de detener la lectura para revisar el significado de una palabra o averiguar un dato no es una interrupción negativa, sino un aporte para comprender mejor el libro.

Alexis Madrigal, editor de la revista The Atlantic, piensa que el fenómeno de distraerse mientras alguien lee un libro no está limitado a los textos electrónicos, pues cualquiera puede distraerse hasta con una mosca. “¿Con qué frecuencia la gente se distraía antes y cómo sabemos que las cosas son peores ahora?”, se pregunta Madrigal.

A pesar de todo, Matt Richtel, autor del polémico artículo, cree que las tabletas van a seguir en auge y con el tiempo volverán obsoletos los aparatos dedicados a los libros electrónicos. Para muchos la solución es desconectar internet antes de abrir el libro en el iPad. Otros creen que si las interrupciones son muy constantes es simplemente una señal de que ese no es el momento para leer. También están quienes piensan que los libros electrónicos los han convertido en lectores más exigentes, que demandan de los autores una prosa de mayor nivel que los atrape y que los aleje de las tentaciones de la red.
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