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| 12/7/2013 3:00:00 AM

Las mujeres salen del clóset

El primer estudio sobre el tema en Colombia muestra un crecimiento del lesbianismo en el país. Expertos explican si es permanente o una moda.

Cuando la gente le pregunta cómo se identifica sexualmente, Marcela Duque, una socióloga de Manizales, recurre a una estrofa del poema de María Mercedes Carranza titulado Kavafiana y señala que en ella “el deseo aparece de repente, en cualquier lugar y a propósito de nada”.

Esto lo dice porque en la adolescencia se fijó en otras mujeres, luego tuvo un novio al que quiso mucho, pero desde hace un tiempo el deseo le ha surgido con otros miembros de su mismo sexo, con quienes ha tenido relaciones estables. Rotularse es un asunto político, según ella, y si le tocara definirse, hoy a sus 30 años diría que es lesbiana pero desde su ser afectivo prefiere acudir a la ayuda del poema pues, como ella lo dice, “soy un cuerpo en tránsito”.

Duque participó en un estudio dado a conocer la semana pasada que por primera vez observa detenidamente a la población de lesbianas. Según el trabajo, que se hizo con 308 mujeres del Eje Cafetero, las prácticas sexuales entre ellas han aumentado pues al comparar las participantes, aquellas entre 15 y 27 años tienen hoy estas experiencias más temprano que las mujeres entre 28 y 40.

Esto muestra cambios culturales. Como explica Gabriel Gallego, docente de la Universidad de Caldas y director del trabajo, las mujeres mayores en la muestra han cumplido con la obligación social de casarse y tener hijos debido a que hace 20 años no había apertura frente al tema, y solo con el tiempo se han dado licencia de experimentar su sexualidad con otras mujeres; por el contrario, las jóvenes experimentan el homoerotismo desde más temprano. “La edad en que empiezan estas prácticas hoy se da a los 17 años, lo cual es más cercano a la edad mediana en que la población general comienza su vida sexual”, señala.

Gallego encontró además que las mujeres de más edad no renuncian a los hombres sino que hacen emparejamientos mixtos, pero las más jóvenes desde el comienzo de su vida sexual construyen relaciones exclusivas con mujeres.

Estos hallazgos coinciden con una tendencia mundial. Recientemente la revista The Lancet publicó un estudio en el cual el porcentaje de mujeres que ha tenido encuentros lésbicos se dobló al pasar del 4 por ciento hace 20 años al 16 por ciento. El porcentaje de las que acepta que ha tenido relaciones con otra mujer pasó del 2 al 8 por ciento. Debby Herbenick, investigadora de la Universidad de Indiana, ha encontrado cifras parecidas. En un estudio reciente, el 15 por ciento de las mujeres reportó haber tenido episodios al menos una vez durante su vida.

Gracias a los estudios deAlfred Kinsey, se calcula que la población de lesbianas fluctúa entre el 7 y el 10 por ciento. ¿Cómo se explica que hoy las cifras estén rondando el 15 por ciento? ¿Hay más lesbianas, o simplemente hoy las mujeres son más francas?

Para el psicólogo Miguel Rueda estos nuevos estudios no implican que el lesbianismo esté de moda. “No hay una epidemia de mujeres homosexuales”, añade Elizabeth Castillo, consultora en diversidad sexual, para quien ninguna lesbiana se identifica como tal solo para estar al día, pues “serlo es una experiencia muy difícil debido a la violencia que suscita aún en muchos campos de la sociedad”.

Lo que está pasando, dicen, es que las mujeres hoy expresan lo que sienten. “Los cambios en las sociedades occidentales sobre la moral sexual, con fuerte influencia de la sexología y el sicoanálisis, han hecho que la sexualidad de hoy sea positiva”, dice Franklin Gil, investigador de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional. La semana pasada, para no ir más lejos, la actriz Maria Bello, de la serie Prime Suspect reveló en un editorial del diario The New York Times que sostenía una relación con una mujer. Hace 50 años esa revelación no habría sido tan fácil, según Rueda.

En ese nuevo contexto de apertura es posible que muchas tengan prácticas por simple curiosidad o por una necesidad de explorar los límites de su capacidad erótica, sin que necesariamente se identifiquen como lesbianas. 

“Ser lesbiana es una identidad pero no todas las mujeres que tienen sexo con otra lo son”, explica Juan Fernando Vasco, coautor del trabajo de la Universidad de Caldas. Hay muchos más referentes de mujeres famosas que no son lesbianas pero aceptan haber tenido este tipo de experiencias. 

En Hollywood las llaman gays por un día y en la lista está Madonna, quien besó a Britney Spears y a Christina Aguilera en una ceremonia del canal MTV; Lindsay Lohan y Samantha Ronson, quienes tuvieron una relación por dos años, y Angelina Jolie, quien ha revelado en entrevistas detalles de sus relaciones lésbicas.

Lo novedoso, según Gallego, es que ninguna de ellas hoy está interesada en catalogarse como bisexual o lesbiana porque “esos sellos están en crisis. Hoy no son tan importantes y de hecho solo el 50 por ciento de las participantes del trabajo se identificó como tal”, dice.

Esto se refleja en el lenguaje con vocablos que están retando las categorías fijas del homosexualismo. El término queer, según Castillo, se refiere a la negación a asumir una etiqueta. La palabra bicurious, se usa hoy para designar a quienes quieren experimentar sin ser llamados bisexuales. Y heteroflexible designa que la sexualidad es un continuo que las personas transitan según las circunstancias. En un extremo están las personas completamente heterosexuales, en el otro las homosexuales y en el medio las bisexuales.

Lisa Diamond, psicóloga y profesora de estudios de género de la Universidad de Utah, lo llama fluidez sexual y representa una capacidad de responder eróticamente de maneras inesperadas en situaciones o relaciones particulares. Es una habilidad que está más presente en las mujeres.

En efecto, Meredith Chivers, de la Universidad de Queens, en Canadá, ha encontrado que las mujeres tienen una gran capacidad de ser fluidas en su expresión sexual y se excitan con un amplio rango de estímulos, incluso imágenes de otras mujeres. Michael Bailey, de la Universidad de Northwestern halló algo similar cuando observó que mientras los gays se estimulan con películas eróticas de hombres y los heterosexuales con las de mujeres, el deseo de ellas era menos rígido y no respondía a un sexo en particular.

En ciertas universidades en Londres algunas mujeres que tienen relaciones con otras se llaman a sí mismas ‘gay hasta la graduación’, y presupuestan que su exploración sexual terminará cuando reciban su diploma, momento en el cual piensan casarse con un hombre.

Y hablando de hombres, algunos expertos señalan que ellos podrían tener parte de la culpa de este fenómeno, pues no están satisfaciendo a las mujeres en lo afectivo ni en lo sexual. Gail Dines, autora de Pornland, le dijo al periódico The Sunday Times que la educación sexual de los jóvenes de hoy se da a través de los contenidos pornográficos que encuentran en internet. Obviamente no es la información más apta para aprender a satisfacer a una mujer en una relación real y por eso muchas hoy prefieren tener relaciones con mujeres.

Para los expertos, estos cambios son positivos porque visibilizan a las mujeres lesbianas que han estado opacadas por los hombres gays. Esta población ha sido más estudiada debido a que está en mayor riesgo que las lesbianas de padecer enfermedades de transmisión sexual, como el VIH. Según Castillo para las mujeres ha sido más difícil salir del clóset porque tradicionalmente la sociedad ha controlado su sexualidad y en ese sentido ellas parten con una desventaja. 

Mientras tanto, los hombres han tenido menos resistencia, al punto que las experiencias homosexuales en ellos son validadas. “Un ejemplo es el término ‘se le moja la canoa’, que supone que cuando un hombre se emborracha puede mostrar interés hacia otro. En las mujeres es más invisible y eso no es una ventaja”, dice Castillo.

El trabajo de Gallego, que por primera vez usa una muestra tan grande de la población lesbiana, es un paso adelante para divulgar la situación de las mujeres homosexuales, quienes a pesar de estas manifestaciones aún tienen muchos obstáculos para salir del clóset. Marcela Duque no le ve ningún problema pero señala que “en pleno 2013, en Manizales, una ciudad pequeña y conservadora, todavía hay un gran silencio sobre el tema”.
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