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| 1/14/2017 12:00:00 AM

Lo bueno de alardear

Echarse flores a sí mismo genera antipatía, pero recientes estudios muestran que es una estrategia útil en ciertas situaciones. Los expertos explican cómo hacerlo sin pasar por prepotentes.

La gente juzga como presumidas y egocéntricas a quienes se jactan de su personalidad y de lo que logran con ella. Pero por más malestar que esta conducta provoque en los demás, dos estudios recientes hechos por investigadores de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, revelaron que alardear puede ser una buena estrategia en ciertos contextos.

Los expertos entrevistaron a 300 voluntarios de entre 18 y 65 años y les mostraron cuatro finales distintos de una misma historia. En uno de los casos hipotéticos el protagonista era honesto y alardeaba con argumentos sólidos sobre sus buenos resultados, mientras que en otros se jactaba a pesar de saber que no había tenido buen desempeño. Luego de analizar las respuestas los autores concluyeron que “presumir o alardear es bueno solo si hay sustento y es malo si se trata de sacar pecho por algo que no es veraz”, dijo a SEMANA Patrick Heck, coautor del estudio e investigador del Departamento de Ciencias Cognitivas, Lingüísticas y Psicológicas de la Universidad de Brown.

Esto es cada vez más difícil, pues la gente alardea permanentemente en las redes sociales donde comparten sus experiencias y en muchos casos esperan recibir muchos ‘me gusta’. Los expertos dicen que lo hacen porque quieren sentirse valorados y a veces el mundo real no les brinda lo suficiente. De hecho, un estudio realizado por dos neurocientíficos de la Universidad de Harvard señaló que esta práctica ofrece a nivel cerebral el mismo placer que se obtiene al comer o tener relaciones sexuales.

Así que alardear es algo natural, pero para hacerlo bien hay que leer el contexto. Por ejemplo, si en una cita romántica uno de los dos lo hace, pasará como arrogante. Pero en una entrevista de trabajo ser humilde no funciona porque en ese caso es importante demostrar las habilidades y competencias. “La clave está en decir siempre la verdad y expresarlo de tal forma que se vea como consecuencia de su trayectoria y no como una estrategia para sobredimensionar las cosas”, explicó a esta revista Álvaro Enríquez, psicólogo organizacional de la Universidad del Valle.

Además del escenario, es importante el momento. Peggy Klaus, experta en coaching profesional y autora del libro ¡Alardear! El arte de hacer sonar su trompeta sin soplarla, afirma que si una persona lo hace muy a menudo la gente “dejará de creerle y perderá amigos u oportunidades laborales”. El tono y el tacto también son claves pues cualquier cualidad se puede convertir en un defecto si se exagera. Algunos que se van de vacaciones alardean de su gran paseo ante otros que pueden estar en una mala situación económica y pasar por presumidos.

Compararse con los demás tampoco es una buena idea porque se interpreta como una actitud prepotente y odiosa. Un típico ejemplo se presenta cuando los papás suelen presumir de los logros de sus hijos en cualquier

reunión social. “Se puede hablar de logros personales o de las cosas de las que nos sentimos orgullosos, pero de forma sutil y sin usar tanto la palabra yo”, dice Klaus. Tampoco es bien vista la falsa modestia. Jorge Luis Borges solía decir “disculpen mi ignorancia antes de preguntar o hablar de algo”, a pesar de que tenía argumentos de sobra para presumir de lo que quisiera. En casos como ese, tener esa actitud simplemente no funciona y puede ocasionar mayor molestia que el alarde intelectual.

Por eso es fundamental “pensar bien en las palabras que se van a usar antes de hablar para no quedar mal ante los demás y no herir susceptibilidades”, dice Ekaterina Walter, estratega de redes sociales. “Lo importante es decirlo con naturalidad y tranquilidad. Cualquiera puede hablar con emoción sobre las cosas de las que se siente orgulloso, pero sin presumir”, dice María Claudia Peralta, directora nacional de Campos Disciplinarios del Colegio Colombiano de Psicólogos.

Aunque algunos presumen inconscientemente porque en realidad les va bien y desean expresarlo ante los demás, los expertos recomiendan estar atentos para percatarse de si los otros se molestan. Así podrán modificar su actitud y no causar rechazo. Al final de cuentas, como dijo alguna vez Muhammad Ali, una de las mayores leyendas del deporte, “no es arrogancia si puedes sostenerlo”. 

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