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| 10/16/1989 12:00:00 AM

Lo que natura no da...

Todo indica que el gobierno norteamericano eliminará el uso masivo de químicos en su sector agropecuario.

Desde hace por lo menos dos décadas diversos grupos de ecologistas y naturalistas han protestado contra la aplicación masiva de herbicidas, plaguicidas, fertilizantes, hormonas de crecimiento en la producción de alimentos,etc. Sin embargo, sólo en épocas más recientes los organismos gubernamentales han comenzado a estudiar la real conveniencia de ese tipo de agricultura. En esa línea, un estudio revelado la semana pasada en Estados Unidos llegó a la conclusión de que la agricultura "química" no tiene necesariamente ventajas muy grandes sobre la llamada "naturalista" -en la que no se aplica ningún producto químico o se usa en cantidades mínimas. La profundidad del estudio y la calidad de la institución que lo llevó a cabo indican que la era de la química en la tierra podría estar llegando a su fin. Se trata de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, y el estudio va dirigido a los organismos responsables de las políticas agropecuarias del país.
En el estudio la Academia recomienda abiertamente la modificación de las políticas federales que durante más de 40 años han centrado el aumento de la producción de alimentos en el uso indiscriminado de pesticidas, drogas y fertilizantes sintéticos.
Desde que terminó la Segunda Guerra Mundial una de las grandes promesas de la ciencia era la multiplicación de los panes y, efectivamente, la aplicación masiva de la tecnología en la agricultura y la ganadería trajo consigo la producción de mayores cantidades de alimentos con menores riesgos de pérdida. Aplicado inicialmente en Estados Unidos y Europa, el control sintético de los cultivos se difundió por el mundo entero, sobre todo a través de los programas de asistencia técnica especializada. Pero esa aplicación indiscriminada de productos químicos en la agricultura tenía un talón de Aquiles que no se detectó al comienzo: los daños ecológicos y las eventuales consecuencias para la salud de los consumidores.
La nueva posición de la Academia tiene repercusiones de gran importancia, pero sobre todo indica el cambio de mentalidad que se ha venido operando en los últimos años frente al problema ecológico y de salud pública. El Departamento (Ministerio) de Agricultura de Estados Unidos, por ejemplo, hizo saber su complacencia por los resultados del estudio, con la afirmación de que "había llegado la hora" para iniciar el cambio. Lo interesante es que durante la mayor parte de la presente década, ese mismo departamento había sido uno de los mayores críticos de cualquier posibilidad de agricultura "naturalista" en gran escala. El congreso también parece dispuesto a cambiar de opinión. No en vano los parlamentarios norteamericanos han soportado, durante los últimos años, fuertes presiones que van, desde el gran costo del programa de agricultura, que ha superado los US$136 mil millones desde 1980, hasta el sobreabastecimiento crónico que produce la agricultura "tecnificada", pasando por los temores del consumidor sobre su salud y el entorno ecológico.
Sin embargo, para que las nuevas políticas se apliquen, tendrán que transcurrir años de investigación para mejorar las técnicas "naturales", y, sobre todo, enormes modificaciones en los sistemas de abastecimiento en los períodos de producción y hasta en la localización geográfica de los cultivos .
Las prácticas "naturalistas" se basan principalmente en el uso de los controles biológicos que existen en la naturaleza. De esa forma, la aplicación de productos sintéticos se elimina o se reduce sustancialmente. Entre los métodos que se mencionan en el estudio, se habla de combatir las plagas de insectos con otros insectos enemigos de los perjudiciales. Otros sistemas que ya se están aplicando incluyen el conteo de la población de insectos de una finca, para sólo aplicar los insecticidas cuando el nivel sube a alturas preocupantes.
La agricultura naturalista implica también una mayor rotación de los cultivos y su combinación con la ganadería en la forma apropiada. Una de las granjas estudiadas dejó de usar productos químicos en 1971, y sin embargo es una de las más productivas del estado de Ohio.
La decisión de La Academia Nacional de Ciencias ha sido recibida con algunas reservas en medios agropecuarios de Estados Unidos, pero en general ha sido considerada como un gran paso al futuro. En Colombia el tema no es, por supuesto, nada nuevo. Luis Arango, subgerente de fomento y servicios del Instituto Colombiano Agropecuario ICA, estima que la dependencia de los productos químicos en áreas tropicales es más aguda que en áreas templadas como Estados Unidos. "Por ese motivo, el ICA ha venido desarrollando con gran intensidad el control integrado de plagas y enfermedades, que lleva a estudiar las características del terreno y a determinar, desde la etapa de preparación, qué plagas existen y a qué son susceptibles". Ese control integrado trae tres ventajas fundamentales: disminución de costos de producción, mantenimiento del balance ecológico y un producto agrícola libre de contaminación. "De esa forma se trata de contrarrestar el efecto nocivo de la aplicación masiva de insecticidas, que en Colombia ha tenido un efecto dramático, sobre todo en el caso clásico de la meseta de Ibagué. Pero por este camino pretendemos recuperar el equilibrio ecológico, por ejemplo, del piedemonte llanero".
Pero aunque la determinación de Estados Unidos podría tener en el largo plazo favorable influencia en los países pobres, ya se oyen algunas voces de alarma en relación con las grandes multinacionales productoras de químicos para la agricultura. Sólo en el llamado "Cinturón de granos" de Estados Unidos, esas compañías venden cada año 430 millones de libras de sus productos. La desaparición de semejante mercado tendrá, a juicio de los entendidos, el efecto de una mayor presión para el consumo en los países en desarrollo. Sobre el tema, Arango comenta que "al terminar la guerra del Vietnam quedaron grandes stocks del famoso herbicida conocido como Agente Naranja, que se prohibió para su uso civil en Estados Unidos. En esa época se ejerció gran presión y de hecho grandes cantidades se distribuyeron en los países subdesarrollados".
En todo caso, aún habrá que esperar algunos años para que se cumpla el sueño de los ecologistas. Pero por lo visto, ya no está tan lejano el día en que todos los supermercados del mundo se llamen " tienda naturista" .
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