Miércoles, 1 de octubre de 2014

| 1995/08/07 00:00

LO QUE SE HEREDA

Un estudio finlandés muestra que existen diferencias genéticas en el cerebro de los bebedores violentos.

LO QUE SE HEREDA

LA GENÉTICA también cuenta a la hora de beberse un trago. Un estudio realizado en Finlandia encontró señales de diferencias genéticas entre aquellos bebedores violentos que comienzan a abusar del alcohol a edades tempranas y los menos agresivos que tienen problemas con el alcohol después de los 25 años.
El estudio, publicado en la edición de julio de Nature Medicine, se basa en la dopamina, un químico que se encuentra en el cerebro y que está relacionado con sensaciones placenteras como comer, beber y el sexo.
Aunque no se cree que los genes sean el único factor determinante en el alcoholismo, en los últimos años se ha comprobado que la genética tiene un papel muy importante en cuán susceptible se es a este mal. "Al entender las diferentes formas de alcoholismo podremos encontrar los métodos más eficientes para responder a las distintas necesidades a través de terapia, programas de abstinencia o medicinas, dijo el doctor Robert Cloninger, experto en sicobiología en la Universidad Washington, quien escribió un ensayo que acompaña al estudio en la publicación.
Jari Tiihonen y sus colegas en la Universidad de Kuopio, en Finlandia, usaron tomografías para comparar la neuroquímica de 10 alcohólicos no violentos mayores y la de 19 jóvenes y violentos. También usaron un grupo de 19 adultos sanos no alcohólicos. El estudio se concentró en los receptores de dopamina en las distintas regiones del cerebro. Los investigadores descubrieron que los jóvenes alcohólicos tenían una densidad de recepción un poco más alta que la de las personas sanas. Los alcohólicos mayores tenían una densidad mucho menor. Tiihonen indicó que su investigación sugiere que la diferencia es genética, aunque sus descubrimientos deben ser confirmados por estudios más profundos. Cloninger respalda la teoría genética y cree que aspectos de la personalidad como ansiedad y pesimismo en los adultos alcohólicos son al menos parcialmente hereditarios.

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