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| 5/25/2012 12:00:00 AM

Los 10 elementos típicos de las series de narcos, lista final

Grandes barrigas y pelo en pecho, la convivencia con la muerte, idolatría al narco, Ee ‘lavaperros’ y el sicario de a moto, las 'chicas', etc.

1. Grandes barrigas y pelo en pecho
 
El imaginario colectivo nos dice que no existe poder sin barriga, o por lo menos no poder mafioso. Ese es justamente el prototipo de gran narco que no falta en este tipo de series de televisión, ni tampoco en la vida real. Además, para objetos de la representación, siempre sirve exagerar esa figura y por supuesto, adornarla con una frondosa capa de pelos en el pecho.
 
2. El buen tipo enamorado de ‘la chica’ que se le vende al narco
 
Como ‘la chica’ proviene por lo general, del barrio, y como suele ser la más linda de las lugareñas, mas o menos desde los 15 años debe tener a su lado al joven enamorado, un buen tipo cuyo propósito en la vida es “darle todo lo que se merece”, por supuesto, a través del trabajo honesto. Pero su carácter de buen tipo se debe justamente a la fe ciega en la doctrina manipuladora en la que se convierte ‘la chica’, luego de conocer al narco.
 
3. La convivencia con la muerte
 
De nada valdría todo el poder de los narcos sin la adrenalina de tenerlo. Es así como la muerte se convierte en el protagonista constante de estas series. Que la policía mató a uno de la seguridad del tipo, que uno de la seguridad del tipo mató a un policía, que el propio tipo mató a su propio guardaespaldas, etcétera. Siempre la muerte, de mano de la traición en ocasiones, hace parte de la historia.
 
4. Corrupción como la combinación de todas las formas de lucha
 
Con el perdón de quienes sufren de sobrepeso, Mayeli Espinosa Ríos dice que nunca falta “el político gordito y sumiso”. Nada tiene que ver su estado físico con la sumisión, pero es cierto que así suelen representarlo. “Siempre aparece un político que le vende su alma al diablo, que trata de meterse en todos los negocios para ver si saca alguna tajada o gana un porcentaje del botín”, hasta ahí, todo ficción. “Sin embargo, suele ser el primer sacrificado, el primero que traiciona al cartel (el primer sapo), el más endeble, aquel en quien menos confía el capo y al que primero matan porque de cualquier forma, no cuenta con la simpatía ni siquiera de la audiencia de la novela”.
 
5. Idolatría al narco
 
Germán Augusto Uribe dice que “la número uno es la idolatría que se le da al personaje, se engrandece la profesión de narco. El más perverso es endiosado y para rematar lo muestran como una persona de buenos sentimientos en determinados aspectos de su vida”.
Por supuesto, el protagonista siempre es foco de apología, y qué mejor manera que apelar a su lado humano, sus sentimiento, pues como todos los ciudadanos, él tiene familia y también se enamora.
 
6. El lujo extravagante
 
De nada serviría la gran barriga y el pelo el pecho sin un grueso collar de oro que lo adorne. A esto le siguen todo tipo de artilugios estéticos del mismo material que quepan en el cuerpo. Por supuesto, aquello debe ir acompañado de carros último modelo, fiestas espectaculares, droga y alcohol en exceso, viajes extravagantes, regalos absurdos, bienes muebles e inmuebles más allá de lo suficiente, etcétera.
 
7. ‘Las chicas’
 
Ahora bien, de nada serviría la gran barriga, el pelo en pecho y todo el excesivo lujo sin una cuantas ‘chicas’. Unas cuatro estaría bien. Sin juzgar por la procedencia o intenciones de las mismas, pues bien pueden estar enamoradas del narco, su voluptuosidad y exhibicionismo hacen parte del paisaje constante.
 
8. El ‘lavaperros’ y el sicario de a moto
 
El ‘patrón’ debe tener siempre un ejército privado en su propiedad, de esos mismos de algunos hacendados y políticos. Hasta acá, pura coincidencia. El señor confía plenamente en unos dos o tres que siempre lo acompañan, los de su confianza, a quienes se les conoce como ‘lavaperros’. Tal es precisamente su confianza, que incluso llega a tener la delicadeza de matarlos él mismo.
 
9. Los santos
 
Como elemento fundamental y fundacional de la sociedad colombiana, los santos o bien personalidades católicas, en cualquiera de sus representaciones y jerarquía, hacen parte esencial en este contexto, pues aunque parezca paradójico, los elementos del mal acuden a las figuras del bien para cometer sus delitos.
 
10. Los televidentes
 
Diego Collazos dice con gran sapiencia, que lo que nunca le falta a las series de narcos son los televidentes. Si no fuera por su gran audiencia, las productoras y canales no se tomarían la molestia de desarrollar semejantes historias que con su espectacularidad artística, mediática y profesional, logran reflejar de manera fidedigna lo peor de la sociedad Colombiana.
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