Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1990/09/03 00:00

LOS AMBICI-OSOS

La estupidez humana se mide en muchos campos, pero en ninguno tan evidente como en la ambición de rozarse con el poder.

LOS AMBICI-OSOS

Todavía se habla de aquel personaje que estuvo a punto de perder la vida, pasó hambre, sufrió toda clase de incomodidades y permaneció como rehén durante varias semanas, por la simple razón de haberse colado en un coctel de la Embajada de República Dominicana, precisamente el día en que fue tomada por un grupo guerrillero. Aunque las consecuencias pocas veces son tan dramáticas, este tipo de personajes se da casi silvestre, especialmente cuando se avecina un cambio de gobierno. Una vez elegido el nuevo mandatario, sirios y troyanos entran en alerta en espera de una señal divina que los deje bien parados con la nueva administración. Los que se sienten elegibles ponen cara de "yo no fui", pero cancelan viajes, detienen proyectos de trabajo y prenden antenas para escuchar el sonido de los sonajeros. Los que saben que no tienen opción, buscan de sesperadamente algún tipo de relación con el nuevo mandatario o su familia. Así, el grupo de parientes, amigos íntimos, compañeros de estudios y ex colegas del nuevo jefe o su esposa, se multiplica en dimensiones matemáticamente imposibles.

En una aguda obra "Historia de la estupidez humana" el escritor inglés Paul Tabori, reseña un gran número de casos históricos que demuestran cómo el deseo de poder, lleva al hombre a caminar por esa delgada cuerda que separa la sensatez de la estupidez. Esta última, no sólo es una constante en la historia del hombre, sino que adopta formas colectivas que para este caso resultan bastante ilustrativas. Según los expertos, la estupidez es básicamente miedo. El miedo a hacer el ridículo estupidez pasiva ó el ridículo que hacen algunos a partir del miedo (estupidez activa). Para Tabori "algunos nacen estúpidos, otros desarrollan un estado grave y hay algunos a los que se les adhiere. Pero en general, la estupidez no es producto de la influencia de los antepasados o contemporáneos. Es el resultado de un duro esfuerzo personal. " Para realizar este insólito compendio, Tabori partió de una diciente evidencia: mientras el diccionario Thessaurus (el más importante de la lengua inglesa) consagra una columna a la sensatez, dedica seis a los sinónimos de estupidez. Con una evidencia tan contundente, Tabori decidió buscar los mejores ejemplos que brindan la historia antigua y contemporánea.

MI PRIMO ADAN
Una de las estrategias que ha usado tradicionalmente el hombre para estar cerca de los poderosos cuando sus propios méritos no se los permite, es la de los parentescos. La genealogía es un tema fascinante, pero en relación con el problema de la estupidez humana, sólo se neccsita examinar un aspecto: aquellos antropoides que trepan a los árboles genealógicos ajenos. Los nuevos mandatarios ven de pronto florecer su árbol genealógico en derivaciones tan sorprendentes, como la tenacidad de los que están dispuestos a ser primos del presidente. Hace algunos años se halló un documento en los archivos del Ministerio de Guerra de la Gran Bretaña que contenía la genealogía de los reyes anglosajones. La cosa no hubiera pasado a mayores, de no ser porque las ramas reales se remontaban directamente al propio Adán. La historia es una fuente inagotable de anécdotas sobre las estupideces de que son capaces las personas cuando quieren descollar de sus semejantes. El clan de los Levis, una antigua familia aristócrata francesa, disipó cualquier duda sobre su santa ascendencia con un óleo que colgaba en el salón principal de su casa. En él aparecía la Vírgen sentada en un trono y frente a ella, arrodillado, uno de los Levis... La familia Dalberg, rival de la anterior, no quiso dejarse echar tierra y mandó fabricar su propio documento pictórico. En él aparecía nuevamente la Vírgen con un Dalberg a sus pies. Sólo que en este caso, de la Vírgen salía un globo (como de historieta cómica) que decía: "Levántate querido pariente".

Una de las formas más aberrantes que adopta la estupidez es el servilismo, del que hacen uso los que quieren entrar en los aposentos del poder así sea por la puerta de atrás. Cuando un primer mandatario sale en público, nunca faltan los que se empujan, pisan y atropellan por abrirle la puerta del carro, retirarle a los periodistas, ofrecerle un vaso de agua y caminar cerca de él . Hay algunos más audaces y discretos que tejen las más intrincadas intrigas para conseguir que "el jefe" los salude por su nombre, vaya a comer a su casa o asista a la boda de una hija. Esfuerzo que sólo vale la pena cuando sale publicado en las páginas sociales de la prensa. El servilismo ha sobrevivido al paso de los siglos adoptando en nuestros días la forma del "lagarto". Este acude muy a menudo a una fórmula de fácil aplicación: la imitación. Para parecer de la "rosca" hay que actuar como ella.

Tal vez por eso, en estos días, el tenis está tomando carácter de depone nacional, por el volumen de espontáneos en pantaloneta que acechan cualquier cancha que se descuide con la esperanza, si no de aprender a jugar tenis, de -por lo menos troncharse un tobillo. Dos de los mejores ejemplos de esta patética desviación "lagarto-servil" los tiene la historia de Francia. Cuando María Antonieta dio por fin un delfín al reino, el pequeño monarca, a punto de ser bautizado, dejó que la naturaleza actuara sobre el vestido de la reina. A los pocos días los tintoreros y diseñadoros del reino, no daban abasto para suplir la demanda del color de tela que se había convertido en el último grito de la moda y que sus usuarios llamaron Caca Dauphine.

Ni siquiera las enfermedades más graves se salvan de los "lagartos". Cuando el ex presidente Virgilio Barco sufrió de diverticulitis masiva durante un viaje oficial a Seúl, surgió una masa de colombianos expertos en la materia que se enfrascaban en las más profundas discusiones técnicas sobre el lugar, desarrollo y peligros de la enfermedad. Aquellos que habían sufrido del mismo mal, sintieron el ligero privilegio de conocer en carne propia el "padecimiento presidencial" que, como se sabe, "duele un jurgo".

Este ejemplo sólo demuestra que la lagatería y la capacidad de estupidez humana permanccen incólumes con el paso de los siglos. Caso idéntico sucedió en Francia con las almorranas del Rey Sol. Cuando el monarca tuvo que ser operado, las almorranas ascendieron al rango de distinción, que convirtieron al feliz portador en motivo de envidia general. Los galenos de la época tuvieron que redoblar su jornada de trabajo para atender a los miles de personas que querían hacerse la "operación real". Lo que es peor, aquellos que no tenían almorrana alguna, también se mandaban operar.

Pero si bien la estupidez en su forma más sencilla y colectiva produce risas y sonrisas, nada más peligroso que un exponente de la estupidez a la hora de interpretar los deseos de su poderoso jefe. Un caso que ejemplifica muy bien esta temible posibilidad, sucedió en Alemania en tiempos de la realeza. Una vez que el rey Federico Guillermo pintaba un cuadro de cacería en el que sólo había esbozado la figura de un perro, uno de sus funcionarios le pidió que determinara una condena para los abogados del reino que ejercían cierto tráfico de influencias. El rey, sutilmente, pintó en su lienzo un patíbulo. El ministro tomó atenta nota y dictó el decreto:
"Todos los abogados que utilicen la intervención de los granaderos reales, serán colgados en compañía de un perro". Así las cosas, una de las tareas más difíciles de los mandatarios, es no sólo poder medir los posibles niveles de estupidez de sus colaboradores, sino contar con que éstos se sienten siempre dispuestos a interpretar no sólo sus ordenes sino sus silencios.

LOS CAMPEONES DE LA CONFUSION
Pero tal vez el sector de la sociedad que más se estremece cuando comienza un gobierno es la burocracia. De la noche a la mañana todos resultan viejos y fieles servidores del candidato triunfante. Para Tabori, el autor del libro, la adquisición de autoridad, muy frecuentemente determina la pérdida de la inteligencia, la atrofia de la mente y un estado crónico de estupidez. Las oficinas gubernamentales son viveros de estupidez. Voltaire los llamó "los campeones de la confusión" y durante los períodos de empalme, cuando cada funcionario teme por su puesto, los grados de ineficiencia alcanzan niveles alucinantes. Aunque existen funcionarios capacitados y responsables, cada habitante de este país puede citar, por lo menos, un caso de estupidez burocrática. Muchos pueden citar un mínimo de veinte y, si se suman todos, resulta una cifra impresionante. Tabori define al perfecto burócrata con un caso que le ocurrió caminando por Berlín: pidió a un policía que le diera señas para llegar a un determinado lugar. Este procedió a darle un complicado recorrido, imposible de entender para un turista. Finalmente Tabori decidió dar las gracias al oficial y preguntar más adelante. Cuando se iba, el policía lo detuvo y lo increpó:
"No me lo agradezca ¡Repítalo!"

Si bien todos los gobiernos han prometido reducir la burocracia en su volumen, ninguno ha podido eliminar de su funcionamiento algunas de sus más sobresalientes características: la facilidad para entorpecer el más sencillo procedimiento y su pasión por las palabras largas y las frases complicadas. Es un milagro que un común ciudadano pueda realizar una operación comercial después de leer: "Los siguientes artículos de esta ley, se aplicarán solamente a los comercios, es decir, a los artículos de la sección seis y de la sección ocho, que se refieren a la aprobación por los ocupantes de negocios de las órdenes emitidas con arreglo a las secciones de los artículos del párrafo c) de la subsección 1) de la sección siete, y a los artículos del párrafo a) de las sección doce...." Si la comprensión del lenguaje burocrático resulta difícil para cualquier cristiano, entender su manera de razonar es a veces imposible. Una firma de fabricantes de muebles envió esta carta a un cliente: "En respuesta a su orden de 20 sillones mediano le informo que la junta aprobó la entrega de sólo 10 unidades. Le rogamos nos envíe otra orden por 20 sillones, para que la junta la reduzca a 10 y pueda usted tener el número de sillones deseado." Para Paul Pabori cuando el burocratismo encuentra su forma más elevada y más peligrosa recibe el nombre de protocolo diplomático.

"JURISTUPIDENCIA"
Una de las cosas que entretiene más a los burócratas gubernamentales o no -y en general a este país, son las normas jurídicas. Son muchos los casos en los que importantes proyectos han encallado en un laberinto legal. O al contrario. Grandes arbitrariedades e injusticias que se han cometido gracias a la habilidad de un abogado con los códigos. La fascinación del hombre por disertación jurídica, ha encontrado extremos delirantes en la historia y constituyen prueba contundente de que la bobería humana es simplemente inagotable. Se han escrite libros sobre la situación jurídica de las abejas, de las palomas, de los perros y sendos textos de jurisprudencia sobre las cartas de amor y el problema de las bofetadas. El de las bofetadas es particularmente interesante e incluye cuatro capítulos: I. Definición de la bofetada; II. El que abofetea; III. El que es abofeteado y IV. Consecuencias de la bofetada. El alegato es sumamente complicado, a pesar de que parte de una pregunta muy simple: "Si durante un baile, un caballero pide a una darna que le conceda el honor de una pieza, y ella se rehúsa, el hombre tiene derecho a abofetearla? "

El período romántico de la jurisprudencia concluyó hace aproximadamente 50 años, pero la estupidez de quienes apelan a los juicios por los más nimios temas, contrasta con la cantidad de crímenes que se quedan sin juicio alguno. A pesar de que existen jueces eruditos y abogados brillantes, la complejidad de leyes y decretos, el desarrollo excesivo de parágrafos, cláusulas, subcláusulas y precedentes, codificados o sin codificar, parece haber creado un terreno extremadamente fértil para el desarrollo de una verdadera maraña de estupidez. Estas joyas de decretos aparecidos en periódicos norteamericanos, son una muestra de hasta dónde puede llegar la estupidez humana cuando de echar mano a la jurisprudencia se trata: "Los encargados de los bares, no contraen responsabilidad legal cuando juzgan la edad de los enanos"; "Los cálculos renales y los dientes extraídos, siguen siendo de propiedad del paciente"; "Cuando una manada de perros ocupa la vía de ferrocarril, no es necesario tocar el silbato para cada perro en particular"; "No es delito criminal desear que alguien se caiga muerto"; "Los expertos del yoyo no deben jugar frente a las escuelas porque son una tentación para los niños"; "Una mujer tiene derecho a divorciarse, si el esposo insiste en realizar todo el trabajo doméstico."

EL MALEFICIO DE LA DUDA
Pero si bien existe un gran número de gente dispuesta a perder el tiempo en temas inútiles, también se da muy a menudo la tendencia a ignorar a aquellas mentes clarividentes que luchan por hacer oír su voz en medio de los sordos. El séquito de estupidez humana que se arremolina en torno al poder, muchas veces se convierte en un muro de contención que no permite el paso a los inteligentes. Cada una de las invenciones conocidas hubiera podido ser aplicada muchos años antes de la fecha en que se difundió, si no hubiera sido por la incredulidad, por la estupidez de la duda.

El 11 de marzo de 1878 el físico francés Du Moncel, exhibió ante la Academia de Ciencia francesa una nueva invención de Edison: el fonógrafo. Después de la demostración, los científicos, indignados, resumieron el invento a un simple truco de ventriloquía. Algo parecido le sucedió a Francois Blanchard,inventor del paracaídas; al marqués Claude de Jouffroy, con la navegación de vapor; al inventor de la locomotora y a los deseubridores de los meteoritos, al eable submarino y a la luz eléctriea. Cuando por primera vez se habló de vacunas los científicos de entonces desecharon la idea con una pregunta: " Qué influencia ejercerán sobre el carácter humano los fluidos de cuatro patas?"

Los poetas, pintores, escritores y músicos no han corrido con mejor suerte. Shakespeare, en vida, leyó artículos como éste: " En el relincho de un caballo, en el gruñido de un perro, hay más sentido, y yo diría que más sentimiento humano, que en la ridicula tragedia de Shakespeare." El crítico se refería a Hamlet. Goethe pasó por algo similar: "Ni siquiera un hombre agobiado por la fiebre farfulla tantas estupideces como el Fausto, de Coethe." De Ibsen se dijo que era incapaz de seguir el sentido lógico de una idea y de Schiller que escribía innumerables páginas de repulsivas repeticiones. Algún crítico mucho más osado, trató de demostrar que Thomas Mann no sabía escribir en alemán.

De esta manera, una de la consecuencias más nefastas de la estupidez humana cuando está revestida de poder, es que tiende a perseguir, o en el menor de los casos a ignorar, a las reservas nacionales de lucidez.

Una manera fácil de clasificar a los grandes hombres de la historia, sería revisar y clasificar las fichas de entrada en las cárceles del mundo. Platón fue encarcelado y vendido como esclavo; Aristóteles fue llevado a prisión por ateo; Ovidio fue exiliado; Marco Polo estuvo preso en Génova; Maquiavelo cayó por orden de Giulio de Médicis; Martín Lutero fue secuestrado; Tomás Moro ejeeutado; Cervantes escribió Don Quijote en la cárcel; Francis Baeon vivió en la torre de Londres; Voltaire fue dos veees huésped de la Bastilla; Víctor Hugo vivió veinte años en el exilio; Dostoievski fue condenado a Siberia; Verlaine, Pushkin, Wilde, Sehiller, Bodelaire, la lista es interminable.

LOS MERCADERES DE INFIDENCIAS
Finalmente, otro de los fenómenos que se producen cuando se conforma un nuevo gobierno, tiene que ver con los desmesurados esfuerzos que hacen algunos por formar parte del grupo de "amigos íntimos" del presidente, no tanto para estar, como para poderlo contar. Así, la estupidez humana toma forma de "conocimiento absoluto" sobre dónde pasó el primer mandatario las vacaciones, cuál fue el resultadodel último partido de tenis y con quién lo jugó, a qué horas se levanta, a quién le pasa al teléfono y otra cantidad de actividades menores, que los usuarios de esa información transmiten como prueba contundente de su cercanía al "monarca". Se llega hasta el extremo de inventar un lenguaje especial o cifrado para demostrar que son "los distintos" o sea, los amigos del poder.

Durante el siglo XVII se impuso en los círculos cerrados de las cortes lo que se llamó la galanterie, una forma muy sofisticada de diferenciarse del resto de los mortales y cuya expresión más sobresaliente fue el lenguaje. La simple y común palabra "mano" resultaba muy vulgar para los exclusivos del rey, razón por la cual optaron por llamarla "la bella móvil" El "espejo" fue reemplazado por "el consejero de las gracias" y el natural "sillon" cambió su nombre por "holgura de la conversación" .

Al fin de cuentas, los casos de estupidez humana son inagotables y de una variedad infinita. La estupidez no surge sólo en tomo al poder sino a casi todas las actividades humanas. Brujerías, remedios repugnantes, espiritismo, zodíacos ("Dama de buena posición, nacida Escorpión, busca relacionarse con caballero Tauro. Motivo matrimonio); el sueño de la invulnerabilidad (pociones que evitaban que las balas penetraran el cuerpo); la escabrosa mezcla de creencias religiosas y prácticas sexuales y la sostenida búsqueda de la eterna juventud. Un manual de salud de 1710 aconsejaba al soberano: "No comer ni beber en exceso, abstenerse de súbitos accesos de pasión y elegir entretenimientos dignos. Pero, sobre todo en caso de epidemia abandonar la capital".

Por estos días de cambio de gobierno en los que para muchos se abre una ventana de posible acceso al poder, son muchos los casos que se prodrían recoger. En el conjunto, al paso que va el mundo, la estupidez toma formas cada vez más peligrosas y destructoras. Pero como dice el propio Tabori al comienzo de su libro: "Hay que encarar el problema con optimismo. Acabando con la raza humana, acabaremos también con la estupidez. Y ese es un resultado que la sabiduría nunca pudo alcanzar. Desgraciadamente la estupidez no duele. Si se pareciera a un dolor de muela ya se habria encontrado la solución. Aunque a decir verdad, la estupidez duele.... sólo que rara vez le duele al estúpido. Esa es la tragedia del mundo."

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