Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1992/08/31 00:00

LOS CHICOS MALOS

Los siquiatras señalan un alarmante aumento de la agresividad entre los adolescentes colombianos.

LOS CHICOS MALOS


EL TRAGICO SALDO DE 11 JOVENES muertos en un barrio de Bogotá a raíz de un enfrentamiento entre pandillas vuelve a poner sobre el tapete el tema de la violencia juvenil. Aunque el hecho tiene mucha similitud con los vividos en los barrios de la comuna nororiental de Medellín, al parecer esta vez no se trata de sicarios sino de bandas de jóvenes quienes, a raíz de un incidente sobre el robo de unos tenis, decidieron ajustar cuentas a bala. Sin desconocer que se trata de un caso insólito que ha causado estupor en la ciudadanía, lo cierto es que los hechos de violencia entre jóvenes no son un fenómeno aislado ni exclusivo de los sectores marginados. A diario en las secciones de urgencias de las clínicas privadas llegan adolescentes heridos en peleas de barrio. En las Comisarías de Familia se presentan con frecuencia casos de padres que son víctimas de la agresividad de sus propios hijos. La semana pasada, en un colegio al norte de Bogotá, un niño de nueve años le clavó el compás en el estómago a un compañero durante una pelea de recreo.
El tema de los adolescentes y la violencia no es nuevo. Sin embargo los expertos en salud mental coincidenn señalar que en los últimos años ha habido un alarmante incremento en la agresividad y un preocupante cambio en la forma como está es manejada. La pregunta es: ¿en quá punto la agresividad normal de la adolescencia se convierte en patológica? La respuesta no es tan clara, señala el siquiatra Francisco Cobos, especialista en problemas de adolescencia. "La agresión, como muchas otras cosas, es normal o patológica dependiendo del equilibrio que exista entre la acción del individuo y el ambiente en el que esa acción se desarrolla.
Si el ambiente admite eso, no puede decirse que es un comportamiento patológico.
Por ejemplo, hoy en día andar armado en ciertas zonas de la ciudad o del país, no es algo anormal. Esto indica que existe una relativa aceptación de la violencia".
Aunque los factores que inciden en la violencia juvenil son múltiples y bien conocidos incluyen desde la falta de afecto hasta el uso de drogas hoy tanto sociólogos como sicólogos asocian al incremento de los comportamientos violentos con la transformación de los modelos. Las nuevas generaciones forman sus valores a partir del proceso de identificación. "Sin embargo dice el especialista muchos adolescentes de hoy no consideran a sus padres como un modelo digno de imitar. Con alarmante frecuencia se les escucha describir a sus padres, hombres honestos que han trabajado toda la vida, como lo que no toca ser en la vida". En cambio, la imágen del "duro", que prefiere agredir que perder, ha ganado terreno entre los adolescentes. La intolerancia, el individualismo, la tendencia a querer solucionarlo todo por la fuerza son parte de esa cultura de la violencia de que tanto se ha hablado en los últimos años. En sicología, este es un proceso ampliamente estudiado bajo el nombre de Identificación con el Agresor, e "interviene decisivamente en la formación de los valores y se hace prominente cuando el joven acepta la omnipresencia del "duro", y decide ser como él, a través primero de la imitación y luego, naturalmente, de la introyección", explica el siquiatra.
Con 25 años de practica profesional en la atención de problemas de adolescencia, Francisco Cobos señala que en la consulta son cada vez menos los casos de jóvenes que sufren depresiones y más frecuentes los que cometen agresiones. "En principio, existe una teoría sobre la agresividad que dice que la gente más desarrollada sicologicamente tiende a volcar la agresión hacia si mismo, mientras quienes no tienen un desarrollo emocional adecuado lo hacen hacia los demás. Esto explica por que en países más desarrollados la incidencia de suicidio es alta y la de homicidios es baja".
En nuestro medio, en las últimas décadas ha ocurrido un cambio sicosocial en este sentido. "La agresión, de ser la expresión de una minoría, ha pasado a ser una tendencia social. Y la adopción de este tipo de valores por parte de los adolescentes crea una cultura que pasa a ser predominante cuando ellos se transforman en los adultos".
Lo cierto es que la agresión parece ser un denominador común entre los jóvenes de todos los estratos y condiciones. En un informe realizado por el doctor Cobos sobre "Adolescencia y violencia", presentado hace unos meses en el Congreso Mundial de Salud Mental, en México, el especialista cita un estudio realizado en Colombia por una importante agencia de publicidad con el fin de obtener un perfil de la población joven hacia la cual dirigir sus mensajes comerciales. La encuesta incluyó jóvenes de uno y otro sexo, de niveles socioeconómicos altos, y fue comparada con otra similar realizada hace 10 años. Una de las diferencias más notables entre las dos encuestas tiene relación con el hecho de que los jóvenes de hoy son también mucho más permisivos en cuanto a las transgresiones sociales en general.
Esta conclusión coincide con los resultados del estudio "Los jóvenes en Colombia: expectativas y realidades" realizado hace poco por la Consejería para la Juventud, la Mujer y la Familia. En una gran encuesta del Instituto de Opinión Nacional, que consultó a 4.500 jóvenes entre los 12 y 24 años sobre varios aspectos, a la pregunta "¿que tan aceptable cree usted que son los siguientes comportamientos?", los muchachos respondieron: Matar (dos por ciento); robar en los almacenes o aceptar sobornos (siete por ciento); sobornar funcionarios (nueve por ciento); no pagar multas (25 por ciento); mentir y evadir impuestos (28 por ciento).
Esta cruda radiografía sobre la ética en la juventud de hoy constituye una base, alarmante pero real, que hará más efectivas las políticas estatales hacia la población joven. Pero es también una voz de alerta para los padres de familia y educadores.
Gran parte de este problema radica en que los jóvenes colombianos no creen en nada. Varios estudios recientes dan cuenta de que una gran mayoría desearia vivir en el extranjero. "Un fenomeno social que se está dando en las grandes ciudades es lo que yo llamo la "patología del ghetto" dice el siquiatra.
La mayoría de los jóvenes no conocen su ciudad, ni su país. Esto esta creando una generación diferente, de jóvenes sin sentido de pertenencia". Por eso, una solución futura planteada en diversos foros por los expertos tiene que ver con el reforzamiento de elementos de identidad y arraigo y de credibilidad en las instituciones.
Al parecer el clima de violencia y los convulsionados acontecimientos que el país ha vivido en las últimas décadas, están interfiriendo dramáticamente en la transmisión de valores. Si bien los hechos que a diario sacuden la nación han creado la falsa imágen de que los colombianos son violentos sin remedio, eso no es algo que este escrito en los genes. Como señalaba hace un tiempo un lider juvenil, "los niños no nacen delincuentes: los hace la misma sociedad". Y si bien existe una cultura de violencia, eso también significa que esos comportamientos pueden ser modificados.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.