Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/02/10 00:00

LOS CIEN AÑOS DE UN SIMBOLO

Hace un siglo salió a la calle el primer antepasado del Mercedes-Benz

LOS CIEN AÑOS DE UN SIMBOLO

Resulta difícil de creer en Colombia, donde un Mercedes-Benz es algo tan codiciado que hay que guardar en el bolsillo la estrellita de tres puntas de la tapa del motor para que no se la roben, y los modelos más baratos cuestan mil salarios mínimos; resulta dificil de creer, pero de los doscientos mil empleados que tiene la Daimier-Benz, empresa fabricante de los famosos automóviles, sesenta mil cambian cada año su último modelo de Mercedes. Pero en fin: estrellita en el bolsillo o modelo tamaño natural en el garaje, el Mercedes-Benz es, sin ninguna duda, algo más que un automóvil: es uno de los mas eficaces símbolos de status del mundo contemporáneo. Y por añadidura, el más vistoso símbolo del poderio y el prestigio de la industria alemana. Un doble simbolo que, el 29 de este mes, cumple cien años.
Porque el hombre que registro la primera patente de automóvil de-la historia no fue Henry Ford, como podría hacerlo creer el éxilo espectacular de su empresa, basado en el celebérrimo Modelo T y en la úlilización de la producción en serie Dieciséis años antes que Ford, el 29 de enero de 1886, un ingeniero aleman llamado Karl Benz registraba la idea de un curioso aparato. Poco tenía que ver con los automóviles silenciosos y discretos, elegantes y vagamente mortuorios que desde hace décadas estamos acostumbrados a llamar Mercedes-Benz: era un ruidoso engranaje de tres ruedas que recordaba una desgarbada araña de hierro o prefiguraba un módulo lunar. Esa araña, sin embargo, había de poner los huevos de la industria del automóvil tal como la conocemos hoy. Y ya llévaba el apellido Benz. Sólo le faltaba el nombre: todavía no era Mercedes.
Para llegar al nombre completo -tan difícil de separar hoy como Rolis de Royce o como Ortega de Gasset-faltaban todavía años. Fue necesario que otro ingeniero alemán, Gotlieb Daimler. de la ciudad de Stuttgart, patentara el diseño de una motocicleta, y a fuerza de añadirle ruedas (hasta llegar a cuatro) acabara convirtiéndolo en el primer automóvil de cuatro ruedas impulsado por gasolina que circuló en el mundo: un pesado armatroste en forma de coche de caballos sin caballos.
Fue necesario que los dos, Daimler y Benz, fundaran cada cual su propia empresa, que el coche de Daimler evolucionara hasta convertirse en un veloz auto de carreras que se llevó a la velocidad impresionante de 180 Kms.h los tres primeros premios del Grand Prix de Francia en 1914, ya con el nombre de Mercedes puesto en honor de la hija del primer distribuidor de la compañía. Fue necesario que muriera Daimler y que muriera Benz y que sus sucesores se asociaran. Y sólo en 1926 pudo por fin la paciente araña Benz depositar sus huevos en una de las veloces carrocerias Daimler, y apareció en el mercado el automóvil que mayor y más constante prestigio comercial ha tenido en este siglo: el Mercedes-Benz.
No es un Rolls-Royce. El Rolls Royce pertenece al reino de los cielos, y no al mundo prosaico del mercado, No es tampoco un italiano de nombre atronador, un Maserati o un Ferrari sensible y nervioso como un violin de Cremona. Ni una cucaracha utilitaria como el Volkswagen o el Citroen dos caballos. Es otra cosa: es un Mercedes-Benz. La eficiencia probada de la ingenieria alemana, la solidez algo pesada de la música de Beethoven o de Wagner, y una cierta rigidez teutónica cn la linea, como un sabor de carro panzer de combate. Así como otros automóviles huelen a cuero, o a gasolina, o a nuevo, el Mercedes-Benz sólo huele a Alemania Y a pesar de eso-o tal vez a causa de eso mismo-los mejores mercados de la Daimler-Benz no están en Alemania, sino afuera. Mil ochocientos automóviles diarios salen de la casa matriz, a pocos kilómeiros de Stulígart, pero de los veinte mil millones de dólares anuales de ventas la parte del león viene del mercado norteamericano.
En los Estados Unidos lo compran -segun las estadisticas de la empresa-profesionales de 46 años que viven en los suburbios de las grandes ciudades (que es donde viven en los Estados Unidos todos los profesionales de 46 años). En el resto del mundo lo adquieren los diplomaticos, los graudes industriales, los jefes dc Estado; !En Colombia, los cerebros fugados. Un Papa -Pablo VI que compró una ez un largo Mercedes-Benz con silla gestatoria incorporada les dio a los alemanes la primera verdadera revancha sobre la Iglesia de Roma que han tenido desde que Martin Lutero armó hace cinco siglos el Cisma de Occidente. El Mercedes Benz es Alemania en el mundo.
Y sin embargo hace diez años los alemanes estuvieron a punto de perderlo. En la época de la borrachera de petróleo de los paises produciores, el gobierno de Kwuait adquirió el 14 por ciento de la compañía. El Sha de Irán fue más lejos, y pretendió comprar de un golpe el 29 por ciento. Alemania entera puso el grito en el cielo, un consorcio de bancos irreprochablemente alemanes impidió que se consumara el delito de lesa patria. Y gracias a ellos el Mercedes-Benz puede llegar a su siglo de existencia siendo alemán por los cuatro costados, con su austero motor luterano y sus sólidas finanzas en marcos, con su nombre de jovencita y su apellido de blitzkrieg, a un tiempo soñador y cuadrado como el alma alemana.
Y si no fuera un símbolo tan evidente de la opulencia capitalista, también Alemania Oriental querría que fuera suyo.--

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