Miércoles, 22 de octubre de 2014

| 2013/08/03 03:00

Los hombres también tienen reloj

La evidencia científica señala cada vez más que, después de los 35 años, la fertilidad masculina se reduce y ellos podrían pasar mutaciones genéticas a sus hijos.

Los hombres también tienen reloj Foto: Javier de la Torre Galvis / Semana

Las mujeres siempre han estado sujetas a la edad para tener hijos. Esto se debe a que desde que nacen tienen un número de óvulos determinado para concebir y la calidad de estos empieza a disminuir a partir de los 35 años. 

Por eso muchas sienten presión de ejercer la maternidad al bordear los 30. Los hombres, por el contrario, siempre han tenido una gran ventaja en ese frente porque su capacidad de reproducirse solo termina con la muerte.

Pero una serie de estudios hechos en el último año señala que esta supremacía masculina podría acabar, pues la vitalidad de los espermatozoides también empezaría a disminuir a los 35 años. Aunque su declive no es tan drástico como el de las mujeres,  y eventualmente un hombre viejo puede dejar embarazada a una mujer joven, sus hijos podrían recibir un legado genético defectuoso que resultaría en problemas físicos graves, como la esquizofrenia y el autismo.  

Todo esto ha llevado a reevaluar la idea de que los hombres son máquinas permanentes de hacer hijos. Aunque se ven ejemplos como el de Steve Martin, quien tuvo el primero a los 67 años o el de Rupert Murdoch a los 72, los padres viejos pondrían en peligro la salud de los hijos más que las mujeres que conciben después de los 35.

El trabajo más reciente fue hecho por Bronte Stone, de los laboratorios Reproductive Technology de Los Ángeles, con muestras de más de 5.000 hombres de entre 16 y 72 años. Stone encontró que la cantidad y calidad de los espermatozoides después de los 35 años disminuye evidentemente y ello influye en la capacidad para dejar embarazada a una mujer, sin importar su edad. También aumentan los abortos espontáneos. 

Este estudio se suma a otros que el año pasado causaron revuelo. Por ejemplo, el publicado en  agosto de 2012 en la revista Nature mostró que la alta tasa de nuevos casos de esquizofrenia y autismo estaría asociada a que está aumentando en el mundo la cantidad de padres tardíos: en Estados Unidos, por ejemplo, ha crecido en un 47 por ciento el número de los que tienen hijos entre 35 y 39 años, y en un 61 por ciento entre 40 y 44 años.

 En Colombia también se ven más casos de padres viejos especialmente en estratos altos, porque los hombres, como las mujeres, están posponiendo el momento de tener hijos y porque ha crecido  el fenómeno de las segundas uniones.

En el trabajo de Stone se analizaron los genomas de 78 parejas islandesas que tuvieron un hijo con esquizofrenia o autismo. Al comparar los genomas de todos con la población general, los especialistas determinaron que el 97 por ciento de los errores genéticos de estos niños fueron aportados solo por el padre. 

Un estudio hecho en mayo, publicado también en Nature, encontró algo parecido: los padres mayores tienen una alta posibilidad de tener hijos con autismo y esquizofrenia, y esta probabilidad aumenta cada 16 años.

Así mismo, la revista American Journal of Men’s Health publicó un trabajo extenso en el cual los investigadores hallaron que los bebés de papás entre 40 y 45 años tenían un 24 por ciento de riesgo adicional de morir al nacer  que los de hombres entre 25 y 29 años. 

Los hijos de padres viejos también tuvieron un 19 por ciento más posibilidades de tener bajo peso y casi un 50 por ciento más riesgo de ser prematuros. Otros estudios asocian la edad del padre con niños con paladar hendido, enanismo, esclerosis fibrosa y cáncer. 

Para entender lo que está sucediendo hay que tener en cuenta que los hombres pueden producir estas células germinales toda la vida,  y de hecho, cada 16 semanas el organismo masculino fabrica un nuevo batallón. Pero lo que se ha encontrado es que los lotes que se producen a los 20 años no son iguales a los que se hacen a los 60, pues en cada proceso se acumulan errores genéticos que dañan la calidad del producto. 

De esta forma, a los 20 años un hombre pasa a su prole tan solo 15 a 20 mutaciones, pero a los 45 años la cifra aumenta a 65. Las mujeres, en cambio, pasan solo 15 en su limitada vida reproductiva. En ese sentido, “los hombres tienen más posibilidades de introducir mutaciones que afectan la salud de los niños”, dice a SEMANA Dolores Malaspina, investigadora de la Escuela de Medicina  Langone de la Universidad de Nueva York.   

Todas las enfermedades genéticas están ligadas a la edad. Andrés Gutiérrez Aparicio, especialista del centro de fertilidad Reprotec, explica que a los 30 años una en 2.000 mujeres puede tener un hijo con síndrome de Down, pero a los 40 esa posibilidad es de 1 en 100.

“En los hombres cada cinco años el riesgo de tener esquizofrenia y autismo aumenta un 20 por ciento”,  dice Gutiérrez. Además, según Malaspina, los riesgos incrementados de una mujer de dar a luz a un niño con síndrome de Down, pueden verse en los cromosomas pero “las mutaciones de los padres no son observables”.

Para complicar más las cosas, algunas toxinas en el ambiente estarían incrementando estas alteraciones. Un informe hecho en Europa del norte encontró que 1 en 5 hombres tiene conteos de espermatozoides tan bajos que comprometen su fertilidad. 

Más alarmante aún fue un trabajo reciente hecho en Francia en el que se estableció que entre 1989 y 2005 el conteo promedio de espermatozoides en un hombre de 35 años ha disminuido un 32 por ciento. El problema es tan crítico que en la reunión anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología se debatió durante un día si existía una ‘crisis de los espermatozoides’.

 

Factores como fumar, dormir mal y una dieta basada en comida chatarra incrementarían el problema. Pero también se han añadido nuevas variables como los pesticidas, el plomo y otros contaminantes químicos en el ambiente.

Todo esto ha llevado a poner sobre la mesa la idea de que los hombres también tienen su propio reloj biológico. Es cierto que la situación en términos reproductivos es diferente para ambos sexos. Ellas tienen una fertilidad que va decayendo con el paso de los años y luego, con la menopausia, dejan de ser fértiles. Esos dos momentos son la base de su reloj biológico. 

Los hombres, en cambio, pueden tener niños cuando quieran pero el costo de hacerlo tarde es enorme por el incremento de los problemas físicos que generaría en su hijo. No obstante, “para ellos es una decisión personal si toman esos riesgos o no”, dice Malaspina. 

Algunos expertos consideran que estos nuevos estudios traerán un cambio de comportamiento. Según Susan Newman, una psicóloga especializada en paternidad, a los hombres viejos ya les preocupaba si a una edad mayor podrían tener la fuerza y el vigor para criar a un niño. 

“Aunque no es una razón biológica, les daba una pausa. Estas nuevas investigaciones añadirán una nueva razón para decir no”, dijo a SEMANA. Con ella está de acuerdo Liliana Umaña, médica de la Unidad de Fertilidad de Profamilia, quien cree que los padres mayores no tienen la misma vitalidad para criar.

Es cierto que una solución puede ser congelar los espermatozoides. Pero para Gutiérrez Aparicio la paternidad senil no es lo lógico. Lo ideal es que la gente tenga los hijos joven porque la biología la favorece a los 20 años y no a los 40. Señala que los casos de Steven Martin y otros famosos que tuvieron hijos después de los 50 son más bien anecdóticos, pues la fertilidad a esa edad ya se ve comprometida. 

“A los 39 de ella y los 40 de él ya estamos trabajando con los saldos biológicos que les quedan”. Y eso que lo que se ha encontrado hasta ahora sobre este tema es apenas la punta del iceberg.

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