Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2013/02/26 00:00

Los moteles de Río de Janeiro cambian el sexo por el fútbol

Están remodelando los moteles para alojar a la avalancha de turistas que traerá el Mundial en 2014.

En Río de Janeiro los moteles son cada vez menos rentables. En la actualidad solo alcanzan lleno total en época de Carnaval. Foto: .

La escasez de habitaciones de hotel llevó a las autoridades de Río a invertir millones de dólares para convertir los moteles en hoteles familiares que acojan las legiones de turistas que se esperan para el Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 de verano.

Shalimar, ubicado en el distrito de playa de lujo de Leblon, es uno de los 60 moteles que están siendo sometidos a un cambio extremo. De sus habitaciones desaparecieron las tinas de hidromasaje, las camas en forma de corazón, los espejos en el techo, el tubo de pole dance y las máquinas del amor para dar paso a camas sencillas y decoración minimalista.

A las afueras de este motel se puede observar en el cesto de la basura una gran escultura de Venus, sucia y rota, y otros aditamentos que incitan a la pasión pero que fueron desechados pues podrían espantar a los nuevos clientes, hinchas de fútbol y sus familias que se darán cita en esa ciudad en el 2014 para la mayor fiesta del fútbol.

"Hay un problema de suministros de cuarto de hotel pero estamos trabajando en ello", dijo el alcalde de Río, Eduardo Paes, en una entrevista reciente.

Río de Janeiro, que alberga a seis millones de personas, cuenta actualmente con 32.436 habitaciones: 20.414 en hoteles y 12.022 repartidos en moteles, hoteles de apartamentos, hostales y albergues pero no son suficientes para responder la demanda. Por eso la alcaldía ha invertido más de 100 millones de dólares en convertir 3.500 habitaciones de motel. El objetivo es alcanzar un total de 47.788 habitaciones disponibles en 2015.

"Moteles será una opción para aquellos que vienen a Río, junto con hoteles económicos en zonas exclusivas de la ciudad", dijo Alfredo Lopes, presidente de la Asociación Brasileña de la Industria Hotelera (ABIH-RJ).

Incluso la refacción de los moteles va más allá de la arquitectura y los empleados están recibiendo entrenamiento especial y cursos de idiomas para responder a las necesidades de la nueva clientela.

Y es que en Río de Janeiro los moteles son cada vez menos rentables. Su auge alcanzó su punto máximo en la década de los 70 y 80, pero en la actualidad solo alcanzan lleno total en época de Carnaval.

“Todo muchacho quería cumplir 18 años para poder ir a un motel”, recuerda Antonio Cerqueira, vicepresidente de la ABIH-RJ y propietario del Shalimar. Pero esa situación está cambiando por el aumento de los casos de sida y un cambio cultural en las familias. “Antes no se podía ni imaginar llevar a la novia a dormir con uno en la casa de los padres, pero desde hace años eso es normal”, agrega Lopes.

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