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| 6/8/2013 12:00:00 AM

Los nazis se drogaban para rendir en la guerra

Cartas revelan que los soldados nazis usaban estimulantes para mejorar su rendimiento.

En un intento para inyectarle energía a su joven, pero exhausta fuerza de lucha en la Segunda Guerra Mundial, los nazis acudieron a sustancias adictivas y potencialmente peligrosas. Entre ellas se incluye la que se conoce hoy como metanfetamina, una droga ilegal y cuyo consumo es un problema creciente en Europa. Así lo revelaron las cartas que soldados como Heinrich Boll, famoso escritor alemán ganador del Nobel de literatura en 1972, le enviaba a su familia.

Cuando era un militar en sus veintes, Boll les rogaba en una carta a sus padres que lo abastecieran de una droga llamada Pervitin, un estimulante y, según un reporte del diario alemán Der Spiegel, precursor del crystal meth.

En una carta del 20 de mayo de 1940, el joven soldado explica que una de estas pastillas lo mantenía tan alerto como varias tazas de café. Además, cuando tomaba el Pervitin, podía olvidar temporalmente las dificultades y los horrores de la guerra; podía, al menos por un tiempo, “ser feliz”.

Pronto el fisiólogo del ejército, Otto Ranke, se dio cuenta del valor de la sustancia: la pastilla no solo alertaba a los combatientes insomnes (particularmente a los pilotos) sino que ponía eufórica a las fuerzas. La metanfetamina, según Der Spiegel, “era la droga perfecta para la guerra”.

La droga se popularizó en la década de los treinta por la compañía berlinesa Temmler Werke y pronto el compuesto se distribuyó dentro del frente alemán junto a su reputación de “píldora milagrosa”. Wehrmacht, el ejército alemán de la Segunda Guerra Mundial, terminó por distribuir millones de estas tabletas en el frente a las que llamaban “panzerschokolade” o “tanque de chocolate”.

Sin embargo, la verdad sobre la sustancia no es tan fenomenal.

Los usuarios modernos de la metanfetamina experimentan un aumento de su energía y una alteración del estado de consciencia intensa y placentera. Con el tiempo, la sustancia produce trastornos en las funciones cerebrales como ansiedad, confusión, insomnio, alteraciones del ánimo, comportamiento violento, paranoia, alucinaciones visuales y auditivas y delirios.

El mismo reporte sugiere que, mientras los líderes alemanes atiborraban a sus soldados con la droga, los doctores tenían ciertas reservas. El ministro de salud del Reich, Leonardo Conti, intentó restringir el uso del Previtin con poco éxito. A esto pudo contribuir que Theodor Morell, médico personal de Adolf Hitler, le aplicara inyecciones diarias de metanfetamina desde 1942 hasta su muerte en 1945.

La noticia sobre los poderes de la sustancia se esparció y pronto los pilotos de las tropas aliadas, como las británicas, comenzaron a experimentar con ella. Sin embargo, las pruebas terminaron pronto cuando los soldados no podían mantener la atención, se agitaban, se tornaban agresivos y sufrían alteraciones mentales a largo plazo.

Los alemanes notaron los mismos efectos. Algunos soldados murieron de insuficiencia cardiaca y otros se suicidaron durante episodios psicóticos. Otros, simplemente, se volvieron adictos y experimentaron los efectos de la dependencia y la abstinencia: sudoración, mareos, alucinaciones y depresión.

Pero este estimulante no fue la única sustancia adictiva que las tropas nazis emplearon para ayudarles a sus soldados a llevar a cabo sus actividades diarias. Se ha reportado que el alcoholismo era prevalente e incluso estimulado entre los militares.

Aun en la década de los sesentas, Temmler Werke les suministraba la droga a los ejércitos de la Alemania oriental y occidental. No fue sino hasta finales de los setentas que las fuerzas armadas del oeste del país, Bundeswehr, retiraron el Pervitin de su arsenal médico. El Ejército Oriental Nacional de la Gente no hizo lo mismo sino hasta 1988.
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