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| 11/3/1986 12:00:00 AM

LOS NIÑOS INQUISIDORES

Ola de hijos que denuncian a sus padres por consumo de drogas en los EE.UU.

Todo comenzó con Deanna Young, de 13 años, quien entró al departamento de Policía del condado de Orange, California, el mes pasado, llevando consigo una bolsa de basura. Esta contenía cocaína por valor de 2.800 dólares, alguna marihuana y toda clase de parafernalia para el consumo de drogas que Deanna había recolectado en la habitación de sus padres. Bobby, un barman, y Judith, una escribiente de la Corte, fueron arrestados por la Policía, y Deanna conducida a un instituto especial para niños perjudicados por sus padres. Esta semana Bobby y Judith Young serán acusados por posesión de cocaína.

INQUISICION FAMILIAR
Deanna está de regreso en casa con sus padres, pero las repercusiones de sus actos han trascendido el ámbito del hogar de los Young. Un buen número de otros niños y adolescentes norteamericanos, influidos por la cobertura que los medios de comunicación le dieron a la historia de Deanna, se han unido a la campaña nacional antidroga mediante un recurso que sonaba aterrador cuando se contaba, a nivel anecdótico, de los niños cubanos que entregaban a sus propios padres cuando estos privadamente no estaban con la revolución: muchos niños norteamericanos están acusando a sus progenitores ante la Policía cuando descubren que estos son consumidores de drogas.
. Durante su primer día de clases, una estudiante de 11 años de un colegio en Los Angeles le reveló al policía de su escuela que sus padres fumaban marihuana y cultivaban unas plantas en el jardín de la casa. Agentes antinarcóticos fueron a la casa de la niña y encontraron una planta de marihuana de casi cuatro pies. Irónicamente, el padrastro de la niña, el músico Andre Ray, había dado un concierto antidroga en el colegio de su hija el año pasado. El procurador distrital resolvió no hacer cargos.
.La abuela de Kimberly Bernal le aconsejó que llamara a la Policía si alguna vez veía a su padres utilizando droga. El 29 de agosto la niña, de 12 años, telefoneó a la estación de policía de Fremont, California, y contó que sus padres estaban en la casa "haciendo cocaína". La Policía no encontró cocaína, pero en cambio sí descubrió hongos alucinógenos, medio gramo de metanfetamina, 1.8 gramos de marihuana, 200 cigarrillos de marihuana parcialmente consumidos y unas cuantas matas en el jardín trasero. Los padres de Kimberly fueron acusados por posesión de drogas.
. Jeremy Bump, de 13 años, de Speed, Ind., telefoneó al departamento del sheriff del condado para expresarle su preocupación en el sentido de que su padre y su madrastra fumaban algunas veces marihuana. Mickey y Connie Bump enfrentan en la actualidad cargos de la justicia por posesión de 26 gramos de yerba.
. Un niño de trece años llamó a la oficina del sheriff en Silver City, Nuevo México. Cuando la Policía arribó a la vivienda, el niño los esperaba con una caja de metal, que contenía marihuana y que sus padres guardaban entre el ropero de su habitación. No hubo cargos. "Eran buenos padres y habían advertido a sus hijos sobre el peligro del uso de drogas", dijo el teniente Dan Duna gan. "Pero ellos, sencillamente, no habían estado siguiendo sus propios consejos".

NIÑOS ESPIAS
Hay docenas de casos más. Pero no todo el mundo parece estar convencido de que las denuncias de los niños sobre el consumo de drogas por parte de sus propios padres constituyan un paso esperanzador hacia un país libre de drogadicción. Algunos piensan que fomentar esta actitud en los niños amenaza la unidad familiar. Y se preguntan: ¿la eventual ayuda que termine recibiendo un padre consumidor de drogas que ha sido denunciado por su propio hijo, vale el riesgo de quebrar una familia?
Algunos expertos encuentran las raíces del problema en la nueva brecha generacional que se ha abierto a medida que los padres, miembros de la generación del 60, les entregan a sus hijos mensajes contradictorios con respecto a la autoridad y al uso de drogas. Esta generación experimentó con todo: drogas, sexo. Rompió todas las reglas preestablecidas. En contraste, la actual generación infantil está marcada por una gran dosis de temores, no sólo con respecto a la guerra nuclear sino en relación con la economía. De los tests sicológicos resulta que le tienen miedo a la muerte. Ven a sus padres utilizando drogas, y entran en pánico.
No es una mera coincidencia que los niños norteamericanos que han llevado a sus propios padres ante la Policía estén entre los 11 y los 13 años.
Según el experto en sicología infantil y autor de "El niño afanado", David Elkind, " es una edad en la que los niños de hoy están pensando en construir ideales, por primera vez. Es muy común que estos niños sean hipercríticos de sus padres durante esta etapa, cuando descubren que ellos no se acoplan a estos ideales".
Pero algunos sicólogos tienen rotundas opiniones en contra: "Forzar a un niño a que se sienta responsable de la conducta de sus progenitores es sicológicamente dañino, porque obliga al niño a convertirse en un padre de sus padres".
Por otro lado, no siempre los niños están en condiciones de calcular las consecuencias legales y prácticas de denunciar a sus padres ante la Policia. Pueden no saber que su acción determina que estarán separados de sus progenitores durante un largo período, en el que permanecerán bajo la tutela del Estado. Deanna Young, por ejemplo, reaccionó violentamente ante la posibilidad de ser mantenida alejada de sus padres durante los nueve días que vivió en la institución especial. Desde el principio insistia en ir a casa. Nunca entendió la secuencia de acontecimientos que su acción desencadenó .
Los sicólogos y la Policía están de acuerdo en que los niños de padres consumidores de drogas sólo deben acudir a las autoridades como último recurso. Desafortunadamente, muchos niños pueden no encontrar otro sitio donde refugiarse. Pero de cualquier manera se aconseja que los niños hablen primero con sus padres, y si esto no funciona, acudan a parientes, sacerdotes, profesores o doctores, antes que ir directamente a la Policía .
En ningún caso es bueno para una sociedad, para un país, concluyen los sicólogos, que la unica forma como los niños crean que pueden obtener ayuda para sus padres es haciéndolos arrestar. La institución de los "hijos inquisidores" sólo produce la destrucción de la familia.
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