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| 12/21/2013 12:00:00 AM

Los perros V. I. P. de Bogotá

Hasta 2 millones de pesos al mes puede gastar una persona en su mascota.

La vida para un perro de estrato 6 en Bogotá, residente en barrios como La Cabrera, Rosales, o Santana, en ocasiones está llena de lujos y antojos que cualquier ser humano podría envidiar. Múltiples bienes y servicios para mascotas, responden a las necesidades que demandan las clases pudientes para sus perros. Lujosos colegios, cursos libres, instructores privados, hoteles de cincoestrellas, guarderías, clínicas, paseadores a domicilio, boutiques de alta gama y hasta fiestas de Halloween y de navidad para caninos ‘puppies’ se ofrecen en Bogotá y sus alrededores. Tres historias entre tantas, son apenas la muestra de un botón.

CAIFÁS Y SU CLAN.  PILAR Y JAIME

No todo es en honor al lujo  per-se. Para ciertas familias, los perros constituyen el sustituto de los hijos que no tuvieron. Jaime Delgado, alto ejecutivo, de sesenta años y su esposa Pilar Samper, residentes en el norte de Bogotá, han dejado a veces su comodidad, por privilegiar a sus ocho mascotas; unas puras, otras criollas adoptadas o incluso recogidas en la calle. “No tuvimos hijos pero tenemos a Caifás, Brisa, Tabaco, Pelé, Miel, Pecas, Cuqui y Tomate”. 5 viven en Bogotá y tres en Coveñas.

Las ‘cachacas’ se pasean orondas por el impecable apartamento, sin olor a animal pero lleno de retratos de perros. Cuatro cuartos con cinco camas sencillas que invitan a 'arruncharse', son para los caninos.

Esta pareja se burla de las marcas y de los colegios para canes; argumentan que aunque los suyos fueron adiestrados, lo que les importa es que estos sean felices. “mis hijos son unos gamines” y añade que sus lemas son salud, amor y dinero, en ese orden. 

Por ello Caifás, Rodesia puro, bonachón, ‘buena vida’ y artrítico, está postrado por cuenta de una fallida cirugía de 3 millones de pesos, en una cama de 130 mil  que le cambian cada 2 meses ($ 780.000 al año). Usa pañales talla L que Pilar le cambia 6 veces al día, para un costo mensual de 320 mil pesos.

A Caifás, ‘sus papás’ le mandaron hacer dos carritos de 800 mil pesos cada uno, para poderlo movilizar en Bogotá y en las fincas. También recibe aromaterapias y acupuntura contra la ansiedad, con un costo de 350 mil pesos mensuales, que ni siquiera desvela a los amos, porque  ellos "no hacen cuentas".  

Las jornadas de las mascotas transcurren con calma. Se levantan cuando quieren. A las 12 del día, Rubén, el paseador  recoge a Tabaco y Brisa, para acompañarlos a la caminata diaria de cuatro horas, cobra 400 mil pesos por mes. También llega una camioneta adaptada con jacuzzi y tina; en ella Pelé y Miel tomarán un baño de espuma, enjuague bucal y les cortarán el pelo y las uñas. Por este lujo Jaime paga 280 mil pesos cada mes.

Oscurece, son las 6:00 p.m., hora de cenar. Royal Mobility, Support Canin -granulados antioxidantes-, además de los Alpinitos, salchichas Koller, papaya y premios representados en galletas, deleitan el paladar de los comensales. Jaime desembolsilla  para la comida la suma aproximada de 1 millón de pesos por mes, sin contar lo que gasta para sus ‘hijos’ en la Costa.

Hoy se rompe la rutina, toda la familia está ansiosa; es navidad y como las vacaciones no pueden faltar, las cinco mascotas se van a Coveñas (cuatro veces al año) por tierra, con Pilar, la nana  y el chofer, quien viene en avión desde Medellín a recogerlos. Antes todos se iban en avión, pero las aerolíneas prohibieron montar a las mascotas por el exceso de peso de los guacales. “Caifás era un ‘viajero frecuente’ de Avianca, viajaba cada semana conmigo, pero nunca le dieron el carnet de fidelidad, LifeMiles” dice Jaime.

Estos ocho ‘niños’ que llevan vida de reyes, hacen felices a sus ‘papás’, para quienes, sin embargo, “no se pueden perder los límites ni sobreponer  los animales a las personas” dice Jaime; pero, “sin ellos nuestras vidas carecerían de sentido, salsa e intensidad”, remata Pilar.

JACK Y DANIEL

Daniel, músico de 35 años y dependiente de los perros, es dueño del International Dog House un hotel de cinco estrellas, ubicado en la carrera séptima con calle 235, en Bogotá. Allí alberga a varios perros ‘estrato seis’.

Daniel es el amo de Jack, de 3 años con pedigree, de raza Old English Sheepdog. Él vive en las pasarelas, se ha ganado 35 premios, lo cual ha aumentado su valor, que hoy asciende a ocho millones de pesos.

Jack es un privilegiado, pues cuenta con hotel, guardería, clínica, colegio, restaurante, gimnasio y adiestrador propios. De lo contrario, los costos serían mayores de lo que el músico da mensualmente por Jack, pues para participar en los concursos (doce al año) debe inscribirlo, y pagar en total $1’200.000; sin sumar los 600 mil pesos por la comida y todos los demás gastos mensuales que Daniel nunca contabiliza, como la profilaxis, limpieza mensual de dientes con láser.

En este impecable hotel multi-servicio, atendido por el médico clínico Luis Gregorio Gualteros, descansan plácidamente 100 perros ‘de compañía’. Algunos de sus dueños pagan por el colegio, de lunes a viernes 500 mil pesos mensuales. Si optan por hotel, la noche oscila entre 25 mil y 35 mil pesos, según la raza y el tamaño del huésped. El transporte puerta a puerta cuesta entre 200 mil y 400 mil pesos y el veterinario, 45 mil. 

La contadora afirma que en promedio los amos de los caninos pagan un paquete de servicios que oscila entre los 400 mil y 650 mil pesos, sin comida ni peluquería.

TOBBY Y ANTONIA

Antonia Bernal, de once años se declara una niña feliz. Fue adoptada por una exitosa odontopediatra, madre cabeza de familia. Pedía una hermanita a gritos, pero su madre que reside en el barrio La Cabrera de Bogotá, decidió no tener ni adoptar más hijos y le colmó los deseos a Antonia, con Tobby, Terrier Hand Land  quien hoy se mete por cada rendija del alma de la niña. 

Tobby es autodidacta, no va al colegio, tampoco tiene paseador, ni lujos extravagantes, pero si una empleada que lo ‘enseña a bailar vallenato’ y lo pasea tres veces al día por el Parque del Virrey.

Los gastos mensuales básicos de Tobby, en total ascienden a 430 mil pesos, sin contar lo que se gasta en diversión.

"En lo que si se desboca Anto es en chucherías", dice la mamá. Su hija es adicta a la boutique Animal Center, en el Barrio Rosales, a donde solo puede ir a mirar o comprar uno que otro antojo, porque en la tienda todo es demasiado costoso. Esta ofrece mercado de lujo para perros con identidad: juguetes que oscilan entre los 6 mil y 40 mil pesos, camas hasta de 540 mil pesos, chalecos ‘Karlie’ de 120 mil, correas entre 90 mil y 150 mil y disfraces de 80 mil. 

Mientras Antonia se deleita con la mirada, observa a una señora que sale de la 'boutique' acompañada de una niña de 9 años, un labrador y una French Puddle. La mujer pagó en efectivo dos millones de pesos. 

Antonia le replica a su mamá "¿porque ella si puede y yo no?", y esta le responde, "Porque no somos ricas y aunque lo fuera esa plata la invertiría en niños que no pueden ir al colegio".

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