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| 5/13/2017 10:15:00 PM

Adiós al fin de semana

Los sábados y domingos se volvieron días para trabajar, hacer diligencias y tareas domésticas. Un libro recomienda cómo recuperar esas 48 horas de reposo.

Jorge, un banquero casado y con dos niños de 3 y 5 años, todos los lunes al llegar a la oficina besa el escritorio. “El fin de semana es tan agotador que regresar al trabajo se siente como un descanso”, dice. María Martínez, una consultora y madre de una niña de 8 años, sueña con un sábado de lectura en el jardín, cine y caminatas por la montaña. Pero en lugar de eso, ese día debe decidir entre arreglar la casa, llevar a su hija a clase de tenis y hacer las diligencias que no logró de lunes a viernes. El domingo está agotada y sin energía para comenzar de nuevo. Katrina Onstad, una escritora canadiense, madre de dos, vivía una situación similar, pero decidió hacer algo al respecto.

Al notar que había perdido esos días de descanso, Onstand investigó el tema y encontró que es un mal generalizado: las personas en su mayoría pasan los fines de semana más ocupadas porque emplean ese tiempo para hacer el trabajo extra de la oficina, arreglar la casa, pagar cuentas, ir al mercado y hacer vueltas. Quienes tienen hijos pequeños, además de todo eso, deben ir a piñatas, clases extracurriculares o reuniones en el colegio. En ciudades de tráfico congestionado, evacuar la lista de cosas por hacer es una odisea.

Sus hallazgos se convirtieron en un libro, The Weekend Effect, donde no diagnostica la enfermedad, sino que da una prescripción para recuperar el descanso. Porque aunque muchas de estas decisiones dependen de la estructura de la empresa o de una cultura difícil de navegar a contracorriente, aún hartos aspectos del fin de semana dependen de decisiones personales.

Descansar dos días consecutivos es importante, especialmente, porque permite cultivar las relaciones sociales. Aunque internet ha ayudado a estrechar esos lazos, solo con el contacto físico se crea la empatía, el entendimiento y se construye una comunidad. Hoy, sin embargo, “la gente ya no se ve con sus amigos ni hace voluntariado por falta de tiempo”, dice la autora. Los fines de semana que recargan energía son aquellos en los que hay conexión social y algún tipo de escape de sí mismos, dice ella. “Cualquier actividad que nos  introduzca a un estado de fluidez en el que se sienta parte de algo más grande”, explica.

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La falta de esas experiencias cansa la mente y enferma. El riesgo de infarto entre empleados que trabajan 55 horas o más es 33 por ciento más alto que quienes trabajan 35 o 40. Los trabajadores sobrecargados, además, son menos productivos, cometen más errores y son infelices. Por eso, cuando se enfrentan a la realidad de iniciar una nueva semana sienten la ‘tristeza del domingo por la tarde’, un síndrome ampliamente documentado en el que al individuo lo invade la nostalgia porque termina el fin de semana y llegan el estrés y ansiedad por el comienzo de un nuevo ciclo. Onstad dice que esos dos días libres fueron una gran conquista de los sindicatos en el siglo XIX. “Ver cómo hoy la gente los tiene comprometidos en cosas diferentes al descanso es un poco una traición a ese logro histórico”.

Esta versión moderna del fin de semana agotador se debe en parte a que hoy estar ocupado es un símbolo de estatus. “No tener tiempo nos hace sentir requeridos y poderosos”, dice Onstad,  y lo demuestra con un estudio de Harvard en el que los investigadores mostraron dos notificaciones en Facebook, una de una mujer que había trabajado mucho y estaba agotada y otra de alguien que caminaba en un parque con su perro. A la primera los usuarios la percibieron  como de mayor estatus mientras a la segunda la consideraron débil.

A lo anterior se suma la llegada de tabletas y teléfonos inteligentes que han desdibujado la línea física que separaba al trabajo del descanso. La oficina viaja a todas partes gracias a estos artefactos tecnológicos, por lo cual hoy los trabajadores están disponibles 24/7. Además, la economía global actual es inestable y competitiva. En ese contexto no muchos se arriesgan a salir de su oficina a las cinco de la tarde cuando el del cubículo de al lado se queda hasta las once de la noche.

El consumismo es otro factor pues para comprar se requiere dinero y para tenerlo hay que trabajar más. La nueva economía gig, en la cual ciertos negocios nunca cierran como Amazon, Uber, Lyft y Airbnb, incluso está cambiando el esquema del fin de semana convencional de sábado y domingo. “Esas personas que descansan los miércoles tienen que hacer un gran esfuerzo para no despilfarrarlo”, dice. Otros, como los millennials que tienen hasta tres trabajos, no ven este periodo de reposo ni en las curvas y “se ríen ante la idea del fin de semana”, dice Onstad.
Nadar contra muchas de las fuerzas que operan hoy es difícil, pero Onstad cree que cada quien debe preguntarse si está usando bien su tiempo libre. Según su investigación exponerse ante diferentes tipos de belleza, un paisaje o una obra de arte ayuda a tener epifanías y momentos creativos. En ciertas culturas como la japonesa ha tomado auge la ecoterapia, que consiste en rodearse de naturaleza, hace recuperar las energías. Algunos han visto en jardinear una herramienta contra la depresión.

Las empresas pueden ayudar. La autora destaca algunas iniciativas como el  experimento Dublin Goes Dark de Google, en la que el viernes en la tarde los empleados dejan sus celulares en la oficina y los recuperan el lunes. También hay aplicaciones que protegen el tiempo libre de la gente y permiten que el teléfono conteste con mensajes como “no estoy en horas laborales”. Otros simplemente dejan de responder asuntos del trabajo en fines de semana o después de las siete de la noche entre semana.

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En 1930 John Maynard Keynes dijo que en el futuro el tiempo de vacaciones sería más largo que el de trabajo y que los nietos laborarían cuando mucho 3 horas al día. Muchos se preguntaron entonces qué iba a hacer la gente con tanto tiempo libre. En 2017 esa visión está muy lejos de la realidad. La gente nunca tiene tiempo y en esas 48 horas oficiales de descanso vive en el corre corre, ocupada y sin un minuto. Muchos deberían imitar al politólogo Sebastian de Grazia quien en 1962 en su libro sobre el tiempo, el trabajo y el descanso se preguntó: “Correr, pero ¿a dónde? ¿Para qué? ¿Vale la pena?”.

Reglas de sábado a domingo
Onstad recomienda, en general, hacer menos, crear espacio para que sucedan cosas inesperadas y empezar a ver el descanso como un estado mental. Pues “para tener un buen fin de semana hay que empezar por tener una buena semana”.

• Coma, beba y conéctese: los mejores descansos involucran a otras personas.
• Done tiempo para tener tiempo: hacer algún tipo de voluntariado hace a la gente feliz. Pregúntese cómo podría ayudar en su comunidad.
• Cultive un pasatiempo: en lugar de ver tanta televisión, aprenda algo. Los psicólogos señalan que la gente que tiene un interés experimenta una sensación de maestría, clave para la felicidad.
• Dos por uno: por cada actividad pasiva, haga dos activas.
• No haga ejercicio, juegue: realizar  actividad física es bueno, pero no como tarea sino por diversión.
• Diligencias: no las deje  para el fin de semana. Más bien disponga de dos horas  entre semana para este tipo de actividades.
• Sal… si puedes: en ciudades congestionadas es difícil estar en contacto con la naturaleza. Pero trate de ir al parque, escoja un árbol  o plante uno.  
• Sobre el sexo: practíquelo cualquier día de la semana. Mientras más tiempo pase con su pareja, mejor será la relación.
• Dele rienda suelta a los niños: libérelos de tantas clases y deles tiempo libre. El aburrimiento es bueno.
• Si tiene que trabajar…: limítelo a dos horas y luego reclame su fin de semana.

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