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| 3/21/1994 12:00:00 AM

LOS SECRETOS DEL ADULTERIO

En su último libro, Masters y Johnson analizan las mil y una razones que llevan a hombres y mujeres a tener una aventura extraconyugal.

COMO TODOS SUS libros, el último de William Masters y Virginia Johnson -Heterosexualidad- ya está dando de qué hablar. Primero, por el tema elegido por la famosa pareja de sexólogos: el adulterio. Y segundo, porque viene a ser quizás el más amplio estudio realizado, con base en encuestas, sobre los por qué de las relaciones extraconyugales. Si bien en materia de estadísticas la obra no aporta nuevos datos, y sólo confirma que el sexo extramatrimonial no ha disminuido a pesar del sida y de la apología de la monogamia, las conclusiones de los dos expertos estadounidenses, luego de entrevistar a miles de hombres y mujeres, ofrecen una interesante visión acerca de las variadas y sutiles razones que pueden llevar a una persona a vivir una aventura sexual fuera del matrimonio.
Para empezar, Masters y Johnson -quienes iniciaron este estudio después de separarse como pareja mas no como investigadores sexuales- señalan que el sexo por fuera del matrimonio no siempre es destructivo. En algunas circunstancias -aseguran- una aventura extraconyugal tiene aspectos positivos que superan ampliamente a los negativos y que podrían ayudar a mantener unido un matrimonio. Por un lado, un affaire está en condiciones de reducir la tensión sexual, la cual conlleva a otros conflictos maritales. Y por otro, conduciría a una renovación del sexo conyugal. Aclaran también que los affairs no siempre proveen mejor sexo y más felicidad, lo que hace que el casado infiel aprecie la calidad de su matrimonio en un momento de crisis. Finalmente, Masters y Johnson aclaran que no es que recomienden el sexo extramarital, sino que están convencidos de que, si sucede, no siempre significa el fin de una relación.
En su extenso análisis de la infidelidad, los investigadores clasifican diversos tipos de affairs Y. según la motivación, se puede predecir la duración. En el capítulo de las aventuras fugaces existen tres categorías: las aventuras de una noche, que ocurren porque la ocasión se presenta, es decir, sin premeditación; las que son planeadas como un acto de venganza hacia el cónyuge, y aquellas que hacen parte de una situación de predivorcio. Las primeras, cuando "la ocasión hace al ladrón", generalmente son encendidas con alcohol. Unos tragos deshacen las inhibiciones y convierten en infieles a muchos maridos que, sobrios, no hubieran imaginado llegar tan lejos. Otro ingrediente que los alienta es que exista una baja probabilidad de ser descubiertos. Generalmente se cae en eso con personas extrañas y lejos del hogar. Por eso estos affairs traen menos implicaciones y consecuencias que otros. Concluyen los expertos que un alto porcentaje de los protagonistas de estas breves e imprevistas aventuras son novatos en materia de infidelidad.
Un tercio de los casos de aventuras extramatrimoniales de las mujeres tiene como motivación principal la venganza por el descubrimiento de la infidelidad del esposo. Según Masters y Johnson en estos casos el interés de la mujer no es involucrarse sentimentalmente, sino desfogar su ira y para ello opta generalmente por elegir a un subalterno o a un amigo del marido infiel. En este grupo de amantes de corto plazo están también los affairs predivorcio, cuya motivación es echar un rápido vistazo al futuro cercano antes de la decisi6n definitiva. Estas aventuras permiten al hombre o a la mujer que vive el derrumbe de su matrimonio saber cómo se sentirá con una nueva pareja sexual. Son romances que se convierten en preámbulo de lo que tendrá que enfrentar después de la separación.
Mucho más complejas son las aventuras extraconyugales prolongadas. Pero igualmente complicadas son las motivaciones, que pueden ir desde arreglos conyugales explícitos de intercambiar experiencias sexuales con otras personas -que muchas parejas describen como una forma más barata e interesante que acudir a un consejero matrimonial para mantener su matrimonio-, hasta el clásico síndrome de la mediana edad, que lleva a los cincuentones -hombres y mujeres- a buscar la juventud perdida sosteniendo relaciones con personas mucho menores. También están los affairs hedonistas, que sólo se enfocan en la búsqueda del placer sexual y que raramente terminan en los embrollos emocionales tradicionales, o los romances de catarsis que convierten al amante en una especie de terapista ad honorem, lo cual lo lleva a permanecer más tiempo en el diván que en la cama.
Aunque Masters y Johnson concluyen lo que siempre se ha sabido: que la más grande diferencia entre hombres y mujeres respecto de la motivación para tener una aventura extraconyugal es que ellos buscan excitación y variedad sexual y ellas satisfacción emocional. Los dos expertos descubrieron que, en materia de adulterio, son las mujeres quienes generalmente llevan el control de la situación. Ellas son las que deciden si una aventura comienza, incluso cuando el hombre es el instigador. Y ellas son las que ponen las condiciones acerca del cuándo, dónde y cómo de la relación sexual. A pesar de que a los autores de Heterosexualidad nada parece asombrarlos en asuntos de sexo, señalan que en un sorprendente número de casos encontraron que las mujeres son las seductoras en lugar de las seducidas.
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