Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/11/11 00:00

Los siete mitos

Un informe publicado en 'The Lancet' muestra que la pobreza y la desigualdad fomentan más los problemas de salud reproductiva que los comportamientos sexuales.

Los siete mitos

Muchos de los conocimientos que fundamentan las campañas de prevención de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual podrían estar errados. Esta fue una de las conclusiones de un estudio realizado por la revista científica The Lancet, tal vez el más amplio trabajo en comportamiento sexual humano hecho hasta el presente, que empezó a circular por capítulos a partir del primero de noviembre.

Gracias a que la investigación en salud sexual se ha incrementado, Kaye Wellings, profesora del London School of Hygene and Tropical Medicines, y un grupo de colegas suyos sintieron que este era un momento histórico único para analizar los datos que recibían de gran parte del mundo. Tomando estudios de 59 países, los expertos encontraron que las prácticas sexuales varían según la región y que aún quedan muchos mitos por derrumbar. Por ejemplo, que la edad de la primera relación sexual está disminuyendo cada vez más en el mundo o que la promiscuidad y las enfermedades sexuales van siempre de la mano. La realidad, según el reporte de Wellings, es que los comportamientos sexuales de los individuos difieren de unos a otros, por lo cual una política de prevención 'talla única' nunca podrá ser exitosa. Además, dichos comportamientos están determinados por la religión, la economía y las reglas sociales de cada contexto, por lo cual es necesario diseñar estrategias concretas para cada población. La motivación del estudio también obedece a que el mundo ha bajado la guardia en este tema al punto que el presupuesto para este tema ha disminuido y hoy se concentra exclusivamente en programas de VIH/Sida. "El objetivo es llevar la atención a una parte fundamental de la vida del ser humano que con frecuencia se vuelve víctima de la política, la religión y la tradición", dice un editorial de la prestigiosa revista inglesa. Estas son algunas de las más importantes conclusiones.

1. Promiscuidad es sinónimo de enfermedad:

Falso. La promiscuidad es un factor menos importante que la pobreza y la falta de educación cuando se difunden las enfermedades transmitidas sexualmente. Para decir lo anterior, la profesora Wellings se apoya en que los países industrializados, donde las cifras de esas enfermedades son las más bajas del mundo, reportan mayor índice de compañeros sexuales. El sondeo mostró que los hombres solteros en África y las mujeres son más bien parcos en este tema: sólo dos tercios de ellos declararon haber tenido relaciones sexuales recientemente, comparado con tres cuartos entre sus congéneres de países desarrollados.

2.Las relaciones sexuales comienzan cada vez más temprano:

No hay tal. Wellings no encontró una tendencia en el mundo que confirme que la actividad sexual está iniciando antes. La mayoría de mujeres lo hace a la misma edad que hace una década, entre los 15 y los 19 años; los hombres, un poco más tarde. La pérdida de la virginidad de las mujeres a una edad más tierna es más frecuente en países donde ellas acostumbran a casarse prematuramente. La pérdida de la virginidad entre los hombres no está asociada al matrimonio, pero en países de África y Asia los adolescentes empiezan su actividad más tarde que las mujeres. Hay diferencias entre países desarrollados y los que están en vías de desarrollo. En el Reino Unido, por ejemplo, en promedio los hombres pierden la virginidad a los 16 y medio mientras que las mujeres lo hacen a los 17 y medio. En Indonesia este momento se da a los 24 años en los hombres y los 18 en las mujeres. La percepción de que es más temprano podría radicar, según los investigadores, en que los matrimonios cada vez se realizan a una edad más tardía -aun en los países menos desarrollados-, lo cual ha incrementado el sexo premarital. Por otro lado, es importante que la salud pública se enfoque en el momento de iniciación y procurar que sea tarde en la juventud, pues si sucede muy temprano, tiende a ser sin consenso, sin protección y en el futuro será una experiencia de la cual las personas se arrepentirán.

3.Los solteros son más activos sexualmente:

No es cierto. La mayoría de gente en el mundo es casada y este grupo es el que reporta una mayor actividad sexual. Al comparar las respuestas de los solteros con las de los casados, los últimos manifestaron haber tenido actividad sexual en las cuatro últimas semanas, una frecuencia mayor que la de los solteros. Hombres y mujeres solteros de África son prácticamente inactivos en lo que respecta a sus prácticas sexuales. Por ello, la sexualidad antes del matrimonio no se traduce necesariamente en un comportamiento más riesgoso. Aunque en buena parte del mundo el patrón dominante es la monogamia, es mas frecuente la presencia de más parejas entre los ciudadanos de países industrializados.

4.Las mujeres casadas están protegidas

Esta es una visión errada. A pesar de que las campañas se dirigen a desaconsejar el sexo por fuera del matrimonio por considerarlo más riesgoso, las mujeres casadas de algunos países de África son el grupo de población en el que más se ha incrementado la transmisión de VIH/Sida. Esto se debe a que ellas tienen menos posibilidades de exigirles a sus maridos el uso de condón para evitar hijos o enfermedades, pese a que sus compañeros tienen encuentros sexuales inseguros con prostitutas o son infieles. En ese sentido, una mujer soltera tiene una mayor capacidad para negociar el uso del preservativo.

5.La educación sexual incita a tener experiencias más temprano

Todo lo contrario. Incluir la sexualidad dentro del currículo de los jóvenes no incrementa los comportamientos sexuales riesgosos como muchos creen. Sistemáticamente los estudios reflejan que este tipo de prevención lleva a mejorar la conciencia acerca de los riesgos y el conocimiento adecuado para emplear estrategias que logren disminuirlos. También ha mostrado que, en lugar de promover las relaciones sexuales tempranas, retarda el momento de su inicio.

6.Hay igualdad entre hombres y mujeres

Lejos de ser cierto. Mientras que hombres y mujeres en Australia, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos han tenido el mismo número de compañeros sexuales, en Camerún, Haití y Kenia los hombres tienden a tener más parejas que las mujeres, quienes por lo general sólo tienen uno. En Brasil más hombres que mujeres tienen parejas sexuales en todos los grupos de edad, lo que hace sospechar con quién ellos se acuestan. La respuesta, según los investigadores, podría ser que la cultura machista de estos países estimula a los hombres a exagerar sobre sus hazañas y a las mujeres a ocultar sus experiencias. También se encontró que las mujeres tienen menos opción de protegerse si su compañero sexual es mucho mayor que ellas, si tiene un estatus más alto o si esa persona le provee bienes o dinero por sus favores sexuales. Estos desequilibrios de género provocan grandes problemas de salud pública pues no se reportan la verdad y así es más difícil diseñar políticas preventivas.

7.Las campañas deben ser masivas

No. Si bien las políticas de prevención se deben enfocar en comportamientos individuales, también deben abarcar temas más amplios como el género, la pobreza y la movilidad, pues estos factores hacen que los comportamientos cambien. Por ejemplo, se sabe que trabajar lejos del hogar fomenta los encuentros sexuales extramatrimoniales. Los mensajes también deben respetar la diversidad y desincentivar la discriminación del sexo comercial y de las relaciones homosexuales -porque son parte del comportamiento sexual de los seres humanos-, al tiempo que se debe poner mano dura a quienes cometen delitos sexuales.

En conclusión, los investigadores resaltan la importancia de despojar el tema de lo moral, pues la realidad muestra que en el problema inciden otros factores como la pobreza, el desempleo, la falta de educación. Desviar el asunto a un problema de conducta individual es una equivocación que genera no sólo enfermedades, sino también muertes. Y no verlo en su dimensión más amplia es seguirles negando la posibilidad a muchos de tener una sexualidad sana, un asunto esencial en la vida de todo ser humano. "Con la diversidad de conductas sexuales, se necesita un abanico variado de posibles estrategias",dice el informe. Una vez estas barreras se hayan derrotado, el trabajo podrá ser más fácil: se trata simplemente de estimular el uso de un pedazo de látex. Pues lo que protege contra el sida también lo hace contra otras enfermedades de transmisión sexual y de embarazos no deseados.

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