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| 12/3/2011 12:00:00 AM

Los vaqueros del carbono

Una iniciativa global para frenar la deforestación y contener el cambio climático está abriendo la puerta a la especulación y al despojo de tierras. Los países amazónicos, incluido Colombia, están en riesgo. Por Lorenzo Morales, enviado especial de SEMANA a Durban.

La deforestación representa el 20 por ciento de las emisiones globales de CO2 a la atmósfera, por lo que la conservación de los bosques es una prioridad para contener el cambio climático. Un mecanismo conocido como Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (Redd) ha estado en el corazón de las negociaciones de Naciones Unidas esta semana en Sudáfrica y su fórmula es simple: los países ricos pagarán a quien preserve o restituya bosques, compensando así su responsabilidad en la emisión de gases nocivos a la atmósfera.

Este mecanismo tiene un doble interés para Colombia. Por un lado, el país alberga aún una importante porción de bosque natural (58 millones de hectáreas) pero, por el otro, la deforestación avanza a pasos de gigante. Desde 2005, el país destruye, en promedio, 238.000 hectáreas de bosque natural al año, según reveló esta semana el  Programa de Monitoreo de Deforestación del Ideam. Esto equivale a perder 27 hectáreas cada hora. "La deforestación sigue creciendo y requiere de toda una batería de acciones urgentes para controlarla", reconoció su director, Ricardo Lozano.

Entre esa batería de acciones está un fondo de 3,4 millones de dólares que puso el Banco Mundial para financiar proyectos Redd en el país y que tiene a empresas, bancos privados y organizaciones ambientalistas haciendo fila desde ya. La inminencia de un potencial mercado de miles de millones de dólares en bonos de carbono ha despertado un repentino interés pese a que no se ha establecido cómo monitorear la efectiva conservación de las selvas y menos aún cómo medir cuánto carbono captura, por ejemplo, una hectárea de selva chocoana. Dicho corto, nadie sabe cómo traducir en moneda el proteger esa exuberante vegetación.

 "La expectativa de un mercado de carbono ha distorsionado los objetivos de Redd, entre los que está apoyar a las comunidades que viven en los bosques y dependen de ellos", dijo Nils Ranum, investigador de Rainforest Foundation de Noruega, quien considera que el repentino aumento del valor de un pedazo de selva tropical está desencadenando conflictos por la tenencia de esas tierras.

El retrato más oscuro de cómo se puede tergiversar una idea noble en una amenaza está condensado en un informe sobre los efectos de Redd en la Amazonia peruana que fue entregado esta semana a los negociadores.

"Está bien que queramos reducir las emisiones de gases y capturar más carbono con nuestros árboles, pero no podemos volver el bosque una mercancía", dijo a SEMANA Roberto Espinoza, uno de los autores del informe que muestra cómo muchas comunidades indígenas, algunas analfabetas, han sido presionadas a firmar contratos en inglés, a veces sin fecha de terminación, y con condiciones rapaces. Casos parecidos se han reportado en Indonesia y Nueva Guinea, donde también hay proyectos Redd.

"Algunas empresas están aprovechando los vacíos en la regulación de Redd para abusar de las comunidades, amparadas en el pretexto de que no están cometiendo un delito," explicó a SEMANA el representante de uno de los bancos más grandes de Europa y que financia y monitorea estos proyectos en varios lugares del mundo.

En Colombia, los ministerios de Medio Ambiente y de Justicia emitieron este año una alerta que advierte a dueños de predios con bosques y en particular a las comunidades indígenas y negras con títulos colectivos sobre organizaciones "que dicen comprar oxígeno u ofrecer incentivos financieros por la captura de CO2 bajo mecanismos inexistentes".

La usurpación de los derechos de quienes viven en tierras con bosques tiene un daño colateral en Colombia: anularía de un plumazo el ambicioso y costoso proyecto de restitución de tierras del gobierno, que promete devolver dos millones de hectáreas a campesinos que fueron despojados, un paso clave para la anhelada reconciliación.
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