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| 6/28/2016 7:39:00 PM

“La buena actitud mata el cáncer más rápido que una quimioterapia”

La enfermedad cambió la vida de la periodista Lucía Esparza. Semana.com habló con ella sobre cómo redefinió su futuro.

El cáncer cambió la vida de la reconocida periodista corresponsal y presentadora de noticias Lucía Esparza Baena. Hoy es una sobreviviente de este mal y habló con Semana.com sobre cómo esta enfermedad la llevó a redefinir su futuro.

Semana.com: ¿Cómo descubrieron su cáncer?

Lucía Esparza (L.E.): Yo siempre he dicho que mi cáncer no es genético, ni hormonal, sino que fue producto de un error médico. En septiembre del 2011, me apareció una masita en el seno derecho pero no me la sacaron. Sólo me hicieron la biopsia, que salió bien, por lo que el médico me dijo que volviera en seis meses.

Cuando volví el médico me dijo que no tenía nada. A mí eso no me dio confianza y cambié de doctores, y esta vez me hicieron miles de exámenes. Efectivamente, la bolita se había vuelto cancerosa. Era un cáncer que se habría podido evitar si me hubieran sacado el tumor a tiempo. Gracias a Dios, como yo estaba muy encima del tema, se descubrió aún en un estado muy temprano. Tuve radioterapia y ahora sólo tengo tratamientos alternativos porque es importante seguir cuidándose.

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Semana.com: ¿Cómo tomó el diagnóstico de cáncer?

L.E.: Uno se derrumba porque no sabe el grado en el que está ni qué órganos están comprometidos. Uno siempre piensa es que se va a morir. Por eso las campañas deberían estar más orientadas a dar información sobre una cantidad de tratamientos que te pueden sacar de la enfermedad.

No te vas a morir de cáncer seguramente si estás en grado 1 o 2, y si estás en 3 o 4, tienes herramientas para salir adelante también. Cuando a uno le dicen que tiene cáncer es terrible, pero cuando te dicen que tu vida no está en peligro y cuáles son las opciones para eliminarlo, ya descansas y tomas aire.

Semana.com: ¿Qué piensa del cáncer?

L.E: El cáncer es una palabra que aterra porque uno siempre oye historias terribles de personas que están dando la batalla en fases finales. Pero creo que hoy en día el cáncer se ha vuelto una enfermedad más común que ataca a cualquiera. Tiene mucho que ver con los hábitos de vida, con el estrés o, en mi caso, con la mala suerte de caer con un mal médico.

Creo que también hay muchas soluciones que han llegado de la mano de las investigaciones médicas y el desarrollo de tratamientos mucho más eficaces y más seguros, y de la prevención, es decir, de pensar que tu cuerpo es un templo que tienes que cuidar.

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Semana.com: ¿Durante el tratamiento fue importante estar bien informada?

L.E. En ese momento estás dominada por la incertidumbre y cuando uno tiene dudas, uno pierde porque quiere llenarse de información, no importa cuál sea la fuente. Yo, gracias a Dios, soy muy prudente con Internet porque no me gusta el doctor Google ni consultarle a alguien que no sepa.

Semana.com: Entonces, ¿la clave es saber pero contar con buenas fuentes?

L.E.: Es importante saber exactamente cuál es tu caso y pensar que un cáncer nunca va a ser igual a otro. Pero no es bueno dejarse llenar la cabeza de cosas como “tómate la aleta de tiburón, el escorpión azul, el negro, la uña de gato”, ¡No!, cualquier cosa puede alterar tu tratamiento. Entonces la idea es siempre ir de la mano del médico.

Semana.com: ¿Tenía conciencia de la importancia de llevar una vida saludable antes del diagnóstico?

L.E.: Yo, como periodista, sometí mi cuerpo a unos horarios absurdos. Creo que el estrés fue el que más conspiró en mi contra porque nunca me puse a mí misma como prioridad. Siempre corrí, madrugué y dejé de dormir. Me levanté durante 10 años a las 4 a. m., lo cual no está mal, pero pienso que cuando uno vive metido en el medio de las noticias, no tiene paz. Entonces fue muy importante reflexionar que el trabajo no es la vida y que la vida está con la familia, en tener tiempo libre, en dormir, en no estar estresado ni sentir presión, ni sentirse angustiado por cosas que uno no puede controlar.

Semana.com: ¿Cómo lleva ahora su vida?

L.E.: Yo cambié de trabajo porque ya no estaba siendo feliz con lo que hacía. Trabajaba de 5 a. m. a 11 p. m., no veía a mis hijos, no tenía fines de semana, y dije, ¡no más!  Ahora tengo un trabajo donde soy supremamente feliz porque aprendo algo nuevo cada día, no tengo estrés y vivo muy tranquilamente. Aparte de que hago deporte, he hecho yoga y voy a terapias que me relajan.

Semana.com: ¿Qué otros cambios hizo en su vida?

L.E.: Con el cáncer también entendí la importancia de hacer ejercicio. Me pasó como a muchos, que pagué el gimnasio y nunca fui, que compré la bicicleta estática y la convertí en un perchero. Pero ahora tengo un entrenador y procuro hacer ejercicio tres veces por semana. Por otro lado, nunca volví a tomar una bebida gaseosa. Mi debilidad son los dulces, postres, chocolates, pero los eliminé.

He aprendido a medir mucho el azúcar porque entiendo que es un veneno que alimenta las células cancerosas, entonces trato de no alimentar esas células. También como muy sano.

Semana.com: Aparte de estos hábitos saludables, ¿qué otra cosa le sirvió para batallar contra el cáncer?

L.E.: Uno de mis médicos me dio un consejo que me ha servido mucho para superar el cáncer y es que en el 50 % de la curación de esta enfermedad influye una actitud positiva. Se cura con el amor de la familia, con las risas que producen los amigos, las personas que a uno lo quieren y acompañan.

Creo que uno de verdad tiene que ser muy positivo y tener mucha fortaleza mental para no dejarse angustiar por lo que significa un cáncer. Si lo haces, abres una puerta a una serie de males que pueden ir sucediendo en serie, por ejemplo, una metástasis.

Semana.com: ¿Tuvo algún tipo de ayuda espiritual?

L.E.: Pienso que es muy importante fortalecer la parte espiritual con lo que a uno le funcione, lo que te ayude a encontrar un camino para crecer más espiritualmente y ser más fuerte. Hacer lo posible para ser feliz, rodearte de gente que te haga feliz. Yo estoy convencida de que eso mata las células cancerosas mucho más rápido que una quimioterapia.

Semana.com: ¿Cómo fue el tratamiento médico?

L.E.: He tenido un acompañamiento de un gran equipo médico que me ha permitido sobreponerme. Para mí es importante contar con especialistas que me hagan sentir confiada y en buenas manos, y tener la certeza de que están haciendo lo máximo para sacarme de esa situación.

Semana.com: ¿Ya está bien?

L.E.: Sí, aunque con el cáncer uno nunca puede cantar victoria, ni decir “me curé”, pero según mis exámenes, estoy bien, soy saludable. Tengo un acompañamiento muy personalizado y eso me ha ayudado mucho. Hoy en día la investigación ha avanzado muchísimo. Tienes muchas alternativas y mi médica me dice que si me vuelve a dar, tiene varias opciones antes de mandarme a una quimio. Eso hace cinco años no era posible.               

Semana.com: ¿Qué le dejó como enseñanza el cáncer?

L.E.: Uno tiene que ser muy juicioso con sus chequeos y aprender a leer los signos de alerta que le da el cuerpo: el cansancio, una masita, y otras cosas que no son normales. También es importante tener hábitos saludables y buscar un equilibrio. No es entrar en la moda de las dietas veganas y vegetarianas, sino incluir verduras y frutas y dejar de consumir tanta grasa y dulce. Es ponerle un poquito de lógica a la vida.

Semana.com: ¿Qué les dice a otras personas con cáncer?

L.E.: Todos los días se descubre una nueva medicación, un nuevo tratamiento, una nueva respuesta más exitosa que la anterior para las situaciones de cáncer. Entonces tienen que ponerle energía positiva. Si yo estuviera en el lugar de una persona en estado 3 o 4, que tiene más complicada la situación, pues yo le aconsejaría que disfrute en cada momento y que crea en sus médicos.

A veces las personas que hemos pasado por un cáncer nos sentimos mucho más vulnerables que el resto, pero al final, todos estamos en la misma situación de vulnerabilidad.

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