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| 11/1/2008 12:00:00 AM

‘Mac Fashion’

La moda cambió: diseños que antes eran exclusivos y para la elite, hoy se consiguen a buenos precios. Los diseñadores de lujo se adaptan al nuevo fenómeno.

Sofía renovaba su ropero una vez al año, pero desde cuando llegó Zara al país lo hace con más frecuencia y en sus visitas al almacén, cada 15 días, sale con alguna prenda nueva. Esta tienda se encarga de mantener su interés despierto porque permanentemente se está surtiendo con nuevos diseños y renovando colecciones, de modo que ella siempre encuentra algo que llevar. Los precios son buenos y la calidad aceptable, al menos para el ciclo de vida que ella le da a cada vestido. Los más clásicos le sirven durante un año o dos, mientras que los más audaces los usa para cuatro o cinco posturas, lo que dura una temporada.

Sin saberlo, Sofía entró en el auge de la moda rápida. Se le llama así porque los cambios en los diseños y estilos cada vez se producen de manera más expedita. Por lo general, los diseñadores de alta costura presentan con anticipación su colección. De esta forma, la ropa de primavera-verano se muestra en octubre y noviembre del año anterior. En estos desfiles, que marcan las tendencias que se seguirán en el mundo, se exhiben apenas prototipos que demorarán por lo menos seis meses en llegar a sus exclusivas tiendas. Pero el fast fashion, como se le conoce a esta tendencia en el mundo (también se llama MacFashion por la alusión a la comida rápida), aceleró este proceso cuando algunos empresarios lograron poner en los percheros de las tiendas ropa parecida a la de las pasarelas en tan sólo tres semanas. "La tendencia es hacia ciclos más cortos", dice Jean Jacques Thiriez, vicepresidente textil de almacenes Éxito. "Sorprender con nuevos conceptos y productos responde a esa velocidad".

Tiendas como H&M y Zara han sido pioneros en aplicar el modelo de fast fashion al acortar el lapso entre la aparición de las tendencias y la llegada de la ropa en los almacenes. Esto lo hacen dándoles un giro a los diseños que se presentan en Milán o París, ya sea con un color o una tela diferente. Como la confección y la distribución son más rápidas, sus tiendas se adaptan fácilmente a las tendencias de la moda. Este tipo de negocio ha sido copiado por otros almacenes como TopShop, en Gran Bretaña, donde se renueva la mercancía cada semana, a diferencia de los locales tradicionales, que lo hacen cada seis semanas. Forever 21 es otra tienda en Estados Unidos que hace sus propias interpretaciones de la moda de las pasarelas. Una camisa de algodón blanca adornada con un lazo de terciopelo cuesta 19 dólares; una chaqueta a la cintura, 27,80. Aunque muchos sugieren que se trata de viles copias, todos ellos sostienen que tienen su grupo de diseño y que sus creativos "se inspiran" en lo que ven en las pasarelas de alta costura.

Los más felices, como lo muestran las cifras de ventas, son los dueños de estas tiendas y las mujeres que van allí a buscar esa fusión entre diseño y buen precio. "La gracia de estos almacenes es que uno no gasta mucha plata en una prenda que sólo va a estar de moda una temporada. Tiene mucho sentido", dice María González, una mujer profesional a la que le gusta vestir bien.

Aunque todo esto parecería un asunto trivial, el fast fashion ha cambiado la manera de vestir de la gente. En el Reino Unido, según la revista Time, los precios de la ropa se han reducido en una tercera parte en los últimos 10 años. En algunos casos son tan bajos, que la ropa se ha convertido en un artículo desechable. Como hay nuevas tendencias cada mes o incluso cada semana, el consumidor promedio ahora quiere comprar más prendas y cada vez con mayor frecuencia, como le sucede a Sofía. Según la BBC de Londres, el comprador de Zara visita este almacén por lo menos 18 veces al año, mientras que sólo va cuatro veces a una tienda tradicional. Pero tal vez lo más importante es que con el fast fashion la moda se ha democratizado. "Este mundo cada vez es más incluyente", dice Anna Wintour, editora de la revista Vogue y una de las voces más influyentes en este tema.

Esto a su vez ha traído un público cada vez más ávido por diseños nuevos. "En todos los niveles la gente busca una respuesta más rápida de los almacenes y novedad constante", dice Phillip Green, propietario de TopShop. Es una clientela que se antoja de lo que usan las actrices y las celebridades y al día siguiente quiere usarlo. Algunas tiendas se especializan en vender trajes inspirados en los diseños que lucen las actrices en la ceremonia de entrega de los premios Oscar, a un precio razonable. De hecho, el sistema del fast fashion funciona mediante un constante intercambio de información entre todos los eslabones de la cadena, desde el cliente hasta el diseñador, y de éste hacia el confeccionista. En H&M, por ejemplo, si una mujer llega a preguntar por una camisa específica y no la encuentra, los vendedores toman el dato y lo pasan al departamento creativo para que esté al tanto de lo que la gente demanda.

Algunos diseñadores apoyan este fenómeno. "Los días del elitismo en la moda se acabaron", dijo Stella McCartney en una entrevista a Newsweek. "Yo prefiero que la gente entienda y compre lo que hago a que sólo vea mis prendas en una revista de lujo", añadió. Pero no todos están contentos. Para Donatella Versace este sistema es bueno para quienes lo producen, pero "muy malo para el diseñador que ya tiene una marca establecida". Diane von Furstenberg demandó el año pasado a Forever 21 por copiar sus prendas y, ante la falta de una legislación que en Estados Unidos considere las creaciones de un couturier como propiedad intelectual, está adelantando gestiones para que exista una ley que proteja por tres años los diseños exclusivos en la moda.

Otros, como Karl Lagerfeld, han preferido unirse al enemigo. El reconocido diseñador firmó en 2004 un contrato de colaboración con H&M, tienda que constantemente copiaba sus diseños para Chanel. Para el alemán, el fast fashion está teniendo un impacto en las marcas de lujo, pues hoy los diseñadores, por el simple hecho de ser creadores, no pueden tomarse todo el tiempo que quisieran para producir un boceto sino que "tenemos que ser más rápidos", como le dijo a Newsweek. Sin embargo, cree que la moda rápida no va a hacer que la gente deje de comprar vestidos de 2.000 dólares. "Comprar cosas caras en 'boutiques' de lujo es un placer muy diferente al de ir a buscar algo muy moderno en H&M. Ambas experiencias son válidas", recalcó.

El proyecto de colaboración de Silvia Tcherassi con Almacenes Éxito es, en parte, una respuesta a este tipo de tendencia. Se trata de una colección exclusiva, efímera y limitada que ella diseñó para Arkitect, una marca ya establecida por esta empresa. Para ella esto significó un desafío, pues se trata de desarrollar una colección, tal y como ella lo sabe hacer, pero sin que esa marca perdiera la identidad. Más que masificarse, Tcherassi siente que con estos proyectos se rescata la exclusividad del diseño porque son propuestas novedosas y de calidad. Después de todo, ella considera que la moda no es cuestión de dinero, sino de buen gusto. Algo similar opina Lagerfeld, quien dice que la ropa, costosa o no, debe estar bien diseñada.

El tema genera controversias. Oxfam, una ONG dedicada a luchar contra la pobreza y la injusticia, se ha pronunciado en torno al tema del fast fashion, pues comprar una camiseta en nueve dólares, lo mismo que cuesta un café y un croissant, implica que en algún lugar del mundo se explota y se le paga muy mal a algún trabajador. Según un obrero de Sri Lanka entrevistado por este grupo, las fechas de entregas de los pedidos eran cada 90 días, pero ahora son de apenas 60 e incluso 45.

A pesar de lo anterior, es difícil que esta tendencia se acabe. Tal vez se verán más proyectos de colaboración como los de Tcherassi y Lagerfeld. Precisamente en noviembre próximo Comme des Garçons lanzará una colección para H&M, como también lo hicieron Roberto Cavalli y Stella McCartney hace un tiempo. Probablemente otros diseñadores responderán produciendo marcas accesibles a más bolsillos, como lo han hecho Armani con Armani Exchange, Dolce&Gabbana con D&G, o Moschino con Cheap and Chic. Lo único cierto es que si alguien quiere estar en la industria de la moda, debe mantenerse en esta carrera y mucho más ahora que los vientos de crisis soplan por todos los continentes.
 
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