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| 12/4/2010 12:00:00 AM

Madre, pobre y enferma

El drama del cáncer en las mujeres más pobres, cabeza de familia, merece más cuidado de la sociedad. Una campaña busca ayudar a esa población.

Con los avances científicos, el cáncer hoy no es la sentencia de muerte de otros tiempos. Pero para la gente de escasos recursos este mal es una doble tragedia, pues la pobreza les limita la posibilidad de recibir un tratamiento oportuno. En buena parte de los casos, el diagnóstico se hace tarde, cuando es más probable que el tumor se haya propagado a otros órganos y el pronóstico de vida es menos alentador. Pero además, cuando el enfermo es una madre cabeza de familia, el drama es mucho mayor.

A Janeth Villareaga, por ejemplo, una mujer de 38 años, el cáncer de seno le ha significado que sus seres más queridos la abandonen. El año pasado, cuando fue diagnosticada, trabajaba y aportaba su sueldo para ayudar a sostener el hogar en el que vivía con su madre, su hermano y su hijo de cuatro años. Pero a raíz de su mal tuvo que dejar el puesto, y su núcleo familiar –que debería ser su gran apoyo– le ha dado la espalda porque ya no puede más hacerse cargo de ella. Encontrar empleo le es casi imposible, pues el tratamiento le exige ausentarse con frecuencia. “Es duro. Llevo año y medio en esto. Al principio la gente colabora, pero con el tiempo uno se vuelve una carga”, dice Janeth.

Sin embargo, en medio de su desdicha ha contado con suerte. En el Instituto Nacional de Cancerología, en Bogotá, donde recibe tratamiento, la pusieron en contacto con la Fundación Ellen Riegner de Casas, una entidad sin ánimo de lucro que desde 2003 ayuda a mujeres de escasos recursos con cáncer. La Fundación hoy le aporta una mensualidad para su sustento y el de su hijo. “Esa ayuda llegó cuando más la necesitaba”, dice.

Las directivas de la fundación han identificado las necesidades de este grupo. La mayoría son mujeres que vienen de poblaciones remotas y que si ni siquiera tienen recursos para transportarse, mucho menos para sostenerse en Bogotá durante un tratamiento, el cual puede durar, dependiendo del caso, de dos a tres meses, o incluso un año. A veces, cuando vienen a control, los médicos les encuentran un nuevo tumor y deben volver a empezar. “Veíamos que por falta de dinero para un pasaje, muchas interrumpían el proceso”, dice Patricia Ávila, directora de la fundación. Ahora, gracias a este apoyo, los médicos han visto que muchas pacientes permanecen más en el tratamiento.

Los casos son más dramáticos cuando las enfermas de cáncer tienen tres y hasta cuatro niños a su cargo, y deben dejarlos para recibir el tratamiento. Muchas se deprimen porque los pocos recursos de su familia se van en un pasaje o en medicamentos. María Ubaldina Sánchez, vendedora de minutos de celular en Florencia, Caquetá, es un ejemplo. Tiene cáncer de seno desde hace dos años, pero solo comenzó a tratarse en el Instituto este año. Su gran preocupación es su hijo de 11 años, el menor de cuatro, pues no estar con él ha hecho que quiera dejar de estudiar. La Fundación le ayuda a asumir los gastos extra del tratamiento.

La fundación ha ayudado a 12.075 mujeres, de las cuales 1.500 son pacientes de cáncer de seno. Ibis Hernández, una mujer joven de La Guajira, es una de las beneficiadas. La fundación costeó su viaje a la capital y le proporciona medicamentos esenciales que su EPS no tiene en el momento. “Sin este soporte no hubiera podido sobrevivir esta situación”, dice ella. Desde 2008, también atienden hombres. La meta de la fundación es ampliar su cobertura.

La fundación trabaja en llave con el albergue de las damas voluntarias del instituto y en ocasiones ha ayudado a construir y dotar salas de espera del mismo. Hoy, con los fondos que recoge anualmente de donaciones privadas y eventos, les ayuda con la alimentación a quienes se hospedan en el albergue, y con el costo del tratamiento. También dota de elementos de aseo y enfermería, y en ciertos casos, como el de Janeth, les ofrece dinero en efectivo.

Almacenes Éxito, junto con el diseñador Esteban Cortázar y el Cfda (Consejo de Diseñadores de Moda de América), creó una camiseta que se venderá en sus tiendas a partir del 11 de diciembre. El recaudo se le entregará a la Fundación Ellen Riegner de Casas para que siga ayudando a que estos enfermos tengan una atención digna. “Nosotros somos un puente entre esas personas que quieren ayudar y quienes lo necesitan”, dice Ávila.
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