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| 7/5/2009 12:00:00 AM

Madres asesinas

Un caso en Francia pone sobre el tapete una extraña enfermedad mental que llevaría a una madre a matar a su propio bebé a los pocos días del parto.

Pocos casos impresionan más a la sociedad que los asesinatos de bebés a manos de su propia madre. Los colombianos vivieron hace poco uno en Piedecuesta, Santander, que está siendo investigado sin que todavía se sepa qué movió a esa joven a perpetrar un acto tan demencial. Pero en un caso sucedido en Francia, los defensores lograron que fuera reconocida la negación al embarazo, una enfermedad poco estudiada en el mundo que, sin justificarlo, podría explicar, al menos en algunos casos, lo inexplicable.

En efecto, el 17 de junio los diarios franceses revivieron el caso de Véronique Courjault. Esta madre francesa de 41 años fue noticia en 2006 cuando confesó haber asesinado a tres de sus hijos poco después de traerlos al mundo. El hecho, conocido como el caso de los bebés congelados, se supo cuando en julio de ese año su marido encontró los cuerpos de dos infantes en la nevera de su casa. Aunque al comienzo la pareja negó ser los padres de las víctimas, las pruebas de ADN demostraron lo contrario. Esto llevó a la mujer a reconocer que además había asesinado a otro hijo en 1999 en Charentes-Maritime (Francia), y que escondió sus restos incinerados en la chimenea de su casa.

Por estos hechos, y luego de pasar dos años y medio en detención preventiva, el mes pasado un tribunal de Tours, en el centro de Francia, la condenó a ocho años de cárcel, lo que causó polémica en algunos sectores que pedían cadena perpetua. La razón es que los abogados defensores argumentaron exitosamente que su cliente sufría negación al embarazo.

Esta enfermedad poco conocida consiste en que la mujer desconoce, es decir, rechaza, su embarazo, al punto de que no asume comportamientos ni presenta señales corporales de que está esperando un hijo. Las mujeres con esta patología hacen una negación inconsciente que viene acompañada de reacciones físicas pues, por ejemplo, sus cuerpos no engordan o engordan poco, no tienen los síntomas propios como mareos, náuseas, ni antojos, y algunas veces hasta presentan hemorragias que asocian al período menstrual. En estos casos el cuerpo de la madre lucha contra la deformación y el útero se desarrolla hacia arriba y no hacia adelante, como ocurre normalmente. Esto hace que el feto crezca a lo largo de la columna vertebral y sea tan imperceptible que, incluso cuando se mueve, la mujer lo identifica como un dolor de estómago.

Esto explicaría el hecho de que los familiares, e incluso la pareja de Véronique, no se dieran cuenta de que estuvo encinta en tres oportunidades. "Yo no los sentí moverse en mi cuerpo... Para mí, esos niños nunca existieron", dijo a los siquiatras Véronique, madre de dos hijos de 11 y 14 años.

Pero no todos los casos terminan con la muerte del infante. Según Félix Navarro, médico especialista en salud pública y presidente de la Asociación Francesa para el Reconocimiento de la Negación al Embarazo, la muerte es un punto extremo en el cual la madre está en un estado síquico grave en el que no tiene conciencia de lo que está haciendo. Por lo general, las mujeres que sufren negación finalmente aceptan que están embarazadas durante el quinto mes. Incluso, en los casos más agudos, llamados negación total, la madre descubre el embarazo el mismo día del parto. "Yo he conocido casos de mujeres que a los ocho meses y medio estaban en bikini en la playa, porque no había ningún signo", dijo Navarro a SEMANA. Esta situación puede ser traumática para la mujer, ya que puede dar a luz sola en la casa, en la calle o en su trabajo.

Navarro aclara que esta patología afecta a mujeres de todos los estratos, sin importar el nivel de educación (ver recuadro). "Tuve un caso hace unos años de una abogada. Se le presentó el parto en su casa y como no estaba segura de que fuera un bebé, decidió envolverlo en una toalla y dejarlo en la basura, al pie de su casa".

Para Bertha Gamarra, sicoanalista experta en niños y adolescentes y miembro de la Sociedad Colombiana de Sicoanálisis, la negación es una enfermedad que contiene niveles de autoagresión que niegan la vida del hijo. Agrega que cuando una madre no reconoce a su hijo como un ser humano, incluso desde el vientre, el niño crece con una tristeza profunda y tiene problemas para sentirse aceptado.

Pero fallos como el dictaminado en Francia han puesto sobre el tapete el debate de hasta qué punto una afección sicológica puede justificar un asesinato. Gamarra sostiene que si bien clínicamente la negación es una enfermedad, cuando hay un crimen esto no exime a la madre de la responsabilidad penal. "Uno no puede excusarse por estar enfermo, y andar por la vida matando a sus hijos. Una cosa es la salud mental y otra es la ley".

Con ella está de acuerdo la concejal de Bogotá Gilma Jiménez, principal promotora del referendo que pretende darles cadena perpetua a los violadores de niños. Según ésta, que exista un cuadro patológico no significa que se deba justificar ningún tipo de violencia, en especial contra los menores. "Yo entiendo que se quieran dar explicaciones ante la angustia y el repudio que genera este tipo de actos, pero lo peligroso es pasar el lindero de la aclaración a la justificación". Para Jiménez, las madres que matan a sus hijos merecen un tratamiento siquiátrico siempre y cuando estén recluidas en la cárcel.

No obstante, Navarro considera que es necesario diferenciar entre la negación y el embarazo escondido, en el cual se usan medios artificiales para disimular la barriga de forma consciente, como las fajas. En este caso, reconoce, matar al bebé sí es infanticidio.

El problema con esta patología es que por la novedad no se ha podido establecer las causas biológicas. La mayoría de los médicos desconoce la negación como enfermedad y por eso es difícil que identifiquen estos casos en forma temprana. "Existen mujeres que acudieron al médico por una dolencia en la espalda, y recibieron medicinas sin saber que el producto del dolor era un feto que estaba creciendo en su vientre", dice Navarro.
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