Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1986/08/25 00:00

"MALOS" HABITOS

Escándalo por libro que revela testimonios sobre religiosas homosexuales.

"MALOS" HABITOS

Durante cuatro años las norteamericanas Rosemary Curb y Nancy Manaham se dedicaron a recoger testimonios de centenares de jóvenes, mujeres maduras y ancianas que, como ellas, habían sido monjas y ahora admitían, pública y abiertamente, que eran lesbianas. El libro, titulado Lesbian Nuns: Breaking Silence, se convirtió en objeto de agrias polémicas, especialmente entre los católicos de ese país para quienes las monjas son uno de los simbolos más respetados, como sucede en el resto del mundo. Si alguien busca descripciones gráficas de actos sexuales entre mujeres, quedará decepcionado porque los relatos han sido redactados en un tono austero y púdico, pero con la agresividad de quienes sienten la necesidad de contar sus historias personales.
Rosemary Curb, quien fue monja entre 1958 y 1965, sostiene, al justificar la aparición de esta obra, que la cultura norteamericana define la normalidad sexual en términos de experiencia masculina y valora sólo a mujeres que se relacionan con hombres. Sostiene que la percepción del sexo femenino como servil y dependiente, refuerza la fe de los padres, y la existencia misma de comunidades autónomas de mujeres amenaza la arrogancia patriarcal. Añade que al renunciar a cosméticos y vestimentas que forman parte de la imagen comercial de la mujer, tanto monjas como lesbianas resultan emocionalmente inaccesibles a la coerción masculina.
Según Curb, numerosas mujeres norteamericanas se hicieron monjas porque aunque aún no eran conscientes de su condición, eran lesbianas y sentían la necesidad de entrar a un convento, no sólo como respuesta a la llamada de Dios, sino como refugio contra la heterosexualidad, el matrimonio y la maternidad.
Más de la mitad de las monjas encuestadas por las autoras del libro (editado en Colombia por Seix Barral) entraron al convento poco antes de los 20 años y entre 1955 y 1965. Durante ese período la población en los conventos norteamericanos alcanzó la cifra de 183 mil mujeres y durante los veinte años siguientes ese número se redujo en una tercera parte.
De estos testimonios queda la sensación de que al crecer, estas mujeres se sintieron diferentes a sus amigas y familiares, y en muchos casos eran muchachas hombrunas, muy agresivas y emprendedoras, atléticas, rechazando la pasividad femenina y los oficios domésticos. Son mujeres abrumadas por sentimientos de culpabilidad, son religiosas y rebeldes, se sienten divididas y confusas. La mayoría fue educada en familias católicas, rezaba el rosario con los demás, aceptaba las penitencias de la Cuaresma y miraba a sus madres como mujeres sufridas por las reglas católicas sobre el control de la natalidad, el divorcio y la subordinación al marido.
La mayoría de estas monjas y ex monjas no ha tenido relaciones con hombres. Muy pocas se han casado y tenido hijos. Casi todas se divorciaron. Como promedio descubrieron su condición a los 30 años, sólo después de haber tenido relaciones íntimas dentro o fuera del convento.
Estas monjas lesbianas son activistas del feminismo, han tenido, muchas de ellas, cargos importantes, han escrito libros, dirigido películas, editado periódicos lesbianos, ejercen innumerables profesiones pero, el factor que distingue a estas mujeres es el deseo de sobrevivir en una sociedad que poco a poco acepta, no sin desatar escándalos como el que originó este libro, que las mujeres homosexuales forman parte de ella.





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