Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/01/06 00:00

Mamá vieja

Cada vez más mujeres mayores de 40 años deciden ser madres con la ayuda de las técnicas de fertilización 'in vitro'. Los debates éticos y jurídicos empiezan a calentarse.

La tecnologÍa reproductiva se ha vuelto un mercado con demanda , oferta y altos precios

El pasado 30 de diciembre una mujer española de 67 años, cuya identidad se mantuvo en reserva, sorprendió al mundo al dar a luz un par de mellizos en un hospital de Barcelona. La madre primeriza se convirtió en la más vieja del mundo, al superar a la rumana Adriana Iliescu, quien tuvo un bebé a los 66 años en 2005, y a la italiana Rosanna della Corte, de 62 años, quien desde 1991 y durante un tiempo fue la que mantuvo ese récord. Detrás de la historia, sin embargo, no hay ningún adelanto científico. El milagro fue posible gracias a un tratamiento de fertilización in vitro, una práctica que se hace rutinariamente desde hace 30 años. Cerca de 30 millones de seres humanos que hoy caminan por ahí no fueron concebidos en la cama, de la manera tradicional, sino en tubos de ensayo, bajo el control de médicos y biólogos.

Lo que sorprende del caso de la española es la tendencia cada vez mayor a sobrepasar el límite que la naturaleza les impone a las mujeres para concebir. A partir de los 35 años, una mujer reduce su capacidad para tener hijos porque sus óvulos van disminuyendo en número y en calidad. Esto se traduce en menos fertilizaciones y mayor tasa de abortos espontáneos. Después de la menopausia -un momento que sucede en promedio a los 50 años­-, estas células se agotan y la mujer se vuelve totalmente infértil.

La fertilización in vitro se desarrolló para asistir a parejas jóvenes que tenían algún problema, pero hoy tiene un enorme auge gracias a que la demanda un grupo más amplio de mujeres y parejas que simplemente se acordaron tarde de que querían tener hijos. Según el médico Germán Arango, de la Clínica de la Mujer, de las personas que consultan para cualquier tipo de ayuda en este campo, una tercera parte son mayores de 40.

Hay numerosos factores que inciden en la postergación de la maternidad. El más común es la presión de la sociedad para que tanto hombres como mujeres tengan sus hijos luego de haber consolidado sus carreras profesionales. Así, el matrimonio y la familia son asuntos que se empiezan a discutir después de los 30. "Muchos saben que la capacidad de tener hijos para la mujer es limitada, pero no son conscientes de que la edad empieza a jugar en contra desde los 35 años", dice el doctor Arango. También se debe a que actualmente hay más segundas y terceras nupcias, algo que suele suceder luego de los 40, y muchas de estas recién casadas quieren tener hijos con sus nuevos compañeros, sobre todo cuando el nuevo compañero es un hombre más joven que no los ha tenido. Las lesbianas son otro grupo que se interesa en el tema. También están las solteras que, cansadas de buscar infructuosamente a su príncipe azul, consultan sobre este tipo de ayudas.

En un trabajo publicado en el British Medical Journal, la doctora Susan Bewley explica que la culpa no es de las mujeres, sino de una sociedad desinformada. Ellas esperan a un parejo apropiado o se concentran en sus carreras y en adquirir un mejor estándar de vida pensando que podrán contar luego con fertilización in vitro. "Pero estos tratamientos no sólo son caros e invasivos, sino que muchas veces fracasan", advierte la experta. Según ella, más del 70 por ciento de las que se someten a un ciclo de fertilización no logran un nacimiento, y esa cifra sube a 90 por ciento entre las mayores de 40.

Como las probabilidades de quedar embarazadas son tan bajas en las mujeres mayores, los expertos les ofrecen la opción de recibir en donación un óvulo de una más joven, preferiblemente anónima, para evitar problemas. Esta se escoge de acuerdo con los rasgos de la paciente y el grupo sanguíneo de la pareja. El papel de la receptora es simplemente preparar el útero para recibir el óvulo fecundado. El de la donante es un poco más complicado, pues debe tomar un medicamento que la ayude a ovular y someterse a ecografías y exámenes de sangre periódicamente. Teniendo en cuenta que el 50 por ciento del material genético de ese hijo es de una tercera persona, los médicos recomiendan sesiones sicológicas para ayudar a la pareja durante el proceso. "Los casos que se ven superan la realidad", dice Juan Carlos Mendoza, médico especialista en el tema. Algunas prefieren pasar los genes de la familia a la siguiente generación y les piden a sus hijas o a sus hermanas que sean las donantes del óvulo. Hay mujeres que además de maduras son solteras, para lo cual se requiere no sólo un donante de óvulo sino también de semen; o mujeres que necesitan también alquilar una matriz. No faltan los que buscan garantizar ciertos rasgos físicos y buenos genes, lo cual los lleva a demandar óvulos de mujeres jóvenes, bellas e inteligentes.

Esto ha creado un mercado que la economista Debora Spar describió en el libro The Baby Business: How money, science and politics drive the comerce of conception. Según la experta de la Universidad de Harvard, este sector de la medicina puede mover 3.000 millones de dólares al año, porque "la gente paga lo que sea para lograr ser padres". La legislación varía de país a país. En Italia este tipo de prácticas está prohibido, pero en España a las mujeres se les puede pagar por sus óvulos. En California, Estados Unidos, es frecuente encontrar parejas que buscan una mujer que les alquile su útero, pues allí las madres que solicitan ese servicio son consideradas por ley las verdaderas madres, según un artículo de The Economist. Algunos de los bancos en California ofrecen información de las donantes, desde sus rasgos físicos hasta su perfil sicológico. En Colombia es ilegal pagar por estas células, pero se acostumbra a cancelar los gastos en los que incurre la donante durante el tiempo que dure el tratamiento para extraer sus óvulos.

El tema no ha estado exento de polémica y el punto clave en el país es establecer los límites para evitar que se llegue a esos extremos que se dan hoy en los países industrializados, donde una mujer puede pagar por un óvulo entre 5.000 y 7.500 dólares. Los óvulos son de España, el útero es de California y el semen viene de Dinamarca, y todo puede costar unos 50.000 dólares. "La gente a veces actúa como si estuviera escogiendo de la barra de ensaladas", dijo Spar al New York Times. "La tecnología reproductiva se ha vuelto un mercado con una oferta, una demanda y un precio que se da como en cualquier otra transacción", agrega. Así mismo, es necesario establecer límites sobre la edad en que una mujer pueda acceder a este tipo de tratamiento. "Hay riesgo para las mujeres de edad reproductiva avanzada", dice Mendoza. Pero sobre todo hay que pensar en el bebé y en la relación que va a tener con unos padres ya maduros con quienes a duras penas podrá corretear en el parque.

Concentrarse en el bienestar del niño más que en los deseos del padre podría ayudar a analizar mejor el tema, dice Spar. Y como sucede en otros negocios o paquetes sociales como la educación o la salud, ella propone que éste también tenga sus reglas para que funcione bien. El negocio seguirá creciendo. Como dijo Spar a SEMANA, "la mayoría quiere niños, y si la tecnología puede proveer esos niños cuando la naturaleza falla, la gente optará por esa tecnología. Lo que se necesita son reglas".

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