Jueves, 19 de enero de 2017

| 2008/04/26 00:00

Marido en casa

Las crisis familiares que ocasiona el desempleo son más agudas cuando es el esposo el que deja de aportar. La mentalidad machista de hombres y mujeres obstaculiza el intercambio de papeles.

Marido en casa

En los últimos días, Rafael* dejó de usar el lavaplatos en pasta porque se dio cuenta de que el de empaque líquido protege la piel y rinde más, y así puede ahorrarle dinero a Poliana, su esposa. Desde hace nueve años, Rafael está desempleado. Es administrador de empresas y durante mucho tiempo repartió hojas de vida y movió contactos políticos, pero se cansó. Hace tres años, cuando nació su hijo menor, decidió encargarse de todas las funciones de la casa: barre, cocina, lava, lleva y trae a los niños del colegio, les ayuda con las tareas y paga servicios. También se abstiene de darse cualquier lujo: no compra ropa para él y prefiere no antojarse de ir a espectáculos ni comprarse el celular de última tecnología. Poliana es gerente de un banco, trabaja el día entero y aporta todo el dinero para el hogar. En esta pareja el desempleo masculino ha invertido los papeles tradicionales.

Pero no son totalmente felices. Después de estudiar y encuestar durante dos años a varias familias que padecían la incertidumbre del desempleo, el grupo de investigación Contexto y crisis, de la facultad de sicología de la Universidad de la Sabana, dedujo patrones de comportamiento que, basados en una mentalidad machista, hacen que las relaciones emocionales y la convivencia sean afectadas por el dolor de la crisis económica. Es simple, la variación de los papeles habituales puede desestabilizar un matrimonio y conducirlo al fracaso.

Estudios similares en Argentina y Chile demostraron que incluso en los países más avanzados socialmente de América Latina, a las parejas todavía les falta superar la rigidez de los papeles que desempeñan.

El hombre ha asumido por tradición el rol de proveedor económico, y basa su éxito en lo que hace por fuera de la casa: trabajo, relaciones sociales y ocio. Por su parte, la mujer siempre se ha visto en una función más interna, sin importar si también tiene un empleo. Aunque muchas no sean amas de casa, conservan la vocación de administradoras del hogar y son quienes dan las órdenes a las empleadas y deciden qué se va a hacer de almuerzo.

Según el sicólogo Andrés Ernesto Martín, director de la investigación, "aunque las mujeres incursionen en otros escenarios y sean exitosas, siguen siendo sumamente celosas con la responsabilidad del hogar". Por eso cuando su pareja se queda sin empleo, suelen tomar una posición crítica, les exigen que recuperen el trabajo, busquen otro o se ocupen del hogar, pero la última opción resulta ser la más tortuosa para ambos. Ella se siente inconforme con el papel de su marido como amo de casa, y esto le causa cierta decepción; él se ve frustrado por perder el rol de proveedor. Muchos aceptan ayudar con los oficios del hogar, pero pocas veces se hacen cargo de todo, pues creen que se trata de una situación pasajera. La falta de respaldo del uno en el otro genera fuertes tensiones que impiden que él se reubique e incluso que los hijos se sientan a gusto en casa.

En el intercambio de funciones, Poliana es la alcahueta con los niños. A Rafael le toca imponer el orden y prohibirles que coman tantos dulces. En ocasiones regaña a su esposa por ser tan laxa con ellos. Pero su argumento es que el trabajo sólo le deja unas tres horas diarias para verlos. "Para mí, poder formar a los niños es la compensación de esta crisis", asegura Rafael, y por eso desea emprender su propio negocio, ganar dinero y asegurar el estudio de sus hijos. Si bien Poliana no ha caído en la actitud represiva que toman la mayoría de mujeres que viven su caso, Rafael se propuso empezar el próximo año con su empresa montada, "estamos bien económicamente, pero necesitamos una motivación para que la familia salga adelante. No concibo permanecer indefinidamente así".

Martín ha investigado cualitativamente comportamientos que lo único que hacen es
reafirmar concepciones machistas. La amistad, la admiración por la pareja y hasta las relaciones sexuales se ven afectadas por la carencia de flexibilidad en los roles. Por eso sugiere que la clave está en entenderse siempre como equipo y no individualmente: identificar los objetivos que tienen como pareja, hablar de ellos y proyectarlos, fortalecer las cualidades que los mantienen juntos, asumir la crisis como una prueba, explicar con calma a los hijos los cambios de papeles que se presentan y evitar criticar a la pareja con terceros, pues los comentarios de amigos y familiares terminan siempre por herir más el ego de los hombres y saturar la paciencia de las mujeres.

Rafael no ha tenido reparo en ser amo de casa. Con el tiempo lo han sorprendido placeres que ningún trabajo le daría. Descubrió el talento de María Camila, su hijastra, para el piano y no le importa madrugar los sábados para llevarla a las clases. Pero la consagración al hogar lo ha aislado. Uno de los pocos amigos que le quedaba le dijo, "te pusieron el delantal y te lo dejaron puesto", y él decidió no tener más amigos. "Como no tengo un empleo, ya nadie me busca y si lo hicieran, no podría salir porque hay mucho por hacer en la casa. Cuando salgo, voy donde mi mamá y me refugio mucho en los niños y en Poli".

Entre tanto, los medios de comunicación y la publicidad son fundamentales para alentar cambios de mentalidad, "Cuando un comercial promocione un jabón o una lavadora con la imagen de un hombre que los use, estará aportando a la desestigmatización de los modelos", comenta Martín.

La figura de 'amos de casa' puede ser hoy más común que hace 10 años, pero no es un rol que se haya legitimado, sobre todo en la cultura latinoamericana. Los hombres supeditan el valor del trabajo al dinero que pueden aportar en el hogar y a los lujos que se dan. "Los esposos desempleados siempre se sentirán mal por no poder pasar un cheque mensual. Pocos valoran igual el aporte en especie que pueden hacer. Pero el simple hecho de que este fenómeno se esté pensando es un paso para la trasformación de imaginarios", explica el doctor Martín, y aclara que no hay ninguna autoridad biológica que condicione los roles: "Son una construcción social y cultural que iremos modificando con el relevo generacional".

"Hemos sorteado bien las cosas, pero sé que no es la situación ideal. Tengo que sacar mi proyecto de negocio adelante", cuenta Rafael con ansias por ganar dinero para poder ofrecer a sí mismo y su familia regalos y viajes que ahora son limitados. A veces se levanta con "la estantería en el suelo", como él dice, y pasa todo el día pensando en sus fracasos profesionales. Se distrae preparando las loncheras, haciendo el mercado, montando las ollas en el fogón y cuando menos piensa, ya es hora de recibir a los niños, cambiarlos para esperar la llegada de la mamá y servir la comida. "Me esmero por mantener la casa bonita", dice cuando alguien admira el orden de su apartamento. "Pero necesito más para sentirme bien", agrega.

*Nombres cambiados

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