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| 10/6/2012 12:00:00 AM

Más vale nada que poco

Un reciente estudio señala que los hombres con la cabeza rasurada lucen más fuertes y poderosos.

Cuando un hombre empieza a ver en su propia cabeza síntomas de alopecia, lo primero que hace es invertir en productos y tratamientos para contener el tormentoso proceso de caída del pelo. Pero la semana pasada se conoció un estudio en el cual se concluye que la mejor opción en ese caso es comprar una cuchilla de afeitar y acabar con el problema de raíz.

El estudio fue realizado por Albert Mannes, un catedrático de Wharton School, la facultad de negocios de la Universidad de Pensilvania. Mannes, encontró que los hombres a quienes se les ha caído el pelo no lo han perdido todo y por el contrario, si se afeitan totalmente, podrían tener ventajas frente a hombres con cabelleras más tupidas.

Los calvos totales, según el estudio, son percibidos como más masculinos, poderosos y con grandes capacidades de liderazgo. Esto podría explicar por qué tantos presidentes de compañías multinacionales, como Jeff Bezzos, de Amazon, o Jeffrey Katzenberg, de DreamWorks, quienes han tomado la opción de raparse, han llegado tan lejos. Son tantos, que la revista Forbes hizo un listado de los 100 hombres más poderosos cuyas cabezas son, literalmente, ‘brillantes’.

El interés del experto en el tema surgió por motivos personales. Él, que hace parte del grupo de millones de calvos del mundo, notó que sus pupilos lo respetaban más cuando se rasuraba la cabeza.

Para los tres experimentos convocó a 60 personas a quienes les pidió que observaran fotos de hombres de edades y contextos sociales parecidos. En el primer estudio, los participantes tuvieron que indicar el grado de poder y el nivel de influencia y liderazgo de hombres sin señas de calvicie, así como de otros que se estaban quedando calvos. En el segundo, vieron fotos de hombres con cabellera generosa y luego otras imágenes de ellos mismos pero con el pelo removido digitalmente. Así como en el ejercicio anterior, en esta oportunidad también tuvieron que clasificarlos según su poderío. El último experimento consistió en describir verbalmente a hombres con abundante pelo y a otros con cabezas rapadas.

El experto encontró en las tres oportunidades que una cabeza pelada genera ante los demás la idea de más poder, capacidad de liderazgo y hombría que las cabezas de grandes cabelleras. “Lo sorprendente fue encontrar que esas características se extendían a rasgos concretos como ser más altos y fuertes”, dijo el investigador.

Según Mannes, este resultado se explica quizás porque la apariencia de una cabeza limpia, recién rapada, se asocia a imágenes muy masculinas como las de miembros de las fuerzas armadas, atletas y héroes de acción de Hollywood como Bruce Willis. Pero también, apunta, el acto de rasurar la cabeza es muy valiente y contribuye a dar esa percepción de poder y autocontrol. “Una cabeza desnuda es la manera natural de decirle al resto del mundo que usted es un sobreviviente”, señaló al Wall Street Journal Michael Cunningham, un profesor de la Universidad de Louisville, quien ha estudiado el tema a profundidad. Según el experto, las personas que lo hacen dan la idea de ser individuos competitivos, agresivos y dispuestos a desafiar las convenciones sociales.

En el trabajo de Mannes, el peor escenario es el de quien está perdiendo el pelo y trata de esconder su problema, ya sea al peinarse para tapar la calvicie, o incluso al no hacer nada. Lo anterior, aparentemente, denotaría que estos individuos no han asumido el control de su situación y aún se sienten incómodos con el tema. En los tres estudios estos personajes fueron catalogados como los menos poderosos. La desventaja es que los calvos sí son vistos como menos atractivos y más viejos. “aunque un hombre puede ganar en sensación de poder, va a perder un poco de su encanto”, dice Mannes, cuyo trabajo fue publicado en la revista Social Psychological and Personality Science.

Pero aún así, podrían ahorrar mucho dinero pues en lugar de tratar de detener ese proceso con costosos tratamientos, solo tendrían que recurrir a una cuchilla, y como dice Mannes, “acabar de una vez por todas el trabajo que la madre naturaleza comenzó”.
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