Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2010/07/31 00:00

Medicina que reconstruye

Ya son 12 las personas en el mundo con trasplante de cara. Los especialistas creen que en un futuro no habrá necesidad de donantes para este tipo de intervenciones.

Óscar fue la primera persona en someterse a un trasplante total de rostro. Para lograrlo, un grupo de 30 especialistas tuvo que unir cada uno de los nervios, venas y arterias, en una cirugía que duró 24 horas.

La semana pasada fue dada de alta la primera persona con un trasplante total de cara. Rodeado de un equipo de médicos, Óscar, un español de 31 años, agradeció por lo que él mismo definió como el comienzo de una nueva vida. Cinco años atrás se le disparó una arma en la cara y quedó completamente desfigurado. No podía respirar con facilidad ni hablar o tragar alimentos. El pasado 20 de marzo, Óscar se sometió a una cirugía que duró 24 horas, realizada por 30 especialistas. Hoy, después de cuatro meses de recuperación, ya puede pronunciar palabras y consumir líquidos y alimentos triturados. Los médicos creen que en 18 meses ya habrá recuperado el 90 por ciento de las funciones.

Desde 2005, cuando se le realizó el primer trasplante parcial de cara a Isabelle Dinoire, una francesa de 38 años que fue mordida por su perro, ya son 12 las personas en el mundo con este tipo de intervención. Gracias a una técnica conocida como microcirugía, que consiste en unir con la ayuda de un microscopio cada uno de los miles de tejidos, arterias, venas y nervios, cada vez son más las personas que han podido volver a darle la cara al mundo. A pesar de que existe hace más de 50 años, la cirugía de reconstrucción facial no es nada fácil. El donante debe tener unas características similares al paciente, como forma, tamaño y distancia entre los ojos y la nariz. Por otro lado, los cirujanos deben juntar cada una de las venas y arterias de los músculos, tejidos y estructura ósea. En el caso de Óscar la operación implicó trasplante de toda la piel y los músculos de la cara, así como la nariz, los labios, los párpados, los dientes, el paladar, los pómulos y la mandíbula.

Sin embargo, la técnica se está perfeccionando. En Estados Unidos, investigadores de Ohio State University están trabajando para facilitar la reconstrucción facial con la ayuda de un software que presenta imágenes en 3D. La idea es que por medio de una imagen de resonancia de la zona afectada, el programa genere diseños para así conocer las dimensiones exactas del hueso necesario para restaurar la cara. Así, se tiene una guía virtual que facilita a los cirujanos el proceso de implante. Los especialistas también están trabajando para evitar el uso de metales en las prótesis. Un método consiste en construir una especie de molde en el cual el hueso puede crecer a través de injertos y regenerarse por sí solo.

Jorge Cantini, miembro de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstrucción, señala que otro de los retos con este tipo de cirugías es el rechazo de los tejidos. Para evitarlo, los pacientes deben tomar inmunosupresores de por vida, una droga que inactiva las células que causan el rechazo, pero que a la vez defienden al organismo de cualquier infección. Raúl Sastre, profesor de Cirugía Plástica de la Universidad Nacional, explica que gracias al estudio de la genética es posible lograr una mayor afinidad entre donante y receptor lo que podría disminuir la necesidad de estos medicamentos. Cantini agrega que en el futuro será posible cultivar órganos a la medida del paciente con sus propias células, con técnicas de bioingeniería, para luego trasplantarlos.

El paciente, además, puede enfrentar una crisis de identidad ya que su rostro no vuelve a ser el mismo. "Cada persona tiene unas formas propias de expresarse, que no se recuperan del todo. La unión de los nervios no produce los mismos movimientos que el individuo tenía, ni tampoco los del donante, sino que tiene que reaprenderlos", explica Cantini. Sin embargo, como dice Sastre, el problema de identidad ya lo enfrentó el paciente cuando sufrió la primera desfiguración. Y por eso muchos consideran que ese es el precio por volver a tener una vida normal, lo que, en el caso de Óscar, significa caminar por la calle sin que la gente lo vea como un bicho raro.

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