Psicólogos de la Universidad de Notre Dame descubrieron que mentir no solo es malo para las relaciones interpersonales sino para el propio individuo, y mostraron el grado de perjuicio que trae consigo este tipo de comportamiento. Para el estudio, la psicóloga Anita Kelly reclutó a 110 adultos a quienes les pidió dejar de decir mentiras, tanto grandes como pequeñas, por diez semanas. A otro grupo le dieron instrucciones de mentir sin restricciones. Al cabo del tiempo, el grupo que dijo verdades reportó menos problemas físicos, como dolores de cabeza, y se sintió menos triste y estresado que el grupo de mentirosos. Quienes dijeron la verdad, además, revelaron que sus relaciones con los demás habían mejorado. En conclusión, ser sincero mejora la salud mental y física de las personas.