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| 9/1/2012 12:00:00 AM

¿Mejor en el salón?

Mientras las universidades más prestigiosas del mundo le apuestan a dar clases masivas 'online', algunos critican este sistema de enseñanza. Hablan los expertos.

En los círculos académicos de Estados Unidos ha causado revuelo la apuesta de algunas de las universidades más importantes de ese país como Harvard, Stanford y el Massachusetts Institute of Technology (MIT) de ofrecer cursos virtuales no solo a los estudiantes del campus, sino a alumnos de todo el mundo.

Este es un claro ejemplo del rápido crecimiento de la educación virtual. De hecho, varios expertos señalan que el futuro de la formación académica está en ese modelo. El caso del profesor Julio Alberto Ríos, un colombiano que desde hace tres años ofrece clases por un canal de YouTube y ha sido visto más de 26 millones de veces por usuarios de todo el mundo, es una muestra más de esta tendencia.

En Colombia, por ejemplo, según datos recientes del Ministerio de Educación, las universidades pasaron de ofrecer 17 programas virtuales en 2008 a 278 en 2011. "La tasa de crecimiento anual ha sido en promedio de 59 por ciento a nivel virtual, en contraste con un 29 por ciento en programas presenciales", dijo a SEMANA Javier Botero Álvarez, viceministro de Educación.

Sin embargo, a esta tendencia le han salido escépticos que consideran este modelo menos efectivo para el aprendizaje. Uno de ellos es Mark Edmundson, profesor de la Universidad de Virginia, quien en una columna reciente en The New York Times señaló que la educación online carece del diálogo constante que debe surgir entre maestro y alumno. En ese sentido los cursos virtuales para él son monólogos. "Un curso de verdad produce placer intelectual y uno de internet no creo que pueda hacerlo jamás", afirma. Aunque la visión de este académico es radical y parece ir en contra de la corriente actual, hay algo de cierto en lo que dice Edmundson. Según expertos consultados, la educación virtual no es para todo el mundo.

Según Mirjana Radovic-Markovic, profesora del Instituto de Ciencias Económicas de Serbia y autora del estudio Advantages and Disadvantages of E-Learning In Comparison To Traditional Forms of Learning, hay estudiantes que se benefician más con el modelo presencial y no tienen éxito con programas virtuales, incluso si estos cuentan con foros de discusión y el apoyo de un tutor. "Algunos se pierden o confunden sobre las actividades del curso y los plazos de entrega cuando no tienen una rutina definida. Se sienten aislados y sin un guía", dijo Radovic a SEMANA.

Diana Flórez, que desde Bogotá adelanta una maestría a distancia en una universidad española, ha vivido eso. Desde que empezó clases, su tutor le mostró un cronograma semanal que incluye lecturas, tareas y conversaciones por chat con sus compañeros. Aunque afirma que estudiar mientras trabaja ha sido muy bueno para ella, la experiencia no ha sido fácil. "Me colgué por falta de tiempo y me pareció duro no tener contacto con los demás compañeros ni con un profesor para salir de dudas. Se necesita ser muy disciplinado y autosuficiente", dijo a esta revista.

Tal vez por esa razón hay un alto nivel de deserción en programas virtuales. Según el Ministerio de Educación, cerca del 65 por ciento de los estudiantes a distancia deciden retirarse antes de terminar sus carreras. "Por más que la educación virtual sea una alternativa, tiene unas exigencias muy altas y se necesita que el estudiante le dedique buena parte de su tiempo", explica Andrés Chiappe, docente e investigador de la Maestría en Informática Educativa de la Universidad de la Sabana. El experto agrega que la deserción puede ser producto de la influencia que aún tiene el sistema tradicional de enseñanza, en el que los estudiantes dependen mucho del profesor.

A pesar de lo anterior, en cuanto al desempeño académico no hay evidencia de que los alumnos presenciales tengan mejores notas que los virtuales. Además, los expertos señalan que más pronto de lo que se cree la educación online va a ser el modelo dominante, pues las ventajas a simple vista sobrepasan los obstáculos. Entre ellas están no tener que desplazarse, ahorrar tiempo o interactuar virtualmente con personas de otros países. "Es una forma de ir más allá de la educación formal. Es situar el aprendizaje en un contexto real fuera de las aulas, lo cual representa un escenario, desde el punto de vista pedagógico, bastante atractivo", señala Chiappe.

Pero mientras la educación virtual se impone, se abre paso el b-learning o blended, que mezcla clases presenciales y online. Para Fernando Dávila, rector del Politécnico Grancolombiano, lo más importante es que se cree una plataforma virtual con nuevas herramientas que ayuden al estudiante a entender más rápido. También se necesita que se redefina el rol del profesor para que los alumnos se sientan acompañados y motivados. " La educación virtual ofrece muchas más posibilidades que la tradicional y hay que adaptarse para sacarle mayor provecho", dijo Dávila a SEMANA.
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