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| 3/30/1992 12:00:00 AM

MEJOR SOLAS...

Un estudio colombiano muestra que la imagen de la separada como una mujer triste y marginada no tiene nada que ver con la realidad.

A PESAR DE QUE muchas separadas tienen que asumir prácticamente toda la responsabilidad económica de los hijos, pocas mujeres se arrepienten de su decisión. Así lo demostró una investigación realizada recientemente por la socióloga colombiana Lucero Zamudio. En opinión de la investigadora las separadas no están solas, aburridas ni marginadas. Por el contrario, la mayoría de las mujeres afirma que con la separación su vida ha cambiado positivamente.
Y esto sucede incluso en los estratos socioeconómicos bajos donde, según demostró la investigación, el aumento de las separaciones es mayor. "La proporción de personas que alguna vez han estado separadas desciende en la medida que aumenta el estrato socioeconómico, señala la investigadora. Si contamos las separaciones de uniones libres e incluimos a las personas que se han separado y han contraído una segunda unión, el 55 por ciento de los hogares actuales tienen una persona separada. Y de estos, el 37 por ciento corresponde a los sectores menos favorecidos". En la gran mayoría de ellos, la mujer es el jefe de hogar. Pero según la investigación, una cuarta parte de las encuestadas afirma que recuperó su autoestima y se volvió más decidida después de la separación. Incluso un 12 por ciento describe su nueva situación como "volver a vivir".
Tal es el caso de Rosalba, una mujer de 39 años, quien se separó después de 22 de matrimonio. Ella apenas cursó la primaria en su pueblo natal, antes de contraer matrimonio católico. De esta unión nacieron ocho hijos, que ella se ocupó no sólo de criar sino de mantener, trabajando como lavandera, pues el alcoholismo de su marido se reflejó muy pronto en su fracaso como proveedor de los ingresos familiares. Cuando sus hijos mayores crecieron, empezaron a presionarla para que se separara. Finalmente, hace un año, Rosalba tomó la decisión. Hoy el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar la apoya con alimentos, ropa y el cuidado de sus hijos menores, mientras que los mayores estudian mediante becas institucionales.
La actitud de los hijos de Rosalba también es ilustrativa de la situación general. El 84 por ciento de las parejas colombianas que se separan tienen hijos en el momento de la ruptura y esta proporción así como el promedio de hijos existentes en el momento de la separación, es mayor en los estratos bajos. Sin embargo, en contradicción con la creencia generalizada, sólo el 12 por ciento de las mujeres y el 20 por ciento de los hombres tienen malas o escasas relaciones con sus hijos después de la separación. Si bien la situación afecta a los hijos, "el posible impacto negativo no es consecuencia directa del hecho mismo de la separación, sino del manejo que los cónyuges hacen de la situación", señala la socióloga. En su gran mayoría estos hijos pasan a la custodia de la madre.
Aunque en la última década las mujeres han comenzado a recurrir a las instancias legales para recibir el apoyo económico del padre, principalmente a través del juicio de paternidad y la demanda de alimentos, la eficacia de estos recursos es limitada, pues muchos padres son desempleados, trabajadores independientes o cambian frecuentemente de domicilio, factores que entorpecen el cumplimiento de las sentencias legales. Lo cierto es que el 64 por ciento de los hogares serarados de estrato bajo tienen jefatura femenina. Para dichas mujeres, la situación económica después de la ruptura es de mayor deterioro que en otras clases sociales, lo cual las empuja a salir a buscar trabajo. De hecho, en Colombia las tasas de participación laboral femenina son más altas en las separadas que en las solteras o casadas. Pero aunque las oportunidades laborales son muy limitadas, algunas logran calificarse mediante cursos y talleres gracias a la cooperación de familiares asociaciones vecinales o instituciones. Y son precisamente las nuevas relaciones laborales las que amplían las redes de apoyo a las mujeres. "Para mí el trabajo ha sido importante -dice Rosalba-. Yo empecé a vivir porque antes no. Permanecía encerrada y me sentía amargada por todos los problemas porque no podía solucionarlos ni comentar absolutamente con nadie". Los hijos son también la principal causa para que las mujeres separadas de clase baja (40 por ciento) no vuelvan a unirse en pareja. Pero muchas rechazan la idea de un nuevo matrimonio debido al maltrato sufrido en la experiencia anterior, o bien debido a que se separan tardíamente.
Sin embargo, para muchas mujeres la separación conlleva un alto costo emocional y económico. La mayoría debe trabajar jornadas dobles o triples para poder subsistir económicamente, lo cual les deja escaso tiempo para estar con sus hijos o para descansar. Sin embargo, la investigación demostró que la mayoría de las mujeres -en todas las regiones y estratos sociales- afirma que su separación fue un cambio positivo, que les permitió recobrar no sólo la identidad sino la tranquilidad. "Esto último es más sentido en los estratos bajos, donde las condiciones de opresión y maltrato hacen que, para muchas mujeres, la separación sea una puerta a oportunidades de realización personal", señala la socióloga Lucero Zamudio. Lo cierto es que a pesar de la imagen estereotipada de la separada como una mujer triste y marginada, la investigación muestra que para muchas mujeres colombianas es cierto aquello de que "más vale sólo que mal acompañado". -
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