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| 2/19/2001 12:00:00 AM

Menos dolor

Una nueva técnica podría ayudar a hacer cirugías de cáncer de mama menos traumáticas.

Cuando se detecta un cáncer en el seno los médicos practican una cirugía mediante la cual extirpan tanto el tumor como los ganglios vecinos en la región de la axila. Con este procedimiento no sólo buscan cerciorarse de que el tumor haya sido eliminado en su totalidad sino también conocer el grado de agresividad de la enfermedad. Así, cuanto más grande sea el tumor y más ganglios comprometa más maligno será. Con base en esa información los médicos deciden el tratamiento que la paciente debe seguir después de la cirugía.

Sin embargo la extracción de los ganglios, aunque frecuentemente es necesaria, genera algunas molestias que ocasionalmente llegan a ser severas. Según el especialista José Fernando Robledo, después de un tiempo de haberle sido extirpados los ganglios linfáticos la persona puede experimentar una inflamación crónica del brazo que puede llegar a ser muy incómoda. Además es posible que sienta adormecida una parte del brazo debido a que algunas de las terminaciones nerviosas se afectan con la cirugía.

La buena noticia es que en la lucha por tratar de practicar operaciones menos invasivas la ciencia médica desarrolló una técnica con la que no hace falta retirar los ganglios cuando éstos no están comprometidos. La manera de hacerlo es detectando el ganglio centinela, es decir, el primero, de una cadena linfática que recibe el drenaje de la linfa proveniente de un determinado sector del cuerpo. Ubicarlo es importante porque si esta primera ‘estación’ tiene células cancerosas es muy posible que otras en la cadena también se encuentren afectadas. En esos casos es necesario extirparlos todos para asegurarse de que se eliminó todo el tumor. Pero cuando no está comprometido el primero las posibilidades de que los demás tampoco lo estén son muy altas y en estos casos se le podría evitar a la paciente esa intervención quirúrgica.

Los médicos tienen en sus manos una tecnología que les permite identificar con mayor precisión ese ganglio centinela a través de un equipo que detecta radiación gamma. Durante la intervención el cirujano inyecta en el tumor radioisótopos, los que recorren el camino de la vía linfática. Donde primero se empieza a concentrar la sustancia es en el ganglio centinela, de modo que el médico, con la ayuda de una sonda, rastrea la piel de la paciente hasta encontrar el lugar que más emisiones de radioactividad presente, las cuales son interpretadas por el equipo como sonidos agudos. Una vez se confirma la localización se practica la incisión y es extirpado el ganglio centinela, que se envía en seguida a patología para conocer en qué estado se encuentra. Si hay rastros del tumor se procede a retirar los demás ganglios. En caso contrario se libra a la paciente de esa segunda etapa de la cirugía.

El procedimiento no se puede efectuar sin que cada médico realice una curva de aprendizaje. El cirujano debe familiarizarse con la técnica, disecando el ganglio centinela y retirando inmediatamente los demás ganglios axilares para poder determinar si el que extirpó como centinela realmente está prediciendo el estado de los demás. Esto requiere cuando menos un número de 20 intervenciones, lo cual exige que dicho especialista maneje un gran volumen de casos de cáncer cada año.

Una técnica alternativa utiliza un colorante que se inyecta alrededor del tumor, el cual se desplaza hacia los ganglios axilares y tiñe intensamente el centinela, permitiendo su identificación.

En su experiencia clínica, en la cual ha efectuado la intervención en 63 pacientes con cáncer de mama, el doctor Robledo encontró que de los 13 casos en los cuales utilizó la técnica de los radioisótopos en 11 se identificó correctamente el ganglio buscado. En todos los casos el ganglio centinela reflejó el verdadero estado de los demás.

“Para el éxito de la cirugía no sólo se requiere un médico con alto grado de experiencia sino también que el tumor aún sea pequeño”, dice Robledo. En el caso de los tumores grandes esta nueva técnica no tendría ningún sentido. Por eso los expertos recomiendan una vez más la aplicación del autoexamen mensual (10 días después del período), los chequeos médicos (al menos una vez al año) y la mamografía para mujeres después de los 40 años. Todas estas rutinas ayudarán a detectar cualquier crecimiento celular anormal en forma temprana y definirá temas tan importantes como una mejor posibilidad de supervivencia y una mejor calidad de vida.
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