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| 2/16/2014 2:00:00 AM

Más equidad pero menos sexo

Investigaciones recientes afirman que los matrimonios que reparten por igual las labores domésticas tienen menos relaciones sexuales. Cambiar los roles de género podría apagar la pasión, y los expertos explican por qué.

Tradicionalmente la gente ha visto a las parejas que comparten las responsabilidades domésticas como el matrimonio ideal. Sin embargo, nuevas investigaciones han demostrado que este tipo de uniones tienen una gran desventaja: menos sexo. Así lo asegura un estudio titulado ‘Igualdad, tareas del hogar y frecuencia sexual en el matrimonio’, publicado en la revista American Sociological Review, según el cual los hombres que ayudan más con las tareas atribuidas a las mujeres, como lavar la ropa, cocinar o aspirar, tienen menos relaciones sexuales.

Los autores del trabajo tomaron los datos de la Encuesta Nacional sobre Familias, en Estados Unidos, y encontraron que las parejas que mantienen los roles tradicionales tienen más encuentros sexuales, 4,8 al mes, mientras que la cifra baja a 3,3 en aquellas que dividen las obligaciones del hogar en partes iguales. Los expertos concluyeron que “los roles de género son fundamentales en la institución del matrimonio”.

El estudio ha generado polémica pues a simple vista podría incitar a los hombres a volverse perezosos en el hogar y a las mujeres a seguir siendo amas de casa para no descuidar su intimidad. Pero el trasfondo es otro. Durante los últimos años, los roles de género se han transformado. Por un lado, las mujeres han ido ocupando cargos de poder que eran exclusivos de los hombres mientras que ellos se han visto obligados a asumir el papel de padres de una manera más activa y a cumplir ciertas tareas domésticas. Esto ha vuelto más difícil construir relaciones de pareja estables, con el tiempo suficiente para vivir su sexualidad con plenitud. “Si bien es cierto que algunas investigaciones han señalado que la satisfacción marital puede mejorar si el hombre colabora en las labores domésticas y la crianza, al parecer la atracción y la frecuencia sexual no funcionan de la misma manera”, señaló a SEMANA Sabino Kornrich, coautor del estudio y sociólogo de la Universidad de Washington.

Kornrich y su equipo creen que las dinámicas del poder en el hogar influyen y afectan la vida sexual de las parejas. Según su teoría, cada individuo tiene un guion sexual preestablecido mediante el cual ve a la persona del sexo opuesto más atractiva si realiza los roles tradicionales de su género. Por eso, la satisfacción en la cama es mayor para ellas cuando el hombre se entromete menos en tareas domésticas. Incluso en las uniones homosexuales cada uno busca a alguien que lo complemente, de la misma manera que lo hacen los heterosexuales.

La psicóloga Lori Gottlieb pudo evidenciar este fenómeno durante una terapia con una pareja que tenía como regla equilibrar las cargas. “A pesar de que reportaron mayor conexión, menos fricciones y mayor felicidad gracias a esta política de igualdad, ambos concordaron en que su vida sexual era aburrida”, afirmó Gottlieb en un artículo publicado en The New York Times Magazine sobre el tema.

Según Pepper Schwartz, profesora de sociología en la Universidad de Washington, cuando hay tanta igualdad la relación se vuelve más fraternal que erótica y por eso disminuye la libido. “Cuando se vuelven los mejores amigos hay menos emoción. Guardar cierta distancia y resaltar las diferencias puede resucitar la atracción y la pasión”, afirma.

El sexólogo José Manuel González coincide con el hallazgo y afirma que esta tendencia es evidente en matrimonios donde la mujer tiene un estatus igual o superior al del hombre. “Hay menor actividad sexual porque el marido ya no tiene el poder de dominar a su esposa y pedirle que se acuesten cuando desee”, afirma. De hecho, un estudio reciente publicado por el National Bureau of Economic Research demostró que si la esposa gana más que el marido, el matrimonio tiene mayor riesgo de presentar conflictos y terminar en divorcio. También aumenta la probabilidad de infidelidades, pues las mujeres tienen más oportunidades de conocer a otros hombres en su trabajo. “Es muy común que este tipo de mujeres encuentren mayor goce por fuera de su casa, pues no ven a sus esposos como figuras de autoridad ni como protectores, y esto es algo que la mayoría de ellas busca en un hombre”, dijo González a SEMANA.

Además del cambio de roles, muchos matrimonios tienen menos sexo hoy que hace algunas décadas debido a que hay mayores niveles de estrés y ansiedad, y el ritmo agitado de la vida moderna les impide sacar tiempo para hacer el amor con la misma frecuencia de antes. Así lo reveló un amplio estudio publicado en la revista The Lancet a finales de 2013, según el cual las parejas hoy tienen en promedio cinco encuentros eróticos al mes, uno menos que hace diez años. “Cuando ambos trabajan todo el día, comparten la carga de las tareas domésticas y la crianza de sus hijos, es más probable que estén muy cansados y la frecuencia de relaciones sexuales disminuya”, dijo a esta revista la psicóloga clínica Susan Heitler, creadora de la página web PowerOfTwoMarriage.com, donde les enseña a las parejas técnicas para que tengan éxito en su vida marital.

A esto se suma la llamada invasión digital, un fenómeno que se refiere al uso de aparatos tecnológicos –como los teléfonos inteligentes, las tabletas y los computadores portátiles– en espacios y horarios anteriormente destinados a otras actividades como el sexo.

Sin embargo, González considera que cantidad no significa calidad. Si bien es cierto que la frecuencia de encuentros eróticos en el matrimonio ha disminuido en los últimos años, la gente disfruta hoy de una sexualidad más placentera. “Las parejas conocen del tema hoy mucho más que hace tres o cuatro décadas y eso les ha permitido enriquecer su vida íntima”. Kornrich admite que aún debe investigarse la variable satisfacción, pues la frecuencia no es directamente proporcional a la calidad aunque sí están correlacionadas. No obstante, cree que el hallazgo sí demuestra que “el rol de género sigue ejerciendo un fuerte impacto en las conductas de los individuos, incluida la frecuencia sexual en el matrimonio”.

A pesar de lo anterior, Gottlieb no cree que la solución se encuentre en volver a los esquemas de antes, sino que está convencida de que con el paso de los años será posible que ese equilibrio que tantas parejas buscan hoy se vea “sexy”.
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