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| 11/22/2014 10:00:00 PM

Menos trabajo, más ocio

Vacaciones ilimitadas, menos días laborales y otras medidas flexibles están tomando fuerza en el mundo para incrementar la productividad.

Imagínese que pudiera decidir el momento en el que toma sus vacaciones pero también que tuviera la libertad de determinar los días que estará ausente e incluso planear darse varios descansos al año. Es el sueño dorado de cualquier trabajador, pero al mismo tiempo una quimera

inalcanzable. Sin embargo, a raíz de un reciente anuncio de Richard Branson, CEO del grupo Virgin esto podría ser una realidad en un futuro cercano.

En su nuevo libro The Virgin Way, el empresario anunció que, como parte de un experimento, implantó la política de no limitar el tiempo de vacaciones a los 170 empleados de Virgin Management. Si todo funciona, las otras empresas del magnate británico seguirían el ejemplo. Según explica, sus colaboradores pueden tomar los días de ocio que quieran en el momento en que lo consideren prudente sin necesidad de trámites ni aprobaciones. Pueden ser horas, días, semanas o un mes, el jefe asume que la persona solo lo hará cuando se sienta 100 por ciento seguro de que sus asuntos están al día y que su ausencia no afectará el negocio. “El trabajo flexible ha revolucionado cómo, cuándo y dónde hacemos nuestra labor. De modo que si trabajar de nueve a cinco no aplica, ¿por qué seguir restringiendo el tiempo de vacaciones anuales?”, escribió Branson en su blog.

El empresario británico se une a una minoría de cerca del 3 por ciento de las empresas en el mundo, entre las cuales están Netflix, Zynga, Groupon, Evernote y Shortstack, que han adoptado con éxito esta política. Jim Belosic, CEO de Shortstack, asegura que esta política busca alejarse de los estilos paternalistas de gerencia en donde el jefe da órdenes y ejerce el control. Por el contrario, con este modelo pretende tratar a los empleados como adultos responsables, pues se ha demostrado que cuando saben que sus jefes confían en su buen criterio para tomar decisiones estarán más motivados para trabajar. “Mis empleados pueden tomar las vacaciones que quieran en la medida en que estén disponibles por mensajes de texto o correo electrónico si algo pasa”, dice Belosic.

Aunque muchos jefes creen que la idea se prestaría para que los empleados abusen, los expertos en manejo empresarial están a favor de incrementar la productividad mediante otras variables diferentes al tiempo en la oficina. “Branson no está diciendo trabaje menos sino organice su tiempo como quiera”, dice Chris Schreuders, coach empresarial. Sin embargo, para Maria Claudia Peralta, directora de la maestría en psicología de la Univesidad de la Sabana, este sistema funciona bien en profesionales de alta competencia pero no tanto en los niveles bajos. También sería más factible en áreas de servicio y empresas grandes en las que se puedan organizar reemplazos fácilmente.

Esta medida no es la única que promueve mayor flexibilidad en el trabajo. Este año Carlos Slim, el magnate mexicano de la telefonía, ha promulgado a donde quiera que va la idea de la semana laboral de tres días, lo que permitiría disfrutar del doble de tiempo de ocio al que se otorga hoy. Esto implicaría, sin embargo, trabajar jornadas de 11 horas diarias y trabajar hasta los 75 años. “La gente debe tener más tiempo libre durante toda la vida y no solo cuando llegan a 65 y se retiran”, dijo el multimillonario a CNN.

La medida de Slim podría ser negativa si los empleadores deciden pagar menos por esos tres días de trabajo pues la gente tendría que buscar otras fuentes de ingreso en el tiempo libre para compensar, lo que iría contra la propuesta. A pesar de esto, la flexibilidad en el trabajo cada vez se discute más y a las estrategias ya conocidas como el trabajo en casa, se le suman nuevas ideas. “La tendencia es ir hacia allá”, dice Sandra Idrovo, directora de investigación de Inalde.

Los responsables no han diseñado esas políticas por ser buena gente con los empleados sino porque las empresas necesitan atraer a los mejores trabajadores y ellos solo responden a este tipo de ventajas. “Nadie quiere sufrir para trabajar porque eso interfiere con la creatividad. La flexibilidad se da para ser más productivos”, aclara Idrovo.

Algunos, como Schreuders, creen que este tipo de cambios además acabaría con el esquema de calentar silla, una práctica mediante la cual el empleado pretende que trabaja en su puesto con el fin de impresionar a sus superiores, pero en realidad hace labores para otros o se enfoca en asuntos personales.

En su libro Empty labor el sociólogo sueco Roland Paulsen señala que un empleado promedio pasa entre 1,5 y 3 horas al día realizando actividades privadas en el trabajo. Para él no es coincidencia que el tráfico de los sitios porno aumente a 70 por ciento durante horas laborales ni que el 60 por ciento de las compras en línea se hagan entre nueve de la mañana y cinco de la tarde. Según el autor, ser vago en el trabajo no solo es producto del descontento sino de tener pocas funciones qué realizar. “El trabajo se ha vuelto cada vez más fácil, con algunas excepciones. Y una de las razones por las que los gerentes obligan a los empleados a trabajar las ocho horas sin que lo necesiten es porque esa es la mejor manera de controlarlos”, dijo a SEMANA.

Colombia es uno de los países de América Latina con el más alto número de horas de trabajo semanal: 48. “A pesar de esto no es el más competitivo ni el más innovador”, dice Idrovo. Esto sucede porque, como lo ha demostrado la psicología, el tiempo de trabajo no siempre refleja productividad. Ante este problema los expertos en administración piensan que para incrementarla es necesario incluir la flexibilidad en la ecuación porque las condiciones de las personas han cambiado. En países europeos que tienen un alto porcentaje de ancianos, se observa que la carga del cuidado de los padres mayores recae en quienes hoy hacen parte de la fuerza laboral, “y esta función se tiene que hacer en horarios de nueve a cinco, no solo en fines de semana. Hay que dar libertad”, dice Schreuders.

El cambio es especialmente claro entre los jóvenes, para quienes el trabajo no es la realización personal que fue para otras generaciones sino un medio para conseguir otras metas. “Ellos dicen trabajo aquí dos años, ahorro y me voy”, señala Peralta, y las empresas tienen el reto de atraerlos con ciertos privilegios como un día de descanso a la semana y horarios más flexibles. Amparo Jiménez es una de las que dice que le gustaría negociar en el contrato sus vacaciones. “Que no me paguen tanto pero que me dejen descansar un mes al año y que me permitan disfrutar esos días en cada semestre”, señala.

La mayoría de las empresas en Colombia sigue pegada al modo de trabajo paternalista a pesar de que hoy los jefes han invadido el tiempo privado de sus empleados al llamarlos a sus celulares en horas de descanso o al exigirles revisar el correo electrónico en fines de semana. Muchos expertos creen apenas justo que los empleados tengan una compensación, al menos manejando el tiempo de trabajo a su antojo, siempre y cuando cumplan las metas.

Según Idrovo muchos tienen miedo de hacerlo porque consideran estas medidas muy extremas. Sin embargo, no se trata de imponer las normas de Branson o de Slim sino de explorar otras alternativas que se adapten a las circunstancias. “Eso es ser flexibles”, dice. Tener horarios de entrada escalonados o fomentar el uso de la tecnología para reuniones virtuales son necesarios en ciudades como Bogotá donde el desplazamiento puede tomar cuatro horas.

Paulsen no lo ve tan fácil pues considera que todavía hay muchos intereses para tener a la gente trabajando bajo supervisión. “En el caso de Virgin, la medida puede incluso llegar a hacer que trabajen por más horas de las que tienen hoy”, dice. Además habrá empleados que no estén interesados en estos cambios ya sea porque quieren tomar el dinero en lugar de las vacaciones o porque consideran que ser visibles es bueno para ascensos en la empresa.

Al final, la gran pregunta para Schreuders es qué va a pasar con el tiempo libre si alguna de estas medidas se impone en el futuro. “¿Qué voy a hacer cuando esté a cargo de mí mismo?, ¿qué voy a hacer con mi libertad?, ¿cómo hacer que el tiempo libre sea reconocido y tenga sentido? El reto es tremendo porque la gente está acostumbrada a que le digan qué hacer”.
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