Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/11/30 00:00

MENTIRAS QUE CURAN

A juzgar por el efecto placebo, son muchos los que piensan que los remedios a ciertas enfermedades están en la cabeza

MENTIRAS QUE CURAN

Un grupo de especialistas en el estado norteamericano de Texas realizó hace un tiempo un experimento que consistía en someter a un grupo de pacientes con dolores en la rodilla a tres tipos diferentesde cirugías. Una de las tres consistía en una operación ficticia en la que los médicos harían tres pequeñas incisiones en la piel y pretenderían operar aunque en realidad no tocarían la rodilla. Dos años después, cuando el estudio culminó, los médicos constataron que quienes se sometieron a la cirugía falsa reportaron la misma mejoría que quienes fueron operados en realidad. En otra investigación en la isla de Coche, en Venezuela, unos científicos suministraron a un grupo de niños asmáticos durante unos días una mezcla de extracto de vainilla con un broncodilatador. Semanas después, con solo exponer al olor de la vainilla al mismo grupo, los expertos notaron que se incrementaba la función de los pulmones en 33 por ciento, tanto o más que tomando solo el broncodilatador. En Estados Unidos un estudio para medir la efectividad de un remedio para la calvicie mostró que 86 por ciento de los hombres involucrados en la investigación tuvo un incremento notable en la cantidad de pelo en sus cabezas. Lo sorprendente fue que el mismo efecto se reportó en 42 por ciento de los hombres que tomaron una droga igual pero sin la sustancia activa. Aunque no lo parezca, los estudios anteriores tienen mucho en común: algunos de los pacientes involucrados en ellos reportaron una mejoría con drogas o procedimientos falsos. La recuperación en estos casos no fue el resultado de un milagro sino de un fenómeno que se conoce en el campo de la ciencia con el nombre de efecto placebo. El tema, que muchas veces ha sido confinado a lo anecdótico y a simples coincidencias, ha vuelto a captar el interés de los científicos debido a recientes estudios en los cuales se demuestra que su poder es mayor de lo que estimaban. Al mismo tiempo estos expertos han encontrado nuevas teorías en el intento por descubrir el misterioso proceso por el cual un pensamiento puede desencadenar una respuesta aliviadora en el propio organismo. Un placebo es una sustancia sin propiedad farmacológica que los médicos suministran para calmar la ansiedad de un paciente y que algunos definen como mentiras que curan. A partir de los años 60 se convirtieron en pieza clave para medir la eficacia de las drogas reales y sus efectos pudieron ser mejor analizados. Con los primeros estudios los científicos establecieron que un tercio de todos los pacientes, sin importar la enfermedad, mejoraban después de recibir un placebo. Engañando al mal No obstante, investigaciones recientes han mostrado que este porcentaje puede ser mayor. "Encontramos que la efectividad de un placebo puede ser de cero al ciento por ciento", dijo a SEMANA Anne Harrington, científica de la Universidad de Harvard y autora del libro The Placebo Effect. Para la experta el tema es más complejo de lo que los mismos científicos habían imaginado pues su influencia depende de variables que van desde el tipo de enfermedad hasta el contexto cultural del paciente. "No se sabe por qué pero la gente en Alemania tiene mayor tendencia a mejorarse con el efecto placebo que las personas en Estados Unidos", dice Harrington. El tipo de placebo también juega un papel importante. "Un placebo en inyección trae mejores resultados que una pomadita", dice el médico farmacólogo Guillermo Aristizábal. Otro factor que fomenta este proceso es la capacidad de sugestión de un individuo. "Es mucho más importante el acto de suministrar la droga y de tomarla con el convencimiento de que lo va a mejorar que los mismos químicos", dijo a SEMANA Irving Kirsh, profesor de sicología de la Universidad de Connecticut. Este experto adelanta un estudio sobre drogas para tratar la depresión y ha encontrado que el 75 por ciento de la recuperación en esos casos se debe al efecto placebo y no al ingrediente activo de los antidepresivos. Los expertos sospechan que en estos casos el ambiente y la empatía entre el especialista y el paciente desempeñan un papel importante en la recuperación. Investigaciones muestran que pacientes a quienes les dicen "esta droga funciona muy bien" tienen mejores resultados que quienes escuchan "no estamos muy seguros de si esta droga será buena". No en vano el legendario médico español Gregorio Marañón decía que una aspirina recetada por él era mucho más efectiva que una recetada por otro colega. El poder de sugestión puede llevar a una respuesta negativa. Como sucedió con un estudio en Japón con 13 personas alérgicas a la hiedra venenosa. Los directores del estudio les comunicaron que iban a aplicar esta hiedra, pero en realidad les colocaron sobre la piel unas hojas de hiedra inofensiva. Los 13, sin embargo, desarrollaron una irritación en la piel. Los científicos han detectado que el efecto placebo tiene mejores resultados en el tratamiento de la depresión y la mayoría de enfermedades sicosomáticas. Lo mismo sucede con ciertos problemas del corazón, en cuyos casos el resultado está relacionado con la dosis de la medicina. Si el paciente toma más del placebo, la mejoría es mayor. En enfermedades más agresivas, como en cáncer y el sida, sin embargo, aún no hoy evidencia concluyente. Solo existe el caso de un hombre cuyos tumores en la cabeza desaparecieron al tomar una droga que los médicos consideraban altamente efectiva. Pero al enterarse de que era una sustancia falsa sufrió una recaída y los tumores volvieron. Los médicos entonces le inyectaron una dosis más alta de la droga y los tumores volvieron a desaparecer. Y estuvo en perfectas condiciones durante dos meses, hasta que leyó un estudio definitivo en el cual se afirmaba que la droga no servía para nada. El paciente murió la semana siguiente. "Yo pienso que este fue un caso extremo pero que en últimas nos indica lo que la mente es capaz de lograr con la sugestión", dice Harrington. Otros piensan que pudo ser una simple coincidencia. Por fortuna desde aquel caso hasta hoy se ha podido establecer con cierta precisión que nuestras creencias afectan lo que sentimos y que es posible lograr cierto grado de curación con la idea o el deseo de que algo va a ejercer ese poder en el organismo. El gran reto hacia el futuro es entender más el fenómeno. Solo de esta forma se podrá saber a ciencia cierta si el ser humano tiene la capacidad milagrosa para controlar su mente y brindarle al cuerpo la información que necesita para recuperarse de todo tipo de enfermedades. nEn dónde actúanLos expertos afirman que no existe una personalidad que reaccione a los placebos más que otra. Lo cierto es que este fenómeno depende de muchas variables y una de ellas es el tipo de enfermedad. Hay evidencia científica suficiente para afirmar que el efecto placebo es mucho más perceptible en dolencias relacionadas con la depresión. Según el doctor Irving Kirsch, en estos casos los placebos incrementan en un 75 por ciento el efecto de los antidepresivos. Los placebos también son eficientes para aliviar el dolor, en el tratamiento del asma y en desórdenes de ansiedad. Igualmente los científicos han encontrado que una preparación placebo puede estimular o inhibir la reacción de la piel a la hiedra venenosa. Otros estudios señalan que son capaces de actuar como tranquilizantes y estimulantes y que pueden producir cambios en la presión arterial y en el ritmo cardíaco. "Hay buena evidencia de que en cualquier enfermedad relacionada con sensación, estados de ánimos, dolor, los placebos son muy efectivos", explica Kirsch. El poder de la feLos neurosicólogos han tratado de descifrar por qué una persona, con la sola creencia de que va a curarse, puede efectivamente lograrlo. Las más recientes respuestas a este interrogante vienen de las teorías de la expectativa. Estos expertos han encontrado que una de las funciones básicas del cerebro es anticipar lo que va a pasar o sentir un individuo. De esta forma las experiencias son una combinación de la información que llega con lo que ya se ha vivido. Según el doctor Marcel Kinsbourne, un neurocientífico de The New School for Social Research en Nueva York, esto sucede porque el cerebro recibe información en dos direcciones. En una vía van las percepciones del mundo exterior _olores, imágenes visuales, sabores_ y en otra van las ondas en las cuales están grabados los recuerdos y sentimientos. "Lo que finalmente sentimos depende de la intersección entre la información que llega y lo que se espera que la persona experimente", dice el doctor Kirsh. El mundo está lleno de ambigüedades. Si la persona está en un bosque y ve un objeto largo, delgado y marrón lo más probable es que piense que es una culebra y que de inmediato reaccione al peligro. Pero si está en otro contexto es posible que solo vea un pedazo de rama seca y pase el evento inadvertido. En la medicina sucede lo mismo. Si un paciente va a tener dolor debido a un procedimiento médico y piensa que ha tomado una potente droga para calmarlo, esa sola creencia reducirá el sufrimiento. "Si esas dos fuentes de información se juntan, es decir si la expectativa de lo que se va a sentir y la fuerza del estímulo del dolor coinciden, juntas determinan cuán fuerte va a ser ese dolor", agrega Kirsh. Ciertos tipos de placebo generan la producción de endorfinas, unos opiáceos naturales producidos por el cerebro que son capaces de calmar una aflicción. Pero también se puede reducir el dolor mediante un placebo sin necesidad de que el cerebro acuda a estos agentes. Aunque aún no hay evidencias al respecto, algunos científicos igualmente piensan que podría estimularse el sistema inmunológico. Se sabe que el estrés y las emociones negativas debilitan este sistema y si el paciente produce sentimientos positivos es factible que consiga el efecto contrario. Lo que sí está confirmado es que es necesario tener algún objeto externo que construya esa expectativa en la mente. Y no tiene que ser necesariamente una píldora. "También puede ser una danza, un objeto, incluso la fe en Dios, la clave es que sea algo externo que tenga el poder de estimular la mente", dice Anne Harrington. Según explica Ariel Alarcón, ese objeto es simplemente un agente transicional mediante el cual la mente envía un mensaje para que el organismo provoque una respuesta de acuerdo con la situación.Los científicos no desconocen que este tema se mete en el campo de la fe. "Si las convicciones de alguien están más arraigadas en la religión que en la medicina se afectarán más por las oraciones y los rezos que por una pastilla", concluye Kirsh.

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