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| 8/2/2008 12:00:00 AM

Mercado absurdo

La web se ha convertido en el lugar ideal para comprar y vender las cosas más extrañas: calzones usados, uñas cortadas y hasta la virginidad mueven miles de dólares.

SI algo ha enseñado Internet es que cualquier cosa, por loca que parezca, es susceptible de ser vendida, cambiada o subastada. Desde las uñas de un asesino en serie estadounidense hasta el hombre que recibió 11,62 libras esterlinas por su alma son algunas de las transacciones que se pueden ver en la era digital. En los últimos meses, un hombre inglés puso en subasta a su mujer cuando descubrió que le era infiel, y otro más está ofreciendo su cuerpo como pancarta para que tatúen publicidad en él. Eso sin contar a quienes el mes pasado intentaron subastar las cenizas robadas del mítico cantante de Nirvana Kurt Cobain.

La historia de estas negociaciones poco convencionales se remonta al inicio del comercio virtual. En 1998, cuando la recién fundada compañía de subastas eBay -hoy la más importante en esta materia- logró su primera venta, ya se pronosticaba el buen futuro de negociar cosas excéntricas, inútiles o raras. Lo primero que se vendió por este medio fue un apuntador láser que costó poco más de 14 dólares. El único detalle es que estaba dañado. Cuando Pierre Omidyar, fundador de la empresa, se comunicó con el comprador para preguntarle si era consciente de que el aparato no funcionaba, éste le respondió que era un coleccionista de apuntadores láser dañados. Omidyar dice que ese día comprendió el potencial que tenía el negocio.

De ahí en adelante, por eBay y empresas similares ha pasado de todo. Incluso subastas que se mueven en el borde de la ley o son abiertamente ilegales y que han desatado todo tipo de debates. En agosto de 1999, un hombre puso en subasta un riñón listo para ser transplantado. Las pujas sobrepasaron los cinco millones de dólares antes de que eBay interviniera y detuviera el negocio. En 2001, Yahoo Auctions recibió fuertes críticas por permitir la comercialización, por parte de grupos racistas, de artefactos nazis y fascistas, y en Francia fue amenazado con una multa millonaria si no sacaba ese material de su portal.

En enero de 2004, una joven inglesa de 18 años llamada Rosie Reid generó una gran polémica cuando decidió ofrecer su virginidad al mejor postor en eBay. Una deuda de 15.000 libras esterlinas con la Universidad de Bristol le dio la idea a esta joven lesbiana de subastarse a sí misma. A pesar de que muchos calificaron el hecho como prostitución, un ingeniero de 44 años, que pagó 8.400 libras, terminó por ganar la puja, en la que participaron más de 2.000 hombres. Dos meses después, la mujer finalmente le dio gusto a su cliente y le aseguró a la prensa que prefería acostarse con un extraño a tener que vivir años de pobreza por culpa de su deuda.

Situaciones como estas han desembocado en cientos de llamamientos a juicio y multas millonarias para estas empresas, que aún no han podido crear filtros 100 por ciento confiables para bloquear material ilegal.

No hay límites

Kyle MacDonald es un joven canadiense que en 2006 marcó uno hito en la red, ya que a través de simples trueques logró cambiar un clip por una casa. Fue un año de cambalaches en el que pasaron por sus manos un esfero en forma de pez, una chapa artesanal de puerta, un horno, un generador eléctrico, una moto de nieve, una tarde con Alice Cooper, un papel con parlamento en una película y, finalmente, la casa. El experimento fue señalado como una muestra del poder que tiene Internet de ofrecerle a cada quién lo que le interesa.

Nancy Baughman, presidenta de la compañía de subastas eBizAuctions y autora del libro Buy It, Sell it, Make Money (Cómprelo, véndalo, haga dinero), le dijo a SEMANA que "para vender cosas raras es necesario mostrárselas a mucha gente, porque son muy pocos los interesados en ellas. Internet tiene miles de millones de usuarios y por eso este tipo de material se vende muy bien. Además, aunque son negocios más riesgosos, suelen dejar mayor rentabilidad".

Además, el anonimato les permite a los usuarios buscar los objetos que satisfacen sus deseos más reprimidos. Con esa misma premisa, hay gente que ha encontrado en las aberraciones de los demás la mejor forma de lucrarse en la red. Hace unos meses la revista Vice Magazine publicó la historia de Ceara Lynch, una joven de 20 años que dice haber hecho varias decenas de miles de dólares vendiendo todo tipo de cosas sórdidas. Según dice, descubrió que había degenerados en el ciberespacio que pagarían por cualquier cosa que viniera de ella, y sin tener que verlos en persona. Por ejemplo, usa ropa interior un par de días seguidos, se toma fotos con la prenda y luego se las envía a sus ávidos clientes, quienes pagan 100 dólares por cada una. También despacha uñas recortadas, zapatos viejos, medias sudadas, desde su catálogo, que incluye orines y saliva, por no hablar de cosas peores.

Pero no todo son bienes materiales. Con el auge del comercio virtual, hasta el alma se puede vender. En 2002, el inglés Gareth Malham vio un capítulo de Los Simpsons en el que Bart vendía su alma por un dólar, y decidió probar qué pasaría si pusiera la suya en una subasta on line. Se sorprendió cuando alguien le pagó 11,61 libras esterlinas, un poco más de 30.000 pesos. El año pasado, Nicael Holt, una estudiante de filosofía, decidió vender en eBay su identidad, su número telefónico y cinco amantes que pudieron ser y no fueron, por lo que recibió 7.000 dólares. Y este año, el británico Ian Usher saltó a la fama cuando después de una decepción amorosa decidió vender su vida entera, incluidos amigos, la casa que compartía con su esposa, su negocio, su moto acuática y su auto, entre otras cosas. Con los 380.000 dólares que recibió, anunció que reiniciará una nueva existencia. Una que podrá vender por Internet cuando se aburra.
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