Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1988/12/12 00:00

MERCADO DE ILUSIONES

En la lucha contra el envejecimiento, los laboratorios ponen su cuota de "sacrificio".

MERCADO DE ILUSIONES

Al igual que los aeróbicos, la nouvelle cuisine y la informática, la cosmética también ha revolucionado la vida moderna llevando el sofisticado lenguaje de la bioquímica a las gavetas del tocador.
La guerra entre los laboratorios de cosmética está en pleno furor. Retrasar el envejecimiento tantos años como sea posible es un sueño que desvela tanto a las mujeres como a los científicos de la industria cosmética. Y en ello, los 80 pueden considerarse como una década revolucionaria. Después del colágeno y la elastina, hicieron su aparición los liposomas, verdaderas bombas biológicas en la guerra contra las arrugas. Ahora la ofensiva está encaminada a derrotar los llamados "radicales libres". Solamente en Francia, 350 nuevos productos de belleza son lanzados cada año al mercado. Pero, ¿se trata de un mercado de ilusiones?
Dermatólogos, cosmetólogos e investigadores reunidos en Ginebra el pasado mes de septiembre, en el Primer Simposio Internacional de Cosmetología Médica, están dispuestos a demostrar que las patas de gallo y las pieles flácidas son cosas del pasado. Sin duda, se trata de un verdadero combate. El objetivo consiste en regenerar la célula dérmica.
Bajo la consigna de una prolongación no quirúrgica de la juventud, la cosmetología ha lanzado una ofensiva para salvar la piel contra los estragos del paso del tiempo. Y si las pieles han respondido, también lo han hecho los consumidores (solamente en Francia se gastan anualmente 27 mil millones de francos en productos de belleza).
Quien hoy tiene 20 años, cuenta con un verdadero arsenal a su disposición para defenderse en la lucha antiedad y para asegurar su futuro celular. Y, para quienes tienen 40, la última generación de cremas, lociones, emulsiones, sueros y geles, ofrecen células que se renuevan gracias a la acción de agentes químicos.
Para esta lucha que las mujeres inician al llegar a los 30 y que se mantiene activa hasta un poco más allá de los 65, la moderna cosmetología ha creado un nuevo lenguaje. A los términos rebosantes de vitalidad ("larga vida celular", "acelerador de vitalidad", "energía activa", "concentrado vitalizante", "suero vital") de las etiquetas, se suman infinidad de superlativos ("ingredientes multiactivos", "superconcentrados", "hiperhidratantes") que definen esas sustancias que día y noche las mujeres colocan en su rostro.
Esta explosión de la industria cosmética ha llegado a tal punto, que la Food and Drug Administration (la agencia oficial norteamericana) ha hecho un llamado a las grandes firmas americanas para que moderen sus slogans. La publicidad de los productos cosméticos se ha convertido en la difusión de verdaderos tratados de fisiología. Las indicaciones sobre su aplicación semejan -por sus términos- manuales de alta tecnología y los comunicados emanados de los diferentes congresos que se celebran en el mundo hablan de sus últimos descubrimientos de bioquímica cutánea exploración de la piel por computador, exámenes por ultrasonido, etc. El sofisticado lenguaje científico ha invadido las gavetas del tocador.
El concepto "esterapia" -estética más terapia- se abre camino. Las grandes firmas lanzan líneas de productos con nombres como "Prescripción" o "Clinic". Si los aportes de la bioquímica, la inmunología y la electrónica hacen que la piel pierda cada día un poco de su misterio, y gane en productos de cuidado, estos, más que cremas de belleza parecen medicamentos cutáneos.
¿Dónde termina la cosmética y comienza la farmacología? Desde hace un siglo los productos de belleza empujan esta difusa frontera. Ciertos productos comercializados en Europa como cosméticos, están en los Estados Unidos bajo la reglamentación de medicamentos. Entonces, ¿cuál es el verdadero contenido que hay detrás de esa jerga científica y publicitaria?
Las espesas y pesadas cremas que mezclaban la lanolina y la glicerina con cera de abejas y aceite de almendras ya no existen. También han desaparecido las fronteras entre hidratantes, nutritivas, protectoras o estimulantes. Hoy se habla de "principios activos y regeneración celular". La elastina y el colágeno inauguraron una nueva era, la de la citocosmetología. Son las células las que movilizan hoy a los investigadores. Las viejas pieles son bombardeadas con aminoácidos, oligo-elementos y otros explosivos cocteles.
Hasta hace unos años, sin embargo, este bombardeo podía traducirse en productos cargados únicamente de buenas intenciones, porque sus ingredientes se quedaban por el camino, logrando solamente una acción superficial.
El gran avance de la cosmetología data de mediados de los años 80, cuando se descubrió un vehículo capaz de transportar esas "bombas químicas" al centro mismo de las zonas lesionadas: el liposoma. Una microesfera que atraviesa los tejidos hasta llegar a las células más profundas y liberar allí sus principios activos de antienvejecimiento. Es algo así como paso del bombardeo "a ciegas" al misil con un objetivo preciso. Los liposomas penetran en la membrana celular y, por tener su misma composición, se fusionan fácilmente para formar un soporte en las capas de la piel, haciendo que parezca mejor tonificada.
Una gran victoria, pero aún no se daba la batalla final. La lucha tuvo que ser orientada hacia otro enemigo: los radicales libres. Estas sustancias con nombre de partido político, son las causantes directas del envejecimiento. Sus efectos devastadores pueden ser neutralizados por ciertas enzimas. Sin embargo, la edad, el sol, el estrés, el cigarrillo, influyen para que estas defensas naturales no logren cumplir su cometido. Es entonces cuando intervienen las armas químicas: una nueva generación de productos, cuyo objetivo es inhibir la acción de los radicales libres por medio de sustancias desintoxicantes y antioxidantes con altos contenidos de vitaminas C y E.
Dentro de este boom de sustancias hace también su ingreso la vitamina A, que recientemente obtuvo una avalancha de publicidad gracias al descubrimiento de los sorprendentes efectos regeneradores de un producto contra el acné. Mientras los médicos advertían seriamente sobre los desastrosos efectos colaterales de usar un medicamento como producto cosmético, los laboratorios incluían la vitamina A ácida en las nuevas fórmulas antiedad. Hoy es la vedette y fue presentada en el pasado simposio en Ginebra como un poderoso agente de regeneración celular, capaz de prevenir y tratar el envejecimiento.
En esta guerra por obtener la fuente de la juventud una cosa es cierta: a pesar de los avances sorprendentes, el poder de los tratamientos llega exclusivamente hasta el punto de atenuar las arrugas profundas, suavizar la piel y hacer que luzca más luminosa, firme y clara, factores que constribuyen a lograr una apariencia más joven, pero nada puede hacerse contra el envejecimiento genético. Sin embargo, si se puede envejecer a 60 por hora, ¿por qué hacerlo a 100 por hora?
BELLEZA EN JERINGA
Llegar hasta lo más profundo de las arrugas para inyectarle nueva juventud a la piel es un sueño que muchas mujeres han convertido en realidad gracias a una jeringa, según dos comunicaciones emanadas del congreso de Ginebra: la del doctor Bejot sobre el colágeno y la del doctor Baudelot, cirujano, sobre el filling.
En siete años, 500 mil mujeres han recurrido a los implantes de colágeno, de los cuales existen hoy variedades afines. Colágenos de la primera generación, extraídos de la piel de res, el Zyderm americano en fibras y el Koken japonés en solución, que tratan con una duración efímera las arrugas finas y superficiales, le han cedido el paso al Zyplas (Estados Unidos) y al Koken Plus japonés que está en estudio. Esta segunda generación de colágenos actúa sobre las arrugas más profundas con un efecto más duradero. Un efecto estético considerable: el implante rellena las arrugas al mismo tiempo que estimula la secreción natural de colágeno, produciendo un aumento del tejido dérmico. Más que un implante paliativo, el colágeno se ha convertido en una verdadera terapia.
Otra técnica a punta de aguja para el tratamiento de arrugas es el filling o autolipo-injerto, que no presenta problemas de rechazo. El implante es natural y no conlleva riesgo. La succión de la grasa, por la técnica de aspiración, se realiza en las zonas gordas del cuerpo de la paciente, y la inyección se aplica con jeringa en las depresiones cutáneas. Esto permite rellenar la base o los perfiles de la nariz, el contorno de la boca y modelar las mejillas. Es así como las habilidades de un cirujano lo convierten en escultor. Un inconveniente: no es eterno. Del 30 al 70% del efecto desaparecerá en el transcurso de un año. Pero como la grasa se seguirá acumulando donde no debe estar, usted puede hacer esta transferencia infinitamente.

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