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| 7/21/2012 12:00:00 AM

Mi viejo mejor amigo

La evidencia muestra que las mejores amistades se hacen en el colegio y la universidad, y que luego de los 30 años es mucho más difícil establecer vínculos duraderos.

Pablo Martínez tiene más de 130 amigos en Facebook, pero a la hora de contar quiénes son los más importantes una mano le basta para enumerarlos. Él considera que el grupo de sus más íntimos fue el que estableció durante su paso por el colegio en Pereira, su ciudad natal. Aunque apenas se ven cada año desde que se mudó a Bogotá, la amistad ha permanecido intacta. Martínez dice con nostalgia que hoy, a sus 50 años, le es más difícil hacer ese tipo de camaradas, con quienes se cuenta en las buenas y en las malas y se quieren con sus defectos y cualidades. Es una paradoja, porque si bien la gente a su edad es más madura y sabe cómo interactuar mejor con los demás, hay menos tiempo para la amistad. Y los que se acercan lo hacen por intereses profesionales, mas no para profundizar en asuntos personales. "Es un poco triste, pero es lo que sucede en esta sociedad utilitaria", admite.

Su impresión no es única. Los psicólogos observan que luego de los 30 años, las personas tienen menos oportunidades de hacer amigos como los que se cultivan durante la etapa de colegio o la universidad. No es que la gente se vuelva asocial con los años. Lo que sucede es que para lograr este tipo de vínculos íntimos se necesita tener cercanía, encuentros repetidos y compartir experiencias, lo que requiere tiempo. Y este elemento es el que más escasea entre los adultos.

El obstáculo más evidente para encontrar amigos después de los 30 es casarse y tener hijos. Según la psicóloga Ximena Sanz de Santamaría, las personas casadas empiezan a confiarle más a su pareja sus intimidades y cuando llegan los hijos, ellos les consumen las 24 horas. Así, los solteros tienen una desconexión con sus amigos que ya son padres y viceversa.

William Deresiewicz, un autor norteamericano que ha escrito sobre el tema, explica que en la juventud se hacen los mejores amigos porque la amistad se basa en compartir experiencias y en ese momento los individuos están en la mitad de dos mundos, sin ataduras, tratando de salir de la familia en la que crecieron y preparándose para formar una nueva con una futura pareja. "Están siempre viviendo juntos momentos significativos", señaló a esta revista.

Además, como lo explica la psicóloga María Elena López, la gente a esta edad está en el colegio o en la universidad, que son espacios sociales por excelencia. Se puede conocer gente en la clase, en la biblioteca, en la cafetería o en el gimnasio. A esto se suma que las experiencias que se viven allí marcan a la gente, sobre todo cuando comparten un apartamento, pues eso les da la posibilidad de conocerse mutuamente. Carolina, una profesional de 30 años que durante su maestría hizo amistad con dos compañeras, dice que los lazos que se tejen en ese momento son vitales para sobrevivir esa etapa. "Esto hace que se dé un cariño muy especial que nunca se olvida, a pesar de que cada uno tome diferentes rumbos", dice.

Y en efecto, después del grado las cosas empiezan a ser más difíciles. La gente madura se vuelve más selectiva, lo que acorta el número de potenciales amigos. Además, mientras de niños las personas hacen amigos fácilmente, de grandes el miedo al rechazo los inhibe. "La gente asume erróneamente que todos ya tienen sus amigos y que es tarde para establecer nuevas amistades y dejan de intentarlo", dice Irene Levine, profesora de psiquiatría de New York University.

Aunque en el sitio de trabajo se dan interacciones que pueden parecer amistades sólidas, en realidad son amigos pasajeros con quienes es difícil encontrar el mismo nivel de intimidad. Como dice Gloria Avellaneda, una abogada de 26 años: "No se le pueden contar las intimidades a los colegas, pues podría ser usado en contra en un ambiente tan competitivo como el de la oficina".

A estos amigos que aparecen en determinadas circunstancias de la vida se les llama situacionales, porque si bien con ellos se comparten ciertos intereses y se les ve a diario, no alcanzan a tener el mismo nivel de intensidad e intimidad de los llamados mejores amigos. Así es como algunos terminan con un grupo para hacer deportes, otro para salir de noche y otro para discutir asuntos de trabajo.

Y aunque es posible que estos conocidos pasen de ser situacionales a mejores amigos, estas relaciones se afectan por variables que a veces no dependen de los involucrados en la relación. El dinero y el estatus, por ejemplo, juegan un papel importante, pues la cercanía o lejanía de estas amistades se afecta si uno de ellos se empobrece o le va muy bien económicamente. Algo parecido sucede cuando la amistad se hace con los papás de los amigos de los hijos. En estos casos la relación de los adultos depende directamente de las fases de apego y crisis que se den en la relación de los pequeños.

El divorcio también deja en ceros a muchos en términos de amistad. Otros factores que tienen el potencial de dañarlas son los traslados de ciudad o país, la muerte de la pareja o la jubilación. Marla Paul, autora del libro The Friendship Crisis, los llama los 'ladrones de amistad'.

Y cuando hay buenos prospectos, para algunos conseguir que la amistad funcione es tan complejo como conseguir novio. "Peor, porque al final no vas a tener sexo", escribe Kara Baskin en su blog del Boston Globe. "Pero es igual en todo lo demás: uno quiere dejar una buena impresión, pero no sabe qué hacer después de tener un momento especial con una potencial amiga: ¿esperar tres días para hacer planes?, ¿enviar un 'email'? o preguntarle ¿quieres ser mi amiga?", se cuestiona.

Estas dificultades solo son superadas por el proceso de hacer amigos en pareja, lo que representa un reto mayor porque los cuatro individuos involucrados deben ser compatibles entre sí. Claudia y José vivieron esto con un matrimonio de extranjeros que apareció en sus vidas. "Salimos un par de veces y sin saber por qué dejamos de vernos". César, un politólogo de 30 años, optó por una medida más realista y decidió no seguir invitando a las mujeres de sus amigos a las tertulias que hace cada mes con ellos. "Algunas de ellas les parecían aburridas a los demás y viceversa".

Para los expertos todo esto es una lástima pues la ciencia ha demostrado que los amigos son cruciales en la vida. En especial, dice López, cuando los hijos se van y la pareja vuelve a estar sola, los amigos vuelven a cobrar una importancia enorme. Howard S. Friedman y Leslie R. Martin, en el libro Longevity Project, observaron que para llegar a la vejez en forma es indispensable cultivar buenas relaciones con los demás. También se ha visto que la viudez es más llevadera cuando se cuenta con amigos.

Por eso, muchos psicólogos creen que la gente debe hacer el esfuerzo de sacar tiempo para estrechar lazos con sus allegados, a pesar de sus responsabilidades. Para lograrlo hay que romper ciertos mitos. Uno de ellos es, precisamente, el de la dificultad de hacer nuevas amistades después de los 30. El otro es creer que los amigos más especiales son los que se hacen en kínder. "Tiene que haber cierto gusto por el otro, pero no necesariamente tienen que ser los mejores amigos. Con el hecho de que compartan la compañía del otro y una que otra actividad es suficiente", señala Jan Yager, autora del libro When Friendship Hurts.

Por último, hay que dejar de creer que solo son importantes los que son íntimos. Algunos, como los que se establecen en la oficina y caen en la categoría de situacionales, también son claves para sobrevivir en medio de las dificultades del ambiente laboral o de la vida, aunque a ellos nunca se les revelen los más íntimos secretos.
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